La bolsa o la vida

La frase del título es la célebre amenaza del ratero de caricatura: o cumples mi deseo o te llega un balazo. En su versión contemporánea, es el presidente de la Bolsa quien alardea de tener la pistola y con ella el chantaje: o Piñera o el caos.

«Si no saliera elegido Piñera, la probabilidad que tengamos un colapso en el precio de las acciones es alta», descerrajó Juan Ignacio Camus, junto con otros disparos políticos. En uno, es capaz de revelar la verdad sobre el presente: si la Bolsa ha subido con velocidad de vértigo este año, «no es porque el gobierno haya hecho bien la pega».  La verdad es -tiene que ser- otra: «Las bolsas de toda la región han estado mejor, han aumentado los flujos internacionales y hay un montón de cosas antes como para llegar a interpretar que es resultado de su gestión» (vea aquí esas declaraciones).

(Por cierto, en abril de 2015, cuando la Bolsa se veía deprimida, la explicación era harto más simple: el gobierno de Bachelet.  «Todos estos cambios políticos y reformas ahuyentan a los inversores en acciones», decía Camus entonces).

En el otro, tiene la bola de cristal para anticipar el futuro. ¿Seguirá subiendo el IPSA? «Va a depender de cómo sigan las proyecciones de los resultados de las elecciones», dice Camus. «Todavía siguen siendo bastante favorables para el Presidente Piñera (…)Mientras eso siga así, vamos a tener un mercado más bien boyante que deprimido».

La vida es simple. Piñera significa «un mercado boyante». Bachelet no, por ningún motivo (antes hay «un montón de cosas»). Guillier o Sánchez son «un colapso».

Por supuesto, Camus es un ciudadano que respalda con entusiasmo a la derecha. Fue uno de los fundadores del MUN, partido madre de RN y la UDI. Y, este año, donó el máximo legal de $13.159.955 a la campaña de Piñera. Todo ello es perfectamente legítimo y respetable.

Pero su predicción de colapso no la hizo en su rol de adherente y financista de un candidato, sino como presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, tras inaugurar en rueda bursátil capitalina la World Investor Week.

El incidente es gravísimo por dos elementos que Camus conoce de sobra.

El primero, es que un colapso de la bolsa significa un colapso de los fondos de pensiones. Cerca del 60% de la inversión de las AFP en renta variable se hace en Chile. En el caso del Fondo A (hasta 80% de inversión en renta variable), eso significa que casi la mitad de los ahorros se juegan en el mercado nacional.

Y, según la visión de Camus, los amenazados con un colapso de sus jubilaciones son los mismos que deben resolver si este se produce o no, decidiendo si votan por Piñera o por otro candidato.

Quienes no adhieran a Piñera, ahora deben optar en su doble rol de ahorrantes forzosos del sistema de AFP, y ciudadanos de una República.

La bolsa o la vida.

El segundo factor, es que los mercados funcionan con profecías autocumplidas. Da los mismo si el análisis de Camus es o no certero (si el solo resultado de una elección es en verdad capaz de causar un colapso). Lo importante es que esa posibilidad sea creída por el mercado. Si Piñera pierde y los accionistas creen que el colapso se va a producir, se apresurarán a vender para anticiparse a la caída, y el efecto dominó resultante causará de todas maneras un crack bursátil.

Basta que el grito de Pedrito sea creído por los aldeanos, para que todos se abalancen al campo de pastoreo con hachas y escopetas. ¿Estaba realmente el lobo allí? En los cracks bursátiles, jamás lo sabremos.

Precisamente por este factor de la profecía autocumplida, es inaudito que el presidente de una Bolsa de Comercio prediga un colapso ante la eventualidad de un acontecimiento político. Es una irresponsabilidad demasiado grande. Y una que choca frontalmente con el Código de Buenas Prácticas Corporativas de la Bolsa de Santiago, que se impone el deber de actuar «comunicando la información en forma prudente, responsable y oportuna».

Tampoco hay espacio para gustitos personales. El código también especifica que los directores de la Bolsa «no podrán (…) usar de su cargo para obtener ventajas indebidas para sí o para terceros relacionados en perjuicio del interés social».

Ahora bien, ¿no es obvio lo que dice Camus? ¿No es de sentido común pensar que el mercado prospera con un gobierno como el de Piñera, y sufre en uno como el de Bachelet?

Lamentablemente, no tenemos una bola de cristal como la de Camus para predecir el futuro. Pero sí podemos recodar qué nos dice el pasado.

El 11 de marzo de 2006, cuando Michelle Bachelet asumió por primera vez la Presidencia de la República, el IPSA estaba en 2.123 puntos. Cuatro años más tarde, cuando entregó el poder a Sebastián Piñera, había llegado a 3.813 puntos.

En sus cuatro años de gestión, la bolsa subió 79,6%, pese a que el mundo sufrió la crisis subprimede 2008.

Piñera, decíamos, asumió en 2010, con el IPSA en 3.813 puntos. Cuatro años después, cuando devolvió La Moneda a Bachelet, el índice de precios estaba en 3.659 puntos.

Así es. Durante el cuatrienio de Piñera, la bolsa bajó 4,04%.

¿Y Bachelet II? Al 6 de octubre de 2017, el IPSA está en 5.485 puntos. A cinco meses del fin de su administración, la bolsa ha subido 49,9%.

¿Cuánto hay de sentido común, cuánto de realidad, cuánto de ideología, cuánto de preferencias políticas, cuánto de conflicto de interés, en predecir un colapso bursátil si Piñera no gana?

No lo sabemos, como no sabemos si el ratero de la caricatura está realmente dispuesto a apretar el gatillo.

Lo que sí sabemos es que esa sola amenaza ya es inaceptable.