La Humanidad debe cambiar el modelo económico si quiere sobrevivir

Nada de lo que ocurra en la política, la economía, las artes o el deporte es más importante que el informe publicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la Organización de Naciones Unidas. La conclusión es categórica: ya no queda tiempo. La frivolidad de la especie humana no tiene más margen de maniobra y debe tomar medidas ahora para frenar los efectos catastróficos del calentamiento global. El reporte, incluso, corrige el Acuerdo de París y afirma que el aumento máximo debe ser de 1,5° durante este siglo, en vez de los 2°C.

En apenas 22 años, para 2040, podrían apreciarse cambios significativos en la agudización de incendios forestales, episodios de sequía extrema, lluvias torrenciales y otros desastres naturales, todos los cuales afectarán a la agricultura, amenazarán la vida humana o al menos podrían provocar hambrunas o desplazamientos masivos de personas, todos fenómenos que, aunque de modo incipiente, ya se aprecian hoy.

Estamos hablando, ni más ni menos, de la supervivencia de la especie humana, y sin embargo sus grandes líderes propugnan poner el pie en el acelerador en línea directa hacia el precipicio. Donald Trump ha retirado a Estados Unidos del Acuerdo de París y China se ha resistido a tomar medidas respecto a su contaminación, mientras los economistas, presidentes y analistas siguen usando el crecimiento como la medida de valoración de la suerte de los países. Hasta el señor Jair Bolsonaro, de extraordinaria habilidad para concentrar males, ha dicho que retirará a Brasil, el país donde está ese pulmón planetario llamado Amazonía, del Acuerdo de Cambio Climático.

Éste es el problema más serio y urgente de la Humanidad hoy. Para acometerlo es imprescindible saber cuál es su causa: un metabolismo de las economías demasiado grande en comparación a lo que la biosfera puede regenerar. Estudios vinculados a quienes trabajan el concepto de “huella ecológica” sostienen que en la actualidad se ocupan los recursos del planeta un 50 por ciento más que lo que se renueva. Entonces, en un año calendario, hemos consumido en agosto lo que se puede reproducir en un año. Estamos en un sobreuso y el uso de las energías fósiles es un componente sustantivo del problema.

Es por eso los científicos redactores del informe de la ONU afrman que se debe disminuir el consumo mundial de carbón en dos tercios para 2030 debe bajar en dos tercios y casi eliminarse en 2050. También debe reducirse el uso de petróleo y gas a la mitad y en un tercio, respectivamente. Además, las energías renovables deberían aportar el 60 por ciento de la electricidad mundial.

Estas políticas podrían implementarse con mucha más rapidez si no implicaran afectar poderosísimos intereses económicos y al corazón del actual modelo, radicalizado con la proliferación de tratados de libre comercio por todo el mundo, tendencia en la cual Chile juega un rol protagónico. Al respecto, la periodista e investigadora canadiense Naomi Klein afirma en su libro Esto cambia todo, que hay un claro vínculo entre el capitalismo y el cambio climático. En su opinión, “si tienes un modelo económico basado en el crecimiento, te va a empujar hacia una relación extractiva con la Tierra, que trata los recursos del planeta como si fueran infinitos, y vas a tener un conflicto esencial. El neoliberalismo ha acelerado el problema de esta manera: con la fase de la globalización introducida mediante los acuerdos comerciales, con la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y con la liberación del capital para que pueda buscar la mano de obra más barata y evitar regulaciones que interfieran con las ganancias. El resultado es que producimos mucho más, y de una forma muy, muy derrochadora”. Esa lógica, ese paradigma, es el centro del problema si queremos hablar en serio de evitar el cataclismo de la especie humana.

No hay tiempo. No hay más tiempo. El cuento de Pedrito y el Lobo es de lo que estamos hablando: la humanidad inconsciente no se da cuenta que está labrando su propia extinción, a pesar de las advertencias de la comunidad científica. Esto, curiosamente, no aparece en los diarios de hoy, aunque sí nos informa que un arquero de fútbol se fracturó un dedo.