Ley de Etiquetado bajo amenaza

La Ley de Etiquetado y Publicidad de Alimentos entró en su segunda etapa de implementación el 26 de junio. La segunda etapa establece límites más estrictos, dejando más productos con sellos de advertencia.

Ante esto, la industria alimentaria nacional y transnacional ha desplegado un lobby feroz, criticando que el etiquetado es “confuso” y abogando porque los límites sean definidos en función de porciones y no por 100 gramos como se establece ahora.


La industria alimentaria transnacional ha argumentado que el impacto no ha sido evaluado y que no ha logrado disminuir los niveles de obesidad. Ambos argumentos son falsos.

El pecado original de la disputa es la inclusión de la implementación gradual de la ley. En vez de comenzar con los límites recomendados por la Comisión de Expertos conformada por el Ministerio de Salud. El gobierno de la Presidenta Bachelet, cediendo a las presiones de la propia industria, decidió implementar la ley en tres etapas, comenzando con los límites de nutrientes que la industria definió. A raíz de ello, se consideró “saludable” que un alimento sólido tuviera menos de 22.5% de azúcar y 800 mg de sodio. Niveles altísimos. Progresivamente nos acercamos a límites razonables, basados en evidencia científica.

¿Por qué la industria alimentaria resiste tanto esta segunda etapa de la Ley de Etiquetado? Dos razones. Primero, porque progresivamente nos acercamos a límites donde no es posible la reformulación. Hasta ahora, la industria ha logrado bajar los niveles de sal y reemplazar el azúcar por edulcorantes artificiales. Pero esto se vuelve progresivamente más complejo. La verdad es que pronto se hará evidente que hay categorías de productos que simplemente no pueden no tener sellos. Bajo ningún criterio nutricional podrían ser considerados saludables. Segundo, porque el etiquetado frontal está prendiendo como pasto seco por América Latina. Comenzó Ecuador, luego Chile, hace algunas semanas se sumó Perú con un clon de la ley chilena (incluida la gradualidad y los límites). La industria teme que otros países lo sigan.

La industria alimentaria transnacional ha argumentado que el impacto no ha sido evaluado y que no ha logrado disminuir los niveles de obesidad. Ambos argumentos son falsos.

Un estudio de Araya et al analizó el impacto en las ventas de cuatro productos: chocolates, galletas, jugos y cereales. Los resultados mostraron una reducción de las ventas de jugos y cereales posterior a la implementación de la ley (1). En colegios, nuestros estudios en Santiago muestran que los productos a la venta con sello disminuyeron de 90% a 15%. Finalmente, la misma industria reporta que se han reformulado más de 1.500 productos, disminuyendo sus niveles de azúcar y sodio fundamentalmente (2). Es evidente que tanto desde la oferta como de la demanda han existido efectos de la implementación de la ley.

En cuanto a la reducción de la obesidad, los resultados del Mapa Nutricional de Junaeb muestran que, por primera vez en 20 años, los niveles de obesidad y sobrepeso disminuyeron 2,6 y 2,8% en niños de prekinder y kinder (3). Son resultados preliminares que deben ser corroborados de manera independiente, pero apuntan a que el conjunto de medidas para reducir la obesidad en Chile comienza a tener impacto.

La industria propone el uso de porciones y no 100 gramos para definir qué alimentos llevan sellos. El objetivo real es disminuir la cantidad de productos con sellos, ya que es la misma industria la que define el tamaño de la porción. En muchos casos, la industria etiqueta porciones pequeñas, que no representan el consumo real de la población. Las galletas de Avena Quaker definen una porción como 2 galletas, pero las galletas Nik definen 7 galletas como porción. La porción estándar es un constructo complejo de definir y varía según distintas edades y requerimientos.

En cambio, la comparación por 100 gramos es directa y no permite ser manipulado. La composición nutricional no varía según la porción. Una, dos, tres o un paquete de galletas tienen exactamente la misma composición nutricional (4). La gran ventaja es la facilidad para comparar dos productos al momento de la compra. Un consumidor interesado podrá así elegir entre dos productos con diferente composición nutricional.

No olvidemos que la misión de la industria alimentaria transnacional es maximizar sus ganancias para sus acreedores. No es la salud pública. Para ello, resisten y entorpecen la regulación de manera directa, ejerciendo lobby a funcionarios públicos y a través de los medios de comunicación. También permean instituciones públicas para lograr que líderes de opinión repliquen sus argumentos de manera supuestamente independiente (5).

La Ley de Etiquetado está bajo amenaza. Esperemos que el Ministerio de Salud esté a la altura de las circunstancias y logre anteponer la salud de la población a los intereses comerciales de la industria alimentaria.

Referencias

  1. Araya, Sebastian and Elberg, Andres and Noton, Carlos and Schwartz, Daniel, Identifying Food Labeling Effects on Consumer Behavior (June 13, 2018). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=
  2. Vásquez Duque, Omar, The Non-Trivial Regulation of Nutrition Labels: An Exploratory Analysis of the Chilean Experience (February 8, 2018). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3120696or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3120696
  3. https://www.cnnchile.com/pais/mapa-nutricional-determino-que-disminuyo-la-obesidad-en-ninos-menores-de-7-anos_20180307/
  4. Lobstein T, Davies S. Defining and labelling ‘healthy’ and ‘unhealthy’ food. Public health nutrition. 2009;12(3):331-40.
  5. Peña S, Cuadrado C, Castillo C, Valenzuela M. Food industry permeating public institutions: the case of the Chilean Institute of Food and Technology. En Public health and the food and drinks industry: The governance and ethics of interaction. Lessons from research, policy and practice. UK Health Forum