Un simple análisis de sangre detecta la proteína del alzhéimer

Investigadores de Japón y Australia han desarrollado un análisis de sangre que permite identificar a las personas que tienen altos niveles de una proteína asociada con la enfermedad de Alzheimer. Si estudios posteriores lo corroboran, el nuevo método podría acelerar la ansiada búsqueda de terapias para detener la progresión de esta demencia, que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo.

El método permite identificar a las personas cuyo cerebro tiene altos niveles de amiloide beta, una proteína esencial en el alzhéimer que puede causar demencia o ser un síntoma de la patología. Los investigadores esperan que los creadores de fármacos puedan usar la prueba para reclutar a personas con demencia en ensayos clínicos antes de que se produzca un daño irreversible en su cerebro.

El equipo de Katsuhiko Yanagisawa, investigador del Centro para el Desarrollo de Medicina Avanzada para la Demencia de Obu, Japón, desarrolló el prototipo del análisis y publicó sus resultados en la revista Nature el 31 de enero (en línea).

En los últimos 15 años, científicos de todo el mundo han estado buscando un análisis de sangre simple para detectar la demencia. «Al principio no era obvio que sería posible medir la patología cerebral en la sangre, pero nos hemos acercado cada vez más», explica Simon Lovestone, investigador de la Universidad de Oxford que ha dirigido otros estudios para encontrar biomarcadores sanguíneos para la enfermedad de Alzheimer. «Este estudio proporciona los mejores resultados que he visto hasta ahora», añade.

Alta tasa de fracasos en el diseño de medicamentos

Todos los medicamentos que se han creado para detener la enfermedad de Alzheimer han fracasado en los ensayos clínicos hasta el momento, y muchas farmacéuticas han abandonado el campo. Los científicos sospechan que el diseño de tales ensayos podría ser la raíz del problema, más que los medicamentos que se han testado. Hasta ahora, no ha habido una manera fiable de identificar a las personas con las primeras etapas de la demencia, por lo que la mayoría de los ensayos clínicos han reclutado pacientes cuyos síntomas clínicos ya son evidentes. En este punto, el daño cerebral asociado con la proteína amiloide beta ya ha ocurrido y puede que sea demasiado tarde para revertirlo, advierte Yanagisawa.

Hasta la fecha, la única forma de identificar la proteína amiloide beta en el cerebro —salvo con una autopsia— ha sido obteniendo imágenes del cerebro mediante una tomografía de emisión de positrones o midiendo los niveles de la proteína directamente en el líquido cefalorraquídeo de la médula espinal. Ambos procedimientos se han utilizado para ayudar a reclutar pacientes en ensayos recientes, pero las pruebas son caras e incómodas para los participantes.

Para medir los niveles de varios fragmentos del péptido amiloide beta en muestras de sangre, así como un fragmento de una proteína mayor de la que deriva este, Yanagisawa y sus colaboradores combinaron dos técnicas: la inmunoprecipitación y la espectroscopía de masas. Sus resultados coincidieron con los obtenidos a través de imágenes cerebrales y el análisis del fluido de la médula espinal en dos cohortes formadas por 121 personas en Japón y otras 252 en Australia. Cada grupo incluyó individuos con edades comprendidas entre 60 y 90 años. Algunos de los participantes estaban sanos; otros mostraban deterioro leve en sus habilidades cognitivas; y algunos tenían la enfermedad de Alzheimer.

Los autores apuntan que con el fin de confirmar el nivel de precisión de su método para identificar los altos niveles de amiloide beta en cerebros humanos se necesita realizar más estudios, con un número mayor de participantes y a más largo plazo. De constatarse su exactitud, la prueba podría ayudar a realizar ensayos clínicos, dado que es relativamente fácil y barata de hacer.

Fuente: Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group