¿A quién felicito por el prestigio de un colegio particular?

educarrrEstamos dentro de un mundo dirigido por una cultura mercantilista donde la educación es vista como un objeto de consumo. El negocio determina lo que es fin y lo que es medio. En ese contexto los colegios ya no son comunidades en las que el pertenecer viene dado por ser parte de un barrio, de una comunidad, o por profesar una u otra religión. El pertenecer tiene que ver con ajustarse a ciertos estándares del mercado, donde nadie “es parte de”, pero todos podemos “ser parte, si…”.

Este nuevo “pertenecer” ocurre en la medida que uno se ajuste al modelo de negocio imperante, que en la mayor parte de los colegios particulares se compone de dos claves: que los padres puedan pagar la matrícula y que el niño contribuya (con su capital cultural, conducta y esfuerzo) al prestigio de la institución.

Bajo esta lógica, el prestigio de un colegio queda determinado por su capacidad de captar la mejor clientela (padres que pagan y niños que rinden). Para eso, la apuesta “educativa” no pasa por invertir en mejorar la calidad de la educación, sino en invertir en publicidad y mecanismos de selección. La lógica base es: sale más barato publicitar el colegio, atraer más gente, seleccionar a los mejores y formar una masa homogénea, que recibirlos a todos y formar cursos diversos, haciéndose cargo de alumnos con problemas, que restan prestigio y son más costosos.

De este modo se consigue tener mejores resultados que otros colegios. Y con mejores resultados, aumentan el prestigio; y con más prestigio, aumentan la demanda; y con más demanda, “mejora” la selección, lo que permite expulsar y reemplazar a cualquier alumno que no se ajuste al estándar, sin poner en riesgo la razón de ser de ese establecimiento: el negocio.

Con este método muchos padres preocupados por la educación de sus hijos se esforzarán para que sus pequeños entren a estos colegios. Una vez dentro, se esforzarán para que se mantengan, y luego se esforzarán para que les vaya bien en la PSU, y así consigan entrar a una prestigiosa universidad. Y para que entren, para que se mantengan, y para que tengan buenos resultados, los padres buscarán todos los apoyos posibles: psicopedagoga, psicólogo, neurólogo, nutricionista, fonoaudiólogo, profesores de distintas áreas, terapeutas florales, preuniversitarios, etc. De este modo lograrán, en la mayoría de los casos, la aceptación del colegio, que sus hijos alcancen sus metas, que el colegio (sin invertir ningún peso) mantenga su prestigio, y que haya más familias que quieran ser parte de estos establecimientos “VIP”.

Posteriormente, en los rankings de colegios, aparecerá este tipo de establecimiento liderando los primeros puestos, superando ampliamente a aquellos otros que recibieron a los alumnos que no tenían los recursos para pagar la matrícula o a quienes recibieron al “niño problema”. Son incapaces de formar a muchos de sus brillantes alumnos, que sólo destacan gracias al esfuerzo realizado por sus padres y el apoyo de especialistas que, recordemos, son pagados por los apoderados.

Felipe Del Real
Psicólogo, Magíster en Gestión Educacional
Maulino por opción
Padre de 3 pequeños