Chile: Ni un puto peso para los pobres y millones para las grandes empresas

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valdes_haciendaDefinitivamente, Chile es el equivalente a “Tontilandia”, (vocablo inventado por el gran periodista Genaro Prieto). Un día, el gerente de CODELCO, Nelson Pizarro, empleando el lenguaje común de los mineros, declara que ya “no hay ni un puto peso”, y todos los “tontilandeses” nos creemos este cuento de terror.

Ahora, el ministro de Hacienda está feliz porque no tiene que firmar ningún cheque a favor de los trabajadores: nada de reajustes, nada de aguinaldos patrios, nada de aumento de pensiones, ni siquiera existe un pingue presupuesto para cumplir la promesa de la Presidenta de la República para trasladar a los criminales y genocidas desde Punta Peuco a las cárceles comunes.

Según Rodrigo Valdés, ministro del ramo, estamos igual que en 1931 cuando el ministro de Hacienda de la época, Bartolomé Blanche, declaró que sólo había ratones en la caja fiscal y que, por consiguiente, había que reducir los sueldos de empleados fiscales a la mitad y, además, dejar de pagar, durante seis meses los destinados a las Fuerzas Armadas. La repercusión de estas declaraciones se tradujo en la rebelión de los marineros (1931), y el triunfo de la República Socialista de Socialista de los 12 días, dirigida por Matte y Grove.

Afortunadamente, la amenaza de que no hay un solo peso en las arcas fiscales es un cuento para engañar, una vez más, a los “tontilandeses”: Chile no está en recesión, ni siquiera tiene crecimiento negativo en ningún semestre – recordemos que son necesarios doce meses continuos de crecimiento negativo para declarar la recesión de un país -, pues durante el presente año creceremos el 1,7%, según proyecciones del Banco Central, y una inflación cercana al 4%, y puede ser un promedio de 5% si se considera la canasta de los pobres; nada que ver con Brasil, por ejemplo, con un 8% negativo e inflación superior a dos dígitos.

Por otra parte, Chile tiene un “chanchito” guardado en bonos del tesoro norteamericano, que paga un interés cercano a 0%, pero que, de seguro, va a subir si la Reserva Federal decide aumentar dicha tasa. Si bien el alto precio del dólar perjudica al peso chileno, por otro lado, aumenta el valor de lo guardado en el chanchito. Entiendo mínimamente la jerigonza de los economistas, pero no me cabe en la cabeza por qué  el gobierno no invierte lo ahorrado en bonos de tasa de interés un poco más conveniente.

La ortodoxia neoliberal del ministro Valdés no puede ser más necia: es evidente que, en situaciones como la presente, lo que hay que hacer es aplicar políticas económicas anticíclicas que logren reanimar la economía, (confieso que extraño al ministro anterior, Alberto Arenas).

El Informe último del PNUD (2015), prueba que la visión catastrofista no es más que una invención ideológica tanto  de las castas en el poder, como la de sus tenores Luksic y Lagos, es decir, otro camelo para engañar a este ingenuo pueblo.

Hoy, toda esta historia de miseria del erario público de la escasez de “putos pesos” se cayó por su propio peso: a las grandes empresas les ha ido mejor que nunca, por ejemplo, el top ten entre ellas ha tenido rentabilidad hasta de un 50%, un 10% más que las AFPs y las ISAPRES. Entre las empresas que más ganancias han tenido durante el año se encuentra el Banco de Chile, es decir, que Luksic es cada vez más rico; Cencosud, de Horst Paulmann; las eléctricas Endesa y Colbún, además de las empresas del grupo Matte, a pesar de la colusión.

Ser miserable en “Tontilandia”, país donde unos pocos ricos pueden delinquir a su gusto, por ejemplo, al comprar parlamentarios, ministros y subsecretarios de Estado,  frente a una gran masa de pobres, condenados a salarios de miseria, y a niños y viejos abandonados por el Estado.

Como en 1910, primer Centenario de la Independencia, (aunque históricamente esta fecha no corresponde, pues la verdadera independencia fue después de la batalla de Maipú, 1818), los ricos “mercuriales” celebrarán sus éxitos económicos confundiéndoles con los de la patria, y los pobres, a pura empanada y chicha chimba, a pasar las penas, y listos para el próximo engaño.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

15/09/2016