Ciudadanos v/s abogados: la lucha por los nombres de dominio

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david-700x364Esta semana he vuelto a ver un par de casos de prácticas abusivas en el ámbito de los nombres de dominio en Internet que afectan a personas jurídicamente desprotegidas, lo que me lleva a plantearles un asunto simple y de común ocurrencia: un hijo de vecino cualquiera, como usted o como yo, inscribe un nombre dominio para alguna actividad de su interés, como hipotéticamente sería perro.cl, y de pronto se entera que a una gran empresa (los dueños de Master Dog u otra del rubro, por ejemplo) le ha bajado un súbito amor por ese mismo dominio y para obtenerlo actúa representada por algún imponente estudio de abogados.


Cuando el arbitraje efectivamente llega a producirse, ¿sabe qué argumentará la empresa? Que nuestro “héroe” es vil y malvado y que pretende aprovecharse del buen nombre, el prestigio y fama que tanto le ha costado formarse, y que, además, tiene registros marcarios para el signo “perro” en la clase tanto, que la protegen, la amparan y le dan privilegios por sobre toda la humanidad.

Y ahí tenemos a nuestro “protagonista”, que sólo ha pedido un nombre de dominio para publicar fotografías de su mascota y que de repente ve cómo se le viene un juicio encima, con notificaciones, abogados de ceño adusto, lenguaje incomprensible y parafernalia jurídica variopinta. Más encima, algunos de esos abogados tienen prácticas reñidas con la ética: no es poco usual que viertan, por teléfono, amenazas de cárcel invocando delitos contra la propiedad industrial y el derecho marcario, y que en realidad son patrañas para atemorizar, con todo éxito, a las personas ¡e incluso a sindicatos y asociaciones!

Entonces, a nuestro “protagonista” le baja el pánico y abandona sus legítimas pretensiones e intereses. Y ahí, precisamente en ese instante, perdemos todos: la información, productos, servicios, ocio, las fotos deBobby o lo que fuera que pretendía construir, ya no serán conocidos por los demás y una comprensible frustración se hará presente. Es una ventana de expresión que se cierra.

¿Qué es lo que ha pasado?
En realidad, usualmente la gran empresa no tiene idea de nada, pero le ha encargado a un estudio de abogados que proteja sus derechos. El estudio de abogados tiene a una persona revisando el sitio del registrador de nombres de dominio (NIC Chile) y apenas ve algo que se parece remotamente a la denominación de la empresa o los productos y servicios que representa, pide la revocación de la asignación del nombre y, en paralelo, va donde su cliente y le cuenta que existe este “grave problema”, y que si no quiere verse seriamente perjudicada en sus ventas e imagen comercial, debe financiarle las gestiones futuras. Y, lamentablemente, muchas de estas grandes empresas caen en este juego y se ven arrastradas a litigios sobre cuestiones que, la verdad sea dicha, nunca les afectarán.

Pero el éxito de nuestro “hijo de vecino”, que elevaremos a la categoría de “héroe” si resiste la presión, está asegurado con estas sencillas reglas:

  1. Tenga presente que nuestro “héroe” tiene un derecho preferente por haber inscrito el dominio primero y que, en cualquier caso, NO PAGA los costos del juicio arbitral correspondiente y que, además, puede actuar personalmente en el mismo, esto es, sin necesidad de abogado.
  2. Nuestro “héroe” NUNCA debe intentar vender el nombre de dominio, salvo que previamente y por escrito le hagan un ofrecimiento de compra, pues una trampa usual a la que intentarán arrastrarlo será el simular interés en comprar, pedirle con toda la amabilidad del mundo que les envíe una oferta por correo electrónico y luego tomarán esa oferta al juez árbitro para acusarle de ser un especulador y sinvergüenza, alegando su mala fe, con lo que aseguran el descrédito y la derrota.
  3. No debe dejarse sin construir el sitio que está “peleando”, pues el juez-árbitro examina si efectivamente se usa el nombre de dominio.

Cuando el arbitraje efectivamente llega a producirse, ¿sabe qué argumentará la empresa? Que nuestro “héroe” es vil y malvado y que pretende aprovecharse del buen nombre, el prestigio y fama que tanto le ha costado formarse, y que, además, tiene registros marcarios para el signo “perro” en la clase tanto, que la protegen, la amparan y le dan privilegios por sobre toda la humanidad.

Usualmente terminan diciendo que todo el mundo, qué digo, el universo entero, conoce a dicha empresa o asocia sus productos, en este ejemplo, con la palabra o signo “perro”, y que son ellos los que les han dado fama y notoriedad a esa expresión.

Después de salir de la perplejidad, ¿qué debe alegar nuestro “héroe”? Que llegó primero, que está de buena fe, y tiene que explicar que el uso que hace del sitio es legítimo.

Si además está muy picado, puede averiguar si su contrincante tiene otros nombres de dominio parecidos al que quiere disputarle y que no utilice, y acusarlo entonces de inscripción abusiva de nombres de dominio, una mala práctica conocida internacionalmente como reverse domain hijacking (o secuestro inverso). Vamos, pero esto es una exquisitez, pues lo anterior basta.

Y ya. No hay más trucos. Salvo que el caso sea muy excepcional, retendrá el nombre de dominio con mínimas molestias y tendrá el orgullo de haber triunfado sobre un estudio jurídico que maneja un presupuesto superior al que el alcalde destina a todo su barrio. Y ese triunfo es el de todos los que leemos cosas, como esta columna, por Internet.

Carlos Reusser Monsálvez

 

via: elquintopoder