Con la élite no se consigue nada conversando civilizadamente

4726544115_8b75363ba5_b-723x364Ya sabemos cómo conseguimos la jornada laboral de 8 horas, por eso celebramos el 1° de Mayo, pero hay otras cosas que se obtuvieron luchando y algunas solo gracias a la fuerza de una sola persona. ¿Escucharon hablar de “Grace Fryer y Las Chicas del Radio” o del geoquímico norteamericano Clair Patterson?, supongo que no, pero deberían conocerlos y voy a explicar porqué:


Hay ocasiones donde los grandes empresarios actúan igual a una banda delictual, formando carteles que aprovechando su posición de poder se coluden para fijar precios y repartirse el mercado, donde los ciudadanos comunes y corrientes salimos siempre perjudicados.

En 1920 Grace Fryer trabajaba en la fábrica US Radium de New Jersey. Su labor, junto a 70 compañeras consistía en pintar las esferas de los relojes con una pintura especial para hacerlos luminiscentes en la oscuridad. Resultaba ser un trabajo de precisión y para mantener la punta del pincel lo más fina posible la pasaban por los labios. En los momentos de ocio, las trabajadoras jugaban con la pintura, pintando sus uñas y dientes para entretenerse en la oscuridad. Al estar en un ambiente con alto contenido de polvo, este se pegaba en sus cuerpos y hacia luminosos sus cabellos, rostros y manos. Ellas no sabían que la pintura, llamada Undark, está compuesta principalmente por sales de radio, elemento descubierto por Marie Curie en 1898 y que es extremadamente radiactivo, un millón de veces más que el uranio. Hecho que sí era conocido por los directivos y dueños de la empresa y sabían de los efectos nocivos del radio, y evitaban toda exposición con el elemento. En cambio, los supervisores recomendaban a las trabajadoras utilizar el método de afinar los pinceles con la boca.

Con el paso del tiempo a las trabajadoras se les empiezan a caer los dientes y la mandíbula se les infecta con fuertes dolores. Luego necrosis y muerte irremediable. En 1925 los médicos identifican al radio como causante, pero el estudio es silenciado. Cuando Grace Fryer enferma, ella valientemente entabla un juicio contra la empresa US Radium, empresa que encarga informes independientes para afirmar que la enfermedad no es por la manipulación del radio y la achacan a otras causas como la sífilis, utilizando el viejo recurso de difamar a las trabajadoras. La empresa movió todas sus influencias para retardar el juicio, ya que sabía que todas las testigos morirían en breve tiempo. Al final gracias a la prensa y al clamor popular se logra llegar a un acuerdo. Grace Fryer falleció en 1933, pero su muerte y la de sus compañeras no fueron en vano. Tras 10 años de lucha, su perseverancia consiguió que el Congreso de los Estados Unidos aprobase, años después, una ley en la que se reconocía que todas las enfermedades laborales deben ser indemnizadas.

Ahora hablemos de Clair Patterson, fue el primero en calcular con exactitud la edad de la Tierra el año 1953. Pero su gran aporte fue el estudio del Plomo en el medio ambiente, y determinar cuánto era “natural” y cuánto había sido “añadido” por acción humana. Recordemos que el plomo es un metal neurotóxico que ataca el cerebro, el sistema nervioso central, los huesos, los riñones, el corazón y el sistema inmunitario. Patterson descubrió que la nieve “moderna” de Groenlandia contenía 100 veces más plomo que la nieve de tiempos pre-industriales. Que los niveles de plomo en los sedimentos oceánicos de hacía millones de años eran minúsculos en comparación a los que hoy hay en continentes y océanos. Que los huesos y dientes de humanos prehistóricos contienen porcentajes mínimos de plomo comparados con nosotros.

Por su investigación Patterson concluye que aproximadamente el 90% del plomo en la atmósfera procedía de los tubos de escape de los autos, las causas estaban a la vista, antes de 1923, casi no había plomo en la atmósfera, y que desde entonces sus niveles aumentan constante y peligrosamente. En ese momento, se propuso la tarea de conseguir que se retirase el plomo de la gasolina, convirtiéndose en un crítico constante y elocuente de la industria del plomo y sus intereses. Tuvo que luchar contra la poderosa multinacional Ethyl y su red de contactos, perdió subvenciones, se acallaron sus investigaciones a pesar de ser el mayor experto en la materia, lo excluían de los consejos investigativos. Pero su tesón pudo más y si hoy el plomo en nuestra sangre se ha reducido considerablemente se lo debemos a la tozudez y perseverancia de Clair, gracias a sus esfuerzos, se aprobó la Ley del Aire Limpio de 1970, y acabaría consiguiendo que se retirase del mercado toda la gasolina con plomo en Estados Unidos el año 1986.

Lo común que tienen estos casos, es que el afán de ganar dinero de un reducido número de personas que tiene el poder y el conocimiento, está por sobre el bienestar y de no solo de la calidad de vida, sino que de la vida misma tanto de trabajadores, como de la sociedad en general. Cuesta entender cómo se puede llegar a actuar de esa manera.

A dónde voy con estos casos, a que todos sabemos y sufrimos con el actual modelo económico que no se destaca precisamente por su justicia en la forma como se reparte la riqueza, más bien se basa en la acumulación de ella. Lo nefasto y francamente inhumano del modelo, es que da las herramientas para sacar provecho con formas más sutiles de una ciudadanía vista como rebaño, al privilegiar el capital por sobre el trabajo, estimulando el individualismo, por ende el egoísmo (aplicando astutamente el principio “divide y vencerás”), utiliza la deuda como un motor para su funcionamiento y para eso paga sueldos de subsistencia, creando crisis reales y artificiales para justificar mayores intereses y aumentar sus utilidades. Además, hay ocasiones donde los grandes empresarios actúan igual a una banda delictual, formando carteles que aprovechando su posición de poder se coluden para fijar precios y repartirse el mercado, donde los ciudadanos comunes y corrientes salimos siempre perjudicados. Es decir, lo que nos ocultan o venden como excepción, al final es una práctica normal y habitual, reflejando una forma de pensar que siempre ha estado presente en los seres humanos, de la que ninguno de nosotros puede escapar, ya que es muy posible que actuaríamos igual si tuviéramos las mismas oportunidades.