Cuando la mayoría se ausenta, la minoría manda

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Estas últimas elecciones municipales (para qué engañarnos) eran una especie de crónica anunciada, ¿verdad que sí? Se sabía que la abstención sería alta, por sobre el 60%, así como también existía una razonable dosis de certeza respecto de la baja electoral de la Nueva Mayoría. Por ello, lo ocurrido el domingo 23 de octubre no puede haber extrañado a nadie… al menos, a nadie que estuviese medianamente informado.

abstencion

No cabe duda que el gran derrotado fue el oficialismo, en especial el actual gobierno. Alguien dirá, contra argumentando, que el verdadero perdedor fue Chile, pues la abstención alcanzó el 65%, convirtiéndose este hecho en el principal personaje de los comicios. De ahí en más, se dispararon inmediatamente los análisis y explicaciones respecto de los por qué del ausentismo. ¿Hay que responsabilizar a los ‘abstencionistas’ por la sonada derrota de la Nueva Mayoría en estos comicios? ¿Si hubiese participado el 90% del padrón electoral, los resultados habrían sido diferentes?

Acreditar en esta última versión bien podría ser el vano intento de tapar el sol con un dedo, pues los comentarios de mucha gente apuntan al gobierno y a la Nueva Mayoría como causantes principalísimos de la debacle electoral, y  por tanto, se les considera también responsables de la alta abstención.

Tal vez el comentario de un lector del diario El Mercurio (sí, El Mercurio) esté dando en pleno clavo: “A los que no votamos por segunda vez, no nos va a convencer un populista y menos Lagos, el factor que ninguno de estos iluminados analistas considera es el recambio de rostros, que se vayan todos estos niños símbolos de todo lo malo de la política, Lagos, Bachelet, Piñera, Frei, Navarro. Girardi, Escalona, Tohá, etc. Alejandro Guiller tampoco va a convencer a nadie pues es otro más de la Nueva Mayoría, esto es lo que tienen que considerar para la presidencial: gente nueva y no estos que nos gobiernan y salen todos los días en la tele, pero no muestran sus manos”.

Suscribo plenamente las palabras de algunos comentaristas de artículos de prensa cuando expresan que  no son partidarios del voto obligatorio, pero explicitan que la falta de enseñanza de la educación cívica en escuelas y colegios está dando sus frutos y si, además, se sigue adelante con reducir las horas de enseñanza de Historia y se pretende eliminar la asignatura de Filosofía, más pronto que tarde “terminaremos como los mandriles” (sic).

¿Se da cuenta? El problema es de fondo, y pareciera que el panorama no cambiaría sustancialmente con una mayor participación en comicios. Muchos culpan a los rostros, a los mismos de siempre (que obviamente tienen altos grados de responsabilidad en el fracaso), pero omiten referirse a lo fundamental: al sistema neoliberal salvaje, verdadero fulminante de la problemática que aqueja a Chile… y a la política de hoy. Más allá de cualquier disquisición, lo concreto es que el gobierno se encuentra hoy con tan sólo un 25% de popularidad, lo cual  se reflejó crudamente en las elecciones edilicias, y estas, a su vez, simularon ser una encuesta más, un anticipo de lo que podría suceder en los comicios parlamentarios y presidencial del año venidero.

“Hay que escuchar a la ciudadanía”, expresó Ricardo Lagos al terminar el proceso electoral una vez conocida la derrota del oficialismo. Con la rapidez de un rayo don Ricardo aprovechó la instancia para presentarse, de golpe y porrazo, como el líder natural que su coalición requiere. Pero la gente ya no le cree -a él ni a su coalición-, pues muchos recuerdan que lo mismo dijo poco antes de la segunda vuelta electoral el año 1999, cuando escuchó sólo al empresariado.

En las filas de la Nueva Mayoría se oía ayer un lamento repetido hasta la saciedad, pues los dardos eran disparados contra quienes –durante meses- prefirieron criticar y aportar ideas vía redes sociales: <<Los de derecha votan y controlan al país. Los «revolucionarios» no votan, y siguen creyendo que «unidos jamás serán vencidos»>> Pero, quienes poseen cierto grado de información, replican argumentando que esas personas de la Nueva Mayoría pretenden contar con el apoyo de todos los adherentes de izquierda, independientemente de los robos, corrupciones y traiciones efectuadas a diario por la coalición oficialista. La respuesta se conoció el domingo 23 de octubre. Fue un rotundo NO. Y si nos aferramos a la realidad, es muy posible que siga siéndolo.

El castigo ciudadano fue sólido, y alcanzó no sólo a las tiendas partidistas del gobierno sino, también, a todas las del espectro duopólico, pues en cualquier análisis que se efectúe es necesario considerar un elemento relevante: han sido muchos los candidatos independientes, y muchos también los que lograron el triunfo desde esa trinchera, cuestión que en gran medida viene a dejar profundas señales del nivel de deterioro en que se encuentran los partidos políticos que podríamos llamar “primos hermanos” en la sociedad de intereses para esquilmar el país y su erario.

En su cuenta de  twitter el escritor Jorge Baradit, expresó: “El electorado NM (Nueva Mayoría) e izquierda castigó a sus corruptos. El de la Alianza no”. Ya lo dijimos alguna vez, a la derecha la une un objetivo común (y ese objetivo no se entorpece ni siquiera con los robos y chanchullos), mientras la izquierda no cuenta con un objetivo que sea común para todos los grupos y referentes que conforman hoy el archipiélago en que se ha convertido, pues carece incluso de programa único, lo cual facilita que en el bloque de gobierno se impongan los requerimientos e intereses de sectores pro derechistas, como es el caso del PDC y del PPD.

Esa factura, tarde o temprano, el pueblo la cobra. Por ello se produjo lo que se produjo, una alta abstención  que permitió al 30% del 35% del padrón electoral elegir las autoridades comunales del país.

Si la gente fue tempranamente abandonada por sus representantes, si el pueblo fue mandado de paseo por la coalición que él mismo coadyuvó a forjar con propia sangre… ¿se le puede impetrar a ese pueblo una lealtad insana que va más allá de la moralidad política alcanzando las riberas de la traición y la delincuencia?

Desde ahora y hasta el año 2020, en materia municipal, un contingente de la minoría sonríe y se abraza porque administrará la mayoría de los 345 municipios del país, mientras el otro contingente de esa misma minoría rasga vestiduras y vierte  cenizas sobre sus cabezas.