Develando las ‘cajas negras’

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Nuestro día a día está marcado por un uso intensivo de tecnologías. La mayoría de ellas una completa caja negra para nuestros ojos, donde nuestro único vínculo es el diminuto botón de encendido. Es innegable, cuántas veces hemos descartado algún artefacto de nuestras casas por no tener idea de cómo repararlo, más aún cuando en el mercado existen opciones de reemplazo económicamente muy atractivas. En definitiva, nos estamos llenando de verdaderas cajas negras, además desechables y de paso le hacemos un gran favor al círculo económico actual, que girará y girará mientras nosotros le demos la energía y perpetuemos su movimiento.

F.Torres

La economía ligada a la tecnología es un mercado promisorio, no obstante esta afirmación, solo será veraz si el uso de nuestros recursos primarios es manejado con criterio y sensibilidad. Los minerales, el agua, los combustibles, los bosques son elementos indispensables para la creación de un objeto, pero muchos anhelamos que ese objeto sea creado con un elemento más, la sensibilidad hacia nuestro entorno natural. Afirmo entonces, que el propósito que hay detrás de una creación, puede cambiar el destino final de ese objeto. Aquella tecnología creada por el hombre para el hombre, será por definición apropiada a nuestra realidad, cuando sea considerada en su concepción las externalidades socio-económicas y ecológicas, abriéndonos de esa manera a una economía más sensible, que resguarde y no vulnere los derechos de la naturaleza.

La sociedad chilena posee una ciega dependencia hacia la HighTech (Alta Tecnología), hasta el punto que nos hemos convertido en consumidores vulnerables. A nivel macro, el asunto rompe cualquier barrera; Chile es un preso voluntario de una dependencia peligrosa hacia las fuentes de energía primaria extranjeras, como petróleo, gas, carbón, alcanzando sobre un 70% de dependencia. Este número debería movilizarnos de inmediato hacia la búsqueda incansable de lo que llamamos Tecnologías Apropiadas para la condición real de nuestro territorio.

Es cierto, el humo de nuestras ciudades, es la barrera perfecta para no dejarnos ver la cordillera y el horizonte, nos mantiene diminutos frente a magnos edificios y el sonido abrumador de la urbe, y pareciera que todo gira perfecto en torno a la ruleta de la tecnología. No obstante, para aquellos que no estén conformes, el respiro camaradas está cerca nuestro, aún podemos mantenerlo, me refiero a conservar las ganas de estar juntos, sí, la comunidad no es propia de la periferia o del campo, la comunidad es una fuerza que es inherente a la convicción del estar juntos.

Es aquella fuerza la que buscamos promover, rescatar y potenciar, es desde allí donde pueden surgir cambios contundentes y declarar entonces, la forma en que deseamos crear la tecnología.

Dicho esto, me atrevo a preguntar, ¿Es acaso la HighTech el camino que debemos seguir?, ¿está ahí la respuesta hacia la disminución de nuestra vulnerabilidad económica-energética? Mientras algunos debaten y se ponen de acuerdo, nosotros, un grupo grande de organizaciones sociales, nos movemos ya hacia la búsqueda de tecnologías de cajas “transparentes”, sociales por definición, propias de un desarrollo endógeno, en la horma misma de nuestra realidad.

Chile tiene tradición y es ampliamente conocido en Latinoamérica, por la calidad de sus tecnologías criollas, es más, el año 1988, el colega Oscar Núñez escribió un excelente libro que es un compendio de las tecnologías campesinas de todo Chile, cinco años de investigación, y pueden ver los resultados asombrosos. Es increíble cómo la astucia, la necesidad, la pericia y la cooperatividad generan revoluciones tecnológicas de bajo impacto ecológico pero alto impacto socioeconómico.

Y no deseo ser malentendido, no me refiero a que debemos tirar los computadores y regresar al abaco, o tirar los celulares y usar un hilo con un cambucho de yogurt en cada extremo. Es más trascendental que eso, las respuestas a cómo debemos enfocar la tecnología se irán dilucidando a medida que incorporemos en nuestro pensamiento las externalidades ecológicas y arraiguemos en nuestro interior la sensibilidad hacia nuestro entorno. El problema no puede ser resuelto pensando de la misma manera en que fue creado.

Como conjunto de agrupaciones que buscan tecnologías que tiendan a conservar nuestro entorno natural, reconocemos las dificultades de este desafío, pero no hay vuelta atrás, pues resuena tan fuerte dentro nuestro, que fortalece nuestra convicción y voluntad. Es más, creemos que todo y cuanto provenga del hombre, y que a su vez a través de él se exprese la naturaleza, nos acerca a la verdad.

Francisco Torres

Director BioANTU

www.bioantu.cl