Educación: ¿Pública? ¿Gratuita? ¿de Calidad? Preguntas necesarias

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La consigna de “Educación Pública, Gratuita y de Calidad” fue el grito de batalla, y sigue siendo en gran medida el horizonte hacia donde quieren avanzar los estudiantes, las familias, los movimientos sociales, el gobierno, la oposición, los profesores, y muchos de los que piensan, sueñan y viven la educación.

Pero es necesario pensar que quiere decir esta consigna.- Pública significa una de tres cosas.- 1.- Que sea impartida por el Estado, excluyendo a los privados, es decir los ciudadanos, de la posibilidad de impartir educación.- Que la propiedad sea del estado, pero que pueda ser impartida por el Estado y los Privados.- O independientemente de que sea impartida por los privados o el estado, los contenidos de la misma sean determinadas por el Estado. Finalmente puede querer decir que independientemente de quien determine qué se enseña, de quién sea la propiedad o quién la imparta, la Educación tiene que ser entendida como un Bien Público, es decir, como un Derecho que el Estado debe garantizar en su acceso y en sus contenidos mínimos.Educación-Gratuita-Ahora

Gratuita no puede significar que esta actividad sea realizada sin costo, sin pagar a profesores, administrativos, paradocentes y personal de servicio, cancelando los servicios básicos de agua luz, etc.; ni pagando las mejoras necesarias de infraestructura y la incorporación de tecnologías para la educación.- Gratuidad implica simplemente que esta educación no tenga un costo directo para quien la recibe, ni para las familias de los niños y jóvenes estudiantes.- Quizás es en este sentido se enmarca el “fin al copago” en que se ha centrado la reforma educacional del Gobierno.

La gratuidad puede perseguir dos fines respecto de la educación: Por una parte, otorgar acceso a la educación a quienes no tienen los recursos necesarios para costearlos por si mismo.- En este sentido, bastará con que un porcentaje de la oferta educativa sea gratuita, accediendo a ella quienes no pueden costear su costo, siendo esperable que el resto de la educación sea pagada por las familias que puedan hacerlo, o que contribuyan en su costeo en la medida de sus posibilidades (copago).

El otro fin que puede perseguir la gratuidad en la educación es que no existan diferencias respecto de la educación que reciben los estudiantes en relación a su capacidad de pago (o de sus familias).- Es decir, lo que se persigue es que los estudiantes y sus familias puedan decidir libremente donde estudiarán sus hijos, sin que el tema económico (las posibilidades de pago de las familias) determine las posibilidades de estas opciones.- Siempre existirán algunas limitantes con relevancia económica, como la distancia o distribución geográfica de las diferentes ofertas académicas, pero al ser todas ellas gratuitas sin duda se avanza de sobremanera en este objetivo.- Pero para que esta apuesta tenga el efecto descrito, es decir, eliminar las diferencias en el acceso a la educación por razones económicas, es necesario que toda la oferta educativa sea gratuita.- De lo contrario, es decir, de mantenerse algunos sectores, por minoritarios que sean, que tengan la posibilidad de cobrar o de limitar el acceso de sus alumnos por consideraciones de orden económico, lo que ocurrirá es que se generarán guetos educativos, donde concurrirán solamente aquellos estudiantes que puedan superar estas barreras, generando una segregación mayor.

No se educan cosas, sino personas concretas, niños y jóvenes con nombre y apellido, con expectativas, con sueños, aspiraciones, vocaciones y realidades específicas e irrepetibles

En efecto, comprendiendo que uno de los principales efectos del modelo económico, social y cultural de nuestro país es la alta concentración de riqueza económica, social y cultural en un porcentaje muy pequeño de la población, una medida como la descrita (gratuidad para la mayor parte de la educación y pago para un pequeño porcentaje de la educación) tenderá a profundizar este efecto concentrador de la riqueza y la cultura, generando precisamente el efecto inverso al propuesto.- Este efecto se maximiza cuando sabemos que parte de los aspectos económicos, sociales y culturales de estudiar en un colegio tienen que ver no sólo con los contenidos académicos que se imparten, sino que con la red de relaciones sociales, económicas y culturales que en ellos se desarrollan y que explican por qué las elites económicas y políticas provienen de un grupo reducido de colegios.- Es quizás por esto que se ha generado una fuerte crítica y oposición que han levantado algunos sectores frente a la reciente Reforma a la educación particular subvencionada propuesta por el gobierno.- Ya que el efecto de su implementación, lejos de mejorar la equidad, generará una segregación mayor y fortalecerá el proceso de concentración de la riqueza, el conocimiento y la cultura que tanto daño le hacen a nuestra sociedad.

La calidad de la educación es uno de los elementos menos tratados en el debate público respecto de los cambios que la educación requiere.- Si bien existe un consenso aparente de que es necesario mejorar la calidad de la educación, no existe el mismo consenso respecto de cómo lograr la ansiada calidad en la educación, y menos aún en que se debe entender por calidad en educación.

Sin entrar en un análisis detallado de las propuestas que han existido en la historia respecto de cuáles son los objetivos de la educación, podemos encontrar interesantes y diversas formulaciones. La mayoría de los establecimientos educacionales en Chile se debaten entre quienes nos hablan de que la educación debe centrarse en enseñar la mayor y más pertinente cantidad de contenidos, como en los llamados “colegios emblemáticos”. Otros nos hablarán de la educación en valores como eje central de la educación, particularmente en establecimientos vinculados a organizaciones confesionales. Igualmente, como en todo, encontraremos voces eclécticas que hablan de una educación integral que englobe lo académico con la formación valórica.- Pero estas visiones gruesas u simplistas no opacan otras visiones y posiciones, como aquellas que hablan de que el objetivo de la educación es formar ciudadanos, centrando su desarrollo es aspectos como la tolerancia, del sentido cívico, etc.- Otra propuesta muy de moda es que la educación debe formar y preparar a los estudiantes para el trabajo o para el éxito en el ámbito laboral, desarrollando las habilidades (o competencias) necesarias para la mejor inserción en el mercado del trabajo o para el emprendimiento.- Otras miradas nos presentan como objetivo de la actividad educativa el educar para la libertad, como propusiera ese hombre sabio llamado Paulo Freire. No faltan visiones que indican que hay que educar para la felicidad, educar para la sostenibilidad, educar para la sociabilidad, etc.- Finalmente encontramos enunciados que aparentemente nos indican un objetivo para la educación, sin hacerlo realmente, como sería que el objetivo de la educación es preparar a los niños y jóvenes estudiantes para la adultez.

Pues en este marco, parece necesario iniciar (o continuar) un debate profundo, serio y bien intencionado respecto de qué queremos decir cuando hablamos de calidad en la educación o de educación de calidad.

Podemos señalar sin temor a equivocarnos que una actividad (incluyendo la educación) es realizada con calidad cuando se alcanzan efectivamente las metas que en cada caso se persiguen; es generada mediante procesos pertinentes, aprovechando óptimamente los recursos necesarios, y asegurando las oportunidades de recibirla a sus destinatarios.-
Siguiendo esta línea, calidad en la educación no significa otra cosa que hacerlo bien, que ejecutar el proceso de enseñanza/aprendizaje de la mejor manera posible, en función de los objetivos perseguidos.

Así, lo que determina si un proceso educativo u otro son de mejor o peor calidad, dependerá fundamentalmente de si cumplen o no con los objetivos que se hayan propuesto.- Así, antes de iniciar un debate de cuáles son los recursos pedagógicos, los elementos técnicos, las habilidades a desarrollar por los profesores, las mejores dinámicas en el aula, la estructura organizativa de la escuela, el diseño de las salas, o la superestructura del “Sistema Educativo” nacional, debemos ponernos ante la pregunta de cuál o cuáles son los objetivos que persigue este proceso.

En efecto, la idea simplista de suponer que la prueba SIMCE, PISA u otra medición de este tipo nos indica algo respecto de la “calidad de la educación”, no sólo es simplista, sino que es sustancialmente erróneo, por cuanto estas pruebas no explicitan cuáles son los objetivos de la educación que pretenden dar por cumplidos al aprobar satisfactoriamente los test que aplican a los estudiantes.

Es así como, al hablar de “educación de calidad”, y poner el eje del debate en la calidad de la educación, lo que se está generando es un “aparente consenso”, donde todos los actores sociales, políticos, económicos, culturales e intelectuales parecen estar de acuerdo en el objetivo a alcanzar, divergiendo solamente en los medios para alcanzarlos.- Pero este consenso es solamente aparente, toda vez que puestos ante la pregunta de para qué queremos educar, veremos aparecer las ya mencionadas diferencias en las visiones y objetivos; y de esta forma aparecerán también las razones que explican por qué no nos ponemos de acuerdo en cómo alcanzar una educación de calidad; pues no estamos, en verdad, de acuerdo en los objetivos a alcanzar con las reformas a la educación.

Permítaseme un ejemplo un poco torpe, pero que creo útil. Supongamos que estamos de acuerdo en que Santiago requiere un transporte de calidad. Unos proponen mejorar las calles, ampliarlas aunque sea reduciendo los parques y veredas, eliminar los ‘lomos de toro’ y mejorar la superficie de las calles. Otros proponen implementar más buses, mejorar la calidad y el confort en los mismos, mejorar y ampliar los recorridos, ampliar el Metro y extenderlo a más sectores.- Estas propuestas no parecen incompatibles, y en el entendido de que todos queremos mejorar la calidad del transporte en Santiago, probablemente acordemos que lo mejor es hacer ambas cosas. Pero puestos ante la limitación de recursos y la necesidad de optar en forma excluyente entre una alternativa (mejorar la infraestructura vial), y la otra (mejorar el transporte público), nos percataremos que no estamos de acuerdo en el objetivo mismo que inspira nuestras propuestas. Para unos su objetivo es facilitar el transporte en automóvil, y para los otros es facilitar el transporte colectivo. Así, estábamos sólo aparentemente de acuerdo en el objetivo, pero en realidad era un consenso sólo aparente.

En el tema que nos convoca, a mi juicio ocurre algo similar.- Al hablar de calidad de la educación creemos estar fijando un objetivo común y compartido por una gran mayoría de los sectores sociales, pero en realidad no estamos de acuerdo, pues no hemos debatido y puesto sobre la mesa qué esperamos hacer bien, calidad para educar en qué sentido, con qué objetivos.

La diferencia con el ejemplo propuesto es que, incluso puestos ante una supuesta ilimitada disposición de recursos (cosa que en la realidad no es así) las opciones en educación son excluyentes.- Ello, porque no se educan cosas, sino personas concretas, niños y jóvenes con nombre y apellido, con expectativas, con sueños, aspiraciones, vocaciones y realidades específicas e irrepetibles.- Con el agravante que, a diferencia de una obra vial, si hacemos más labor educativa no podemos simplemente reparar el diseño o reconstruir lo malogrado.

Por otra parte, los objetivos implícitos en educación son excluyentes entre si.- En efecto, no se puede educar para el mercado del trabajo (generando las diferentes competencias necesarias en los diferentes sectores de la población, para que se desenvuelvan como tener buenos gerentes y buenos obreros) y al mismo tiempo formar para la igualdad de oportunidades, propiciando en todos los estudiantes las mismas excelsas competencias y habilidades.

No se puede educar para la libertad y al mismo tiempo formar a los jóvenes para seguir instrucciones de forma obediente.- No se puede educar en el espíritu crítico y al mismo tiempo en el respeto irrestricto a la autoridad.- No se puede educar en derechos humanos e igualdad de género y al mismo tiempo en favorecer la competencia y el individualismo como estrategias de éxito.- Y esta incompatibilidad no es por falta de recursos.

Aunque parezca majadero, y por lo demás obvio, no podemos olvidar que cuando hablamos de educación nos referimos a la intervención en el proceso formativo de niños y jóvenes estudiantes que cada uno es un ser humano, un individuo, una persona que va a optar en su vida entre los caminos que se le vayan presentando.- Y es en este sentido de abrir o cerrar caminos, y generar mayor o menor libertad para optar entre ellos, que la educación cumple un rol importante y fundamental.

Por otra parte, y aunque no se plantee en el debate público de forma explícita, debemos ponernos ante la pregunta si estos objetivos que persigue la educación son iguales para todos los estudiantes, o si queremos que algunos miembros de la futura “sociedad adulta” se formen para una cosa y otros para otra cosa, o lo que es lo mismo, para que unos cumplan unos roles sociales y otros cumplan otros.

El hecho de que no se debata sobre la división social del trabajo en relación a la educación no significa que ella no se presente diferenciadamente entre los sectores socioeconómicos.- En efecto, la marcada desigualdad en los resultados de las pruebas SIMCE, PSU y cualquier medición que se realice, entre los colegios de sectores socioeconómicos diferentes, no es (solamente) el resultado de las diferencias socioculturales que los estudiantes traen desde sus hogares y familias, sino que es (también) resultado de que reciben una educación muy diferente unos de otros.- Una prueba de esta afirmación la encontraremos (además de en la vivencia cotidiana de las aulas) en que la distancia de las mediciones por sector socioeconómico son cada vez mayores según más avanzado sea el curso que se mide.

Concluyo esta reflexión sin buscar respuestas únicas y con pretensiones de verdad, sino con un llamado a reflexionar y dialogar, porque antes de determinar qué caminos queremos seguir y decidir qué reforma educacional queremos propiciar, debemos aclarar qué educación queremos tener.- Porque, como sabiamente informó el Conejo a Alicia, si no sabes dónde quieres ir cualquier camino te sirve (o quizás ninguno).

Por Manuel Razeto Barry
Abogado
Dirección Académica -Universitas Nueva Civilización
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