Educación pública, reformas y monos adiestrados

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MonoIlustrado_021-723x364Crecí escuchando que el colegio era mi segunda familia aunque, paradójicamente, fui expulsado de tres segundos hogares. Hoy afortunadamente, siento que logré construirme como una buena persona y por lo mismo escribo esta columna y deseo averiguar si para ustedes, existe una relación entre quiénes son hoy, y el tiempo vivido con su segunda familia.


Quienes agitan banderas, medingan plata para asados y admiran a papiones y capuchinas de Valparaíso, contribuyen activamente a la perpetuación del problema

Algunas verdades: (1) los profesores son mal pagados, (2) la educación pública se realiza en infraestructuras con condiciones de hacinamiento, (3) no hay como despedir a los malos profesores, menos si son amigos de Mario Bros, (4) muchas familias que pueden, no se involucran y muchas que quieren, no pueden, (5) la distribución de horas lectivas y de planificación no es buena, ni justa, (6) muchos profesores deficientes son el resultado de universidades orientadas al lucro, que fueron validadas por gobiernos de turno, que hoy no se quieren hacer cargo y (7) el lucro existe porque algunos canallas malversaron el financiamiento del Estado.

Pero el problema para mí es otro, aún cuando se pueda resolver todo lo anterior, el modelo seguirá siendo un programa de adiestramiento de macacos y no una instancia formativa de ciudadanos.

Diversos estudios señalan que los estudiantes más vulnerables se aburren en clases y no valoran estar dentro del establecimiento. Van a comer y a conversar para no gastar luz y agua en sus casas. Claro, durante los años pre escolar, los colores son geniales, pero ya en básica deja de ser tan entretenido hacer tareas y pasar toda la mañana sentado; podría seguir parodiando, pero ese no es el norte de este texto.

Según el Estado, el Simce mide algo, ¡FARSO, FARSO, FARSO TUTU TUTU! Comparar el rendimiento de un estudiante bien desayunado, que llega en auto a un establecimiento calefaccionado, a una sala con otros 20 semejantes, con profesores cordiales y bien remunerados versus un alumno que camina desde temprano, en dirección a un establecimiento viejo (o patrimonial como excusa para no reconstruirlo) y entrar a una sala inadecuada con otros 40 compañeros, a intentar aprender de un profesor estresado, más abrigado que esquimal y frustrado por el choque entre realidad y su vocación es, por lo menos, injusto.

Cosa similar pasa con la PSU, ¿nadie se da cuenta que esta mugre es un casting encubierto?; les voy a contar algo que leí (o que quizás inferí). Si dividiéramos en cuatro las opciones vocacionales de educación superior con real penetración en la sociedad chilena, el primer cuarto estaría reservado para hijos de profesionales, que desde la cuna están obligados a ser profesionales (obligados incluso a continuar la tradición familiar), en un segundo cuarto están los hermanos chicos de estudiantes universitarios, que se sienten inspirados por las historias de sus ejemplos (y al ver que ellos deben ayudar en la casa, mientras sus hermanos descansan de las agotadoras jornadas académicas), en tercer lugar están los estudiantes que viven en ciudades con grandes centros de estudios y que aspiran ser parte del mechoneo, dejarse el pelo largo y poder estudiar sin tener que vestir uniforme. El último cuarto es quizás el único que depende de la ambición del estudiante, la que “debe” ser incitada por el profesor, la familia y la sociedad (esa que exalta el fútbol y la farándula).

Por esto mismo la PSU es un casting, porque no mide habilidades o vocación, sino solo elementos que predisponen a estudiar y están directamente vinculados al lugar de origen. Quién podría pensar que un hijo de antropólogos de Concepción estaría en igualdad de condiciones que un temporero de Chanco, más si el primero puede irse en bicicleta y el segundo debe pagar pensión. Los resultados avalan esto, mientras más sea el deseo del estudiante de ingresar al reality, más hará por ello, estudiará lo fome, repetirá lo mecánico y memorizará lo ordenado.

Todos somos babuinos; dedicamos 14 años primero y entre 4 a 7 años después, para tener un pedazo de cartón que diga con cuantas pelotas podemos hacer malabares, pero honestamente la sociedad actual es el reflejo de que hemos olvidado cómo ser persona y vemos cómo se ha extirpado la consciencia social del curriculum. Nos piden que aprendamos a convivir. Desde chicos se nos enseña sobre guerras, se espera que seamos creativos, trabajando la inteligencia a pura memoria, quieren que nos expresemos, pero nos fuerzan a levantar la mano y cuando queremos trabajar por un Chile de todos, dependemos de la trinchera en que estemos ubicados.

Es fundamental que entendamos que para bajar del árbol y empezar a ser PERSONA, hay que abrir los ojos, cerrar la boca y escuchar con respeto a nuestros semejantes. Quienes agitan banderas, medingan plata para asados y admiran a papiones y capuchinas de Valparaíso, contribuyen activamente a la perpetuación del problema. No lo sé, pero si “Mente sana en cuerpo sano” fue un gran principio en el pasado, me da la idea que hoy, si el ministerio de Salud no tiene a la cabeza a una enfermera o una matrona, con años en el servicio público, nuestra única opción está en que la educación que reciben estudiantes de sectores más vulnerables, dedique más tiempo a despertar el deseo de aprender, crear y terminar con la lógica de los cuatro cuartos, que hoy está dominado por primates con MBA y cero solidaridad hacia los demás. Buen ejemplo observamos en esta madrilesca reflexión: “Si me rebajan las bananas, me voy al  sector privado”.