El CEP y el disfraz de imparcialidad

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harald-bayerA la luz de los resultados arrojados por el último estudio del Centro de Estudios Públicos, es éticamente necesario hacer un llamado de atención acerca de las preguntas realizadas por el think tank actualmente dirigido por Harald Beyer. Si bien es perfectamente legítimo que un centro de estudios busque defender la ideología a la que adhiere, no es aceptable que mediante encuestas tendenciosas y sesgadas, se pretenda disfrazar de imparcial. A continuación, se analizan tres preguntas sobre educación para mostrar cómo el estudio de julio de este año busca influir en la opinión pública, imponiendo una visión conservadora en cuanto a selección escolar, lucro y financiamiento compartido.

Financiamiento compartido: “¿Cree Ud. que es bueno que los padres puedan complementar el subsidio educacional que otorga el Estado a través de un copago (pagando matricula y/o colegiatura) para mejorar la educación de sus hijos, o usted cree que esto debiera estar prohibido?”

La pregunta tiene dos problemas graves. Primero, parte de una premisa que es, a lo menos, discutible – se afirma que el copago tiene directa relación con “mejorar la educación” – y, segundo, utiliza la frase “esto debiera estar prohibido” como un reactivo que busca generar rechazo en el encuestado. De forma intrincada, se le preguntó a la gente si está de acuerdo con que se le prohíba “mejorar la educación de sus hijos”, algo que naturalmente será rechazado por la mayoría.

lo que se espera del CEP no es neutralidad, sino transparencia: Si va a hacer estudios ideologizados, bien, pero debe, por ética profesional, transparentar con claridad su posición en el espectro político y no intentar presentarse ante la opinión pública como un actor imparcial, pues claramente no lo es.

Otro inconveniente, a pesar de que los medios intenten informar lo contrario, es que la pregunta no evalúa la percepción del encuestado acerca del financiamiento compartido en términos absolutos, ya que lo enmarca en las actuales condiciones del sistema educativo chileno. Es decir, el resultado aquí obtenido no indica necesariamente que la gente esté “a favor” del copago como herramienta, sino que, dado el contexto, siente que debe esforzarse por aportar a la educación de sus hijos. En Finlandia, por dar un ejemplo que contraste dos realidades opuestas, una pregunta relativa como esta no tendría siquiera sentido.

Selección escolar: “¿Está usted de acuerdo o en desacuerdo con que los liceos de excelencia del país, como el Instituto Nacional, seleccionen a sus alumnos a través de pruebas de admisión?”.

En este caso, el error no es de formulación, sino que de interpretación. Con esta pregunta se busca afirmar que los encuestados están a favor de la selección “a secas”, a pesar de que, como sabemos, el proceso de discriminación a la entrada en el resto de los establecimientos ocurre de manera bastante más arbitraria que en los liceos de excelencia. En otras palabras, con una pregunta muy particular y acotada se pretende instalar una conclusión general que, al igual que en el caso anterior, no es necesariamente cierta.

Pregunta sobre lucro: “¿Qué le parece que los colegios particulares subvencionados, además de entregar educación, generen ganancias a sus dueños?”.

No existe claridad respecto de la definición de conceptos tales como lucro, ganancia o utilidades. Esta pregunta contiene, sin definición ni consulta previa, la palabra “ganancia” y se emplea sin diferenciarla de, por ejemplo, “salario”. Enfrentada a esto, una persona podría considerar que “ganancia” se refiere al salario de los sostenedores y no al retiro de excedentes, desvirtuando el resultado obtenido. Tal vez, en un arranque de inocencia o confianza, esto podría interpretarse como un error involuntario, pero más adelante en la encuesta aparece la pregunta “¿Me podría indicar qué entiende usted por lucro en la educación?”, cuyas posibles respuestas están todas relacionadas con “ganancia”. Es clara, entonces, la intencionalidad de la pregunta: Primero, se asocia “ganancia” con lo que obtiene un sostenedor por hacer su trabajo – llamémoslo “salario” – y luego se relaciona con “lucro”, es decir, con el retiro de utilidades. Así, se obtiene la conclusión deseada: Los chilenos están “a favor” de que los establecimientos particulares subvencionados tengan fines de lucro “siempre y cuando tengan un nivel educacional bueno y los padres estén informados”.

Las tres preguntas anteriores ya están siendo presentadas por los medios – que comparten la línea editorial del CEP – como un gran golpe a la reforma educacional, pues la gente, dice el estudio, al contrario de lo que se creía, “está de acuerdo” con la selección, el lucro y el copago. Ha quedado demostrado, sin embargo, que este resultado es poco fiable debido a que se obtuvo en base a preguntas con evidente sesgo ideológico.

Ante lo anterior, es importante decir dos cosas: En primer lugar, lo que se espera del CEP no es neutralidad, sino transparencia: Si va a hacer estudios ideologizados, bien, pero debe, por ética profesional, transparentar con claridad su posición en el espectro político y no intentar presentarse ante la opinión pública como un actor imparcial, pues claramente no lo es. En segundo lugar, vale la pena constatar que no es coincidencia que esta polémica se suscite bajo la dirección de Harald Beyer, quien, al igual que el CEP, se presentó siempre como un “experto” neutral en educación, pero al final del día, caretas abajo, demostró ser un intelectual orgánico de la derecha y vocero ideológico de la elite.