El Mercurio no aprende: volvió a culpar a inocente por atentado en Metro

Spread the love

El Mercurio no aprende: volvió a culpar a inocente como terrorista por atentado en Metro. En dictadura hizo lo mismo con dos jóvenes que fueron torturados

Equipo Cambio21
MEREl diario de Agustín Edwards responsabilizó en sus páginas a un trabajador de la construcción como el supuesto responsable de colocar un artefacto explosivo en uno de los vagones del Metro. Sin embargo, resultó ser absolutamente inocente y ni arrepentimiento o disculpas se ven en sus páginas. Lo mismo ocurrió en 1987 en la visita del Papa. Dos jóvenes fueron acusados en sus portadas. Fueron torturados y eran inocentes.

Una bomba estalló en el Metro de Santiago y nadie quedó indiferente. En el primer vagón del tren un extintor relleno con pólvora negra estalló cuando no había pasajeros en la estación Los Dominicos en Las Condes, pero el daño ya estaba hecho. El gobierno, por primera vez, invocó la ley antiterrorista para perseguir al responsable. Incluso, una imagen del supuesto autor fue difundida en forma exclusiva por un medio escrito: El Mercurio.

El diario nacional que ha estado en permanente polémica por su irrestricto apoyo a la dictadura, que incluso llevó a realizar grotescos montajes periodísticos para ocultar crimenes, publicó la imagen de las cámaras de seguridad de Metro con el presunto responsable. Imagen «filtrada» por la policía al diario de Agustín Edwards y que retrataba a quien perseguir. Hombre, con casaca o parka roja completa con capucha. El periódico no tuvo problemas para identificarlo como el hechor antes de que concluyera la investigación y que las pruebas fueran certeras. El mismo día de la publicación (este miércoles 16 de julio) como se aprecia en la foto de esta crónica, el acusado y perseguido con la ley antiterrorista (arriesgando más de 40 años de presidio), llegó hasta la 47ª Comisaría a identificarse y aclarar que él no es el culpable. Carabineros lo interrogó y, efectivamente, Pablo Riquelme, maestro de construcción de 25 años, no tuvo nada que ver con el bombazo. Tenía un tema pendiente en Chillán en una pelea callejera.

El Mercurio y el Papa

El episodio no es la primera vez en que El Mercurio hace uso de su «singular» poder para dar información de «primicia», en que los acusados de cometer delitos son identificados en sus páginas y desencadenando una persecución contra los supuestos violentistas.

En abril de 1987, el Papa Juan Pablo II visitó Chile y llegó hasta el Parque O Higgins, donde se desató una gran revuelta entre los asistentes y que fue reprimida por Carabineros, a los que acusaron de abuso de fuerza. El Mercurio publicó en su portada, como se observa en la foto de esa fecha, los rostros y nombres de Iván Enrique Barra Stuckrath y Jorge Ernesto Jaña Obregón, miembros de la JJ.CC, como los responsables de iniciar los desmanes. Ese mismo día (cerca de las 01:00) fueron apresados desde sus hogares por la CNI, la policia política de Pinochet, llevados a centros de detención donde fueron torturados por cerca de 10 días, y presentados ante la justicia como culpables por la famosa portada de El Mercurio.

Ambos jóvenes, luego de un sinnúmero de torturas y de la «culpabilidad» decretada por El Mercurio, quedaron absolutamente libres por falta de pruebas. De hecho, la propia CNI, las policias y el juez, comprobó que ni siquiera estuvieron en el parque.

Pero el tema no quedó como si nada hubiera pasado. Por medio de la Vicaría de las Solidaridad, los afectados demandaron por injurias y calumnias a Agustín Edwards, a la sazón director de El Mercurio, quien se defendió diciendo que la información de la identidad de los responsables fue entregada por el Ministro Secretario General de Gobierno de la dictadura, Francisco Javier Cuadra. Sin embargo, el dueño del diario no pudo evitar su responsabilidad al no investigar los datos. Fue el único caso en que fue procesado y cumplió tiempo en prisión (2 horas).

Segunda vez y todavía no aprende

foto_MEREl secretario general del Colegio de Periodistas, Patricio Martínez, recordó que «El Mercurio nunca reconoció su culpa, el año ‘87, cuando se comprobó que las personas que se colocó en portada, señalando que ellos habían participado de los disturbios, nunca se disculpó, tampoco hubo una nota editorial».

Esta sería al menos la segunda vez en que el diario de circulación nacional atenta contra inocentes con este tipo de acusaciones. Martínez cuestionó el nivel de ética en el que se desempeña el diario y explicó que el afectado puede presentar una denuncia

«Es impresentable. Tenemos un Código de Etica que sanciona este tipo de faltas. Es grave porque es un diario que tiene más de 100 años de vigencia en Chile y que no pueda contrarrestar las fuentes, que tenga una segunda, y menos publicar una foto y datos de una persona»

«Los ciudadanos de este país deberían estar preocupados porque cualquiera podría ser responsable para El Mercurio por algún delito que no cometió y podría aparecer en su portada o páginas interiores», concluyó el dirigente gremial.

Por la honra…

El abogado Héctor Salazar fue uno de los juristas que participó en la Vicaría de la Solidaridad cuando la acusación sin fundamentos en contra de los jóvenes inocentes del Parque O Higgins fue respondida con acciones legales de la organización de la Iglesia Católica que defendía los Derechos Humanos. Para él, lo que esta vez hizo el diario de Agustín Edwards vuelve a revelar los nexos «oscuros» entre este sector del periodismo y la policía, en que «se levantan noticias que después resultan ser falsas».

«Esta es la típica filtración que se hace de información a los medios a través de periodistas que se prestan para ello, y que puede implicar imputaciones y formulaciones de personas inocentes. Si, efectivamente, en la hipótesis de que era un sospechoso efectivo, es la peor manera de investigar, porque se le da la señal para que evada y se esconda», dijo el abogado.

Además de las acciones que se puedan tomar por parte del Colegio de Periodistas, Salazar explicó que existe el fundamento para las acciones legales, bajo el concepto de injurias y calumnias que «podría tener base porque la persona afectada fue exhibida como un delincuente terrorista a la opinión pública de manera nacional, y alguien tiene que responder por eso».

«Lo más razonable que uno puede esperar en una situación como el atentado en el Metro es que se trabaje silenciosamente en la investigación para no dar señales o pistas falsas o filtrar información que puede frustrar el objetivo.