El silencio cómplice de la derecha

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manos3_2-723x364Hace poco revisando la red, leí una opinión que acusaba el silencio cómplice de la Nueva Mayoría en el conflicto venezolano, al parecer lo escribió alguien cercano a la derecha, en ella critica la “vocación pro derechos humanos” del oficialismo. Ello me ha hecho poner seria atención en la desequilibrada y maniquea instrumentalización del discurso de los Derechos Humanos con fines políticos por parte de nuestros sectores más conservadores, y no sólo de ellos, sino de parte importante de jóvenes que alzan sus voces como verdaderos paladines de los derechos de todas las personas. Está situación me parece en extremo preocupante, los DD.HH. son un valor compartido y propiedad de toda la humanidad, que está por sobre el terreno de la instrumentalización de partido alguno, y ello porque la sociedad así lo ha querido.

Como joven estudiante de Derecho, he trabajado y deseo dedicar mi vida a trabajar por la defensa y realidad de los DD.HH., claro que desde mis legítimas convicciones de izquierda (pues como dice Ferrajoli, no hay nada más fascista que defender la neutralidad del derecho), y me entristece ver cómo compatriotas solo defienden los Derechos Humanos cuando quien los vulnera es un sistema político que constituye una verdadera amenaza al discurso capitalista. Es cierto, en Venezuela las cosas no están bien, existe una grave crisis política y social, que lamentablemente, el democráticamente electo gobierno bolivariano no ha podido revertir, e incluso se ha incurrido en excesos, como encarcelar líderes opositores (incluso algunos con cargos representativos subnacionales) por expresar en panfletos su anhelo de un fin inmediato del gobierno democrático (claro está que por más golpistas que sean sus intenciones debemos estar por el diálogo democrático y la libertad de expresión, y desde la izquierda estar claros entre la tensión permanente entre apoyo y crítica).

Pero ¿acaso se ha visto a los sectores de nuestra derecha clamar por los DD.HH. alguna otra vez? No vamos tan lejos, como Venezuela, quedémonos aquí en Chile. La UDI aún no borra de sus ejes programáticos el legado del gobierno militar, recordemos el dolor de nuestro país, cuántas familias quebradas, mujeres violadas, personas torturadas, solo por el hecho de pensar distinto. Veamos cuantos jóvenes de derecha son capaces de publicar o de decir fuerte y claro, al día de hoy, que condenan el gobierno militar y su legado de violaciones a los DD.HH. ¿Dónde está su defensa por la integralidad del ser humano?

Miremos la realidad del concierto internacional. Estados Unidos desde 2001 ha iniciado y amparado un aparato internacional de violaciones masivas a los DD.HH., en su propio territorio, así como auspiciando a otros países a desregular las normas protectoras de las personas, generando un verdadero espiral de terrorismo de Estado y de anulación de todo derecho a un debido proceso. Es más, hoy contamos con sentencias de Tribunales Internacionales que confirman estos hechos y que han iniciado un tímido camino para revertir esto (TEDH, Al Nashiriv v. Poland, 2014). Sigamos con otros ejemplos, en México, un país que sigue en un rumbo de violencia, donde nos encontramos con un Estado que en vez de garantizar los más básicos derechos reprime y castiga a sus ciudadanos por expresar sus anhelos de vivir en un país mejor, hace poco murió en manos de la policía mexicana un profesor jubilado en una marcha. ¿Les suena parecido a Venezuela? Pero aún no veo a ningún líder de nuestra derecha pronunciarse.

No necesitamos a políticos histéricos porque existe un gobierno socialista, necesitamos políticos que sin importar su tienda política defiendan la democracia y los DD.HH. Hoy Venezuela requiere más que nunca una salida constitucional, no vaya a ser que los dichos de Mujica cobren realidad.

Solo cuando nuestra derecha asuma un compromiso firme con los DD.HH. a todo lugar, podremos hablar de un país que se reconstruye sin miedos. Por mi parte, miro con total aprehensión este encarcelamiento del discurso de los DD.HH. con fines totalmente ideológicos, los derechos humanos son de toda la humanidad, por más que su origen sea individualista hoy, expresan ese anhelo de paz, igualdad y verdadera libertad, que es un discurso que todo proyecto político que se considere democrático debe defender.

Al final del día se debe hacer la reflexión de que tenemos que dar la pelea por recuperar un buen sentido de la libertad, no uno que se exprese en la mera participación política de los que pueden, sino en la participación de todos. Como izquierda hay que prestar a suficiente atención a todas estas críticas al proceso bolivariano, que en realidad no pasan de ser meros oportunismos para cerrar el paso a cualquier transformación que la ciudadanía intente realizar, aterrorizando sobre la idea misma de democracia.

Manuel Yañez