Ellos no son pro-vida, son anti mujer

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foto_0000000120140526151152-723x364Hace ya hartos años el humorista norteamericano George Carlin en una famosa rutina logró desnudar aquello que se encuentra latente en el pensamiento de los que se autodenominan “pro vida”, a saber, su repulsión hacia las mujeres. En dicho ácido monólogo, Carlin señaló: “No son pro-vida, ¿saben qué son? Son anti-mujer; a ellos no les gustan las mujeres. Piensan que la función de una mujer es ser una yegua de cría para el Estado”.


Ser “pro-vida” no es defender únicamente la existencia de un feto, sino que consiste en luchar constantemente porque las condiciones laborales y los sueldos de nuestros semejantes sean pensados para un ser humano

¿Por qué no hemos impugnado la idea ampliamente esparcida de que quienes se oponen a la despenalización del aborto son aquellos que deben poseer el mote de “pro-vida”? Considero que quienes históricamente han mantenido a Chile retrasado respecto a políticas públicas acerca de la natalidad o la sexualidad son precisamente quienes no merecen dicho título, o, de merecerlo, sería únicamente basado en la utilización de un concepto excesivamente limitado de lo que quiere decir vida.

Para esta gente, vida significa únicamente el mantenimiento de las funciones vitales de un organismo humano, soslayando toda consideración respecto a si esa vida puede desarrollarse íntegramente, esto es, mantenida con dignidad. Lo anterior francamente no les importa. Y es aquí donde se entrecruzan tanto la forma de razonar conservadora como la hegemonía neoliberal respecto a la forma en que se piensan los derechos: si la vida únicamente consiste en la pervivencia de un organismo humano, entonces, la única ocupación del Estado respecto a ella tiende al mínimo, es decir, a asegurar únicamente el acceso a una camilla de partos o al cuidado de una matrona en un hospital de la periferia con sobredemanda. Ni hablar de los derechos sociales de la persona nacida, recordemos que de ahí en adelante todo el compromiso, incluso militante, se esfuma.

Quienes estamos a favor del aborto, ya sea ante cualquier eventualidad o en los tres casos que contempla el proyecto del Gobierno, no somos anti-vida. Entendemos que debe protegerse el aspecto orgánico de ésta, pero también comprendemos que “vida” quiere decir algo más, que se mezcla con aspectos culturales, sociales e incluso económicos que los “pro-vida” dejan de lado.La vida humana, además de lo ya mencionado, es una vida que merece ser vivida, es decir, que cuenta con todos los medios idóneos para su nacimiento, estabilidad y progreso; que no refiere únicamente a la estadía intrauterina, sino que debe ser protegida y estimulada durante todo la existencia de un ser humano, la que es definida por estándares normativos (valorativos) y no meramente biológicos. Debe ser la comunidad política la que decide qué comprende globalmente una vida, no la tecnocracia médica. La riqueza de este enfoque es que su integralidad nos permite tomar postura tanto en este tema como frente al suicidio o la eutanasia, sin recurrir a malabares argumentativos.

De allí que forzar a una mujer que ha sido violada, o que está embarazada de un feto inviable sea todo menos “pro-vida”, ya que se le coacciona por medio del aparato estatal a vivir precisamente una vida indigna.

Finalmente, ser “pro-vida” no es defender únicamente la existencia de un feto, sino que consiste en luchar constantemente porque las condiciones laborales y los sueldos de nuestros semejantes sean pensados para un ser humano; en defender una educación que busque la integración de la comunidad y el desarrollo de un pensamiento crítico por fuera del mercado o en cuidar nuestro planeta de un modo de producción que tiende precisamente a destruir este lugar habitable, acabando con la vida, que como los conservadores no comprenden, es un proceso que comenzó hace millones de años.

Isaías Urzúa Guerrero

via elquintopoder