Empatía en peligro: crianza, medicamentos y el ADD/ADHD

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Si tu compañero(a) sentimental regresa de su trabajo indiferente, no comparte contigo sobre cómo estuvo su día y en lugar de ello se dedica a textear, hablar por teléfono o a descomprimir sus ánimos con las redes sociales, tus amistades muy probablemente no afirmarán que tiene problemas de comportamiento sino que ustedes tienen un «problema en la relación» que resolver. 

En cambio si un niño(a) actúa del mismo modo, muchos padres tenderán a pensar que el niño tiene problemas de comportamiento y que deben buscar la forma de controlar ese comportamiento. A simple vista podemos apreciar que existen dos varas para medir las relaciones familiares o interpersonales y que los niños, en muchas ocasiones, no gozan del lugar privilegiado que pensamos que les corresponde. 

El autor de Scattered: How Attention Deficit Disorder Originates And What You Can Do About It, Dr. Gabor Maté, relató en una entrevista realizada por Democracy Now!, a finales del año pasado, que la circunstancia antes descrita es percibida por los niños de otro modo. En la clínica en la que Maté trabaja, los niños argumentan que el problema inicial en la relación proviene de los padres. Que son ellos los que tienen problemas de comportamiento y no al revés. Por eso es que prefieren «conectarse» virtualmente con sus pares en vez de con sus familiares. Ojo: con sus pares a través de la tecnología… 

En el mundo infantil, según los expertos en desarrollo psicológico y afectivo, estas conexiones con la virtualidad son peores que en el de los adultos, pues desencadenan en bullying, ostracismo, exclusión, insultos y negatividad. Entonces: ¿qué es tan llamativo de la virtualidad en línea que hace que los más pequeños se sientan protegidos?, se preguntarán algunos. Aquí va: en ese «lugar» no existe el compromiso del amor incondicional ni la aceptación, algo que a ellos les preocupa. 

Seamos realistas; a los adultos, después de todo, nos cuesta asumir compromisos en general, pero abrazar el ideal de amor incondicional es algo realmente sobrecogedor. ¡Pues para los niños lo es todavía más! Esto es precisamente lo que les crea inseguridad, de modo que para protegerse a sí mismos se cierran, se endurecen. O se vuelven cool y nada les importa. «Ser cool es una ética», explica Maté. «Es lo que perciben de los videos, ser cool, agresivo y no mostrar emociones reales». 

De acuerdo con Dr. Bessel van de Kolk, profesor de psiquiatría de la Universidad de Boston, las condiciones en las cuales los niños se están desarrollando son tan corruptas y problemáticas en las últimas décadas que el modelo bioquímico para que el cerebro se desarrolle de un modo normal no está presente en muchos niños. Aseveró más, el abuso infantil es uno de los asuntos más preocupantes en la política pública de los Estados Unidos. 

Las estadísticas relacionadas al ADD o AD/HD (en español: Desorden por Déficit de la Atención/Hiperactividad) son realmente penosas. De acuerdo con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, ha habido un aumento de 22% de niños diagnosticados con uno de esos trastornos, o lo que es igual, hay un millón de niños más enfermos desde el 2003. Asimismo, estadísticas canadienses afirman que en los últimos cinco años ha incrementado un 43% la dispensa de medicamentos para tratar ADD o ADHD. Según Maté, sería justo hablar de la destrucción en la niñez norteamericana a causa del nuevo modelo del ADD y ADHD. 

Existe cerca de medio millón de niños en Estados Unidos que son tratados con medicamentos antipsicóticos fuertes, iguales a los recetados a esquizofrénicos para regular las alucinaciones que sufren; con la chocante diferencia de que los niños son medicados con el fin de controlar su comportamiento no sus delirios. «Lo que redunda en un masivo experimento social para controlar el comportamiento de niños, pero a fuerza de químicos«, aclara Maté, apenas sin considerar las consecuencias que estos fuertes antipsicóticos tienen en los infantes. 

En otras palabras, lo que se está haciendo es corrigiendo un problema cuyo fundamento está en la desconexión familiar, en la degradación de la buena crianza que está siendo reemplazada por químicos. Aunque ciertos tipos de drogas ayudan en determinados casos, el problema no debe sustraerse sólo a ello. No se trata de salir en campaña fervorosamente en contra de este tipo de medicamentos, lo crítico y tóxico es que éste sea el patrón en el 80 por ciento de los problemas en los que se diagnostica alguna irregularidad en el comportamiento infantil. Son pocas las instituciones que salen en defensa de un mejor ambiente familiar o ponen en perspectiva el tradicional medioambiente escolar, que ineficazmente logra que los niños creen vínculos emocionales saludables. 

Hay zonas en la corteza prefrontal del cerebro cuyo trabajo es regular nuestro comportamiento social. El cerebro, esa sede compleja donde abundan los centros de placer – y que aún los científicos no conocen bien sus mecanismos exactos de control – nos provee empatía y capacidad intuitivaNos provee comunicación y receptividad hacia los otros. Nos provee un sentido moral. Por lo tanto, hay que dejar que funcione de la manera más organizada y natural posible. 

Estudios recientes realizados por psicólogos de la Universidad de Notre Dame revelan que esos son precisamente los factores condicionantes que están afectando a la sociedad; que los diagnósticos de Déficit de Atención o Déficit de Atención con Hiperactividad son sólo una parte de los problemas psicológicos que los niños sufren en la actualidad. Muchos niños y jóvenes crecen hoy día sin esa empatía, sin el sentido de responsabilidad ni la sintonía con sus semejantes debido a que las condiciones para que el infante se desarrolle sanamente son escasas cuando no son nulas.