Empresarios que se enriquecieron en dictadura y que cayeron en desgracia

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Carlos Alberto “Choclo” Délano y su socio, Carlos Eugenio Lavín, fueron juez y parte en la privatización de los seguros en el país a fines de los ’80, tras lo cual forjaron la fortuna del holding Penta. Hoy están en el ojo del huracán, al igual que otros empresarios que se enriquecieron en la dictadura y que han debido enfrentar el escarnio público.

Carlos Alberto Délano
Hace unas semanas, la periodista María Olivia Monckeberg, autora, entre otros libros de El saqueo de los grupos económicos al Estado de Chile dio una entrevista a este medio en la que contó cómo Carlos Alberto “Choclo” Délano y su socio, Carlos Eugenio Lavín, fueron juez y parte en la privatización de los seguros en el país a fines de los ’80, tras lo cual forjaron la fortuna del holding Penta. También explicó cómo los protagonistas de su investigación, que se enriquecieron durante la dictadura, poco a poco han ido perdiendo poder. “Hay que ver cómo han caído estos personajes, aunque después se repongan, han estado golpeados, el grupo Cruzat-Larraín, por ejemplo, cayó estrepitosamente. Y a varios les está pasando: José Yurazeck, el zar de la electricidad, cayó en medio de escándalos; Julio Ponce Lerou está complicado por el caso cascadas, y mira a Álvaro Saieh, que se benefició con las facilidades de compra de Copesa y el Banco Osorno y que hace un año atrás está enfrentando problemas”, dijo.

The Clinic Online decidió seguir la pista de las palabras de Monckeberg y aquí está la lista de quienes se aprovecharon del fisco y han caído en desgracia.

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José Yuraszeck: El “Pepe”, prominente militante de la UDI -llegó a presidir la Comisión Política- es uno de los rostros emblemáticos de las privatizaciones. Partió colaborando con Pinochet en Odeplán y luego saltó a controlar las empresas estatales eléctricas para pavimentar el camino hacia el mercado. Desde esa posición privilegiada, armó sociedades que le permitieron quedarse con la electricidad.

Monckeberg, Premio Nacional de Periodismo, lo relata así: “En noviembre de 1983, fue designado gerente general de la entonces empresa estatal Chilmetro (distribuidora de la electricidad en la región metropolitana), presidida por Juan Hurtado Vicuña. Desde ese puesto clave, encabezó el proceso privatizador de la compañía de electricidad y se privatizó con ella. En julio de 1987, impulsó la fabricación de sociedades que se conoció como ‘Operación Chispitas’. A través de ese procedimiento, Yuraszeck y otros diecisiete ejecutivos tomaron el control de las sociedades inmobiliarias Luz y Fuerza y Los Almendros generadas en nombre del ‘capitalismo popular’. Con ello, alcanzaron el poder en la propia Chilmetro, hoy llamada Enersis. Gracias a Enersis llegaron al control de Endesa”.

En lo formal, el proceso se denominó “capitalismo popular”, es decir, se suponía que del Estado la empresa pasaba a ser propiedad de sus trabajadores. No fue así. “Se constituyeron dos sociedades de inversiones ‘mellizas’. Las formaron 19 ejecutivos de la empresa Chilmetro.  A una se la bautizó como Inversiones Civiles Chispitas Uno y a la otra, Inversiones Civiles Chispitas Dos. Se estableció que el uso de la razón social correspondería a seis de los socios, encabezados por el entonces gerente de Chilmetro, José Yuraszeck. Con un mínimo de cuatro para tomar acuerdos, estos ejecutivos tendrían plenos poderes de administración. Sólo en caso de muerte o retiro de la sociedad, los administradores podrían ser reemplazados. Con el control de Chispitas amarrado, los ejecutivos abrieron la posibilidad a los otros trabajadores de aportar sus acciones (…) La gerencia de Chilmetro -es decir, el mismo Yuraszeck- invitó a los funcionarios de la empresa a incorporarse al ‘Plan Chispazos’ -así denominaron ellos mismos la operación- y formar parte de la sociedad, con el objeto de permitir a los trabajadores optar al 20% de la compañía”.

Ya en democracia, y como zar de la electricidad, Yuraszeck tuvo nuevas prácticas cuestionables al intentar traspasar Enersis a Endesa con ventajas considerables para él y sus socios. “Suscribió un contrato de compraventa entre los que se denominaban ‘los gestores claves’ y Endesa España por el 51 por ciento de las acciones serie B de las Chispas que estaban en manos de los siete socios. El precio por acción convenido inicialmente en la transacción para el paquete era de 249 millones de dólares, de los cuales 200 millones se pagarían al contado y el resto, a treinta días pagadero en acciones de Endesa España”.

“El escándalo provocado por las ventajosas condiciones que obtenían los ex funcionarios llevó el caso a los tribunales y al Congreso, mientras que Yuraszeck y su grupo de ejecutivos debió retirarse de la empresa y quedaba sólo en las intenciones el ‘pacto de gestión’. Pero se retiraron con 500 millones de dólares en los bolsillos. A Endesa España, por su parte, le resultaría más largo y costoso lo proyectado originalmente tomar el control de Enersis primero y después de Endesa, pero finalmente concretó su aspiración y se quedó con las empresas chilenas”, narra Monckeberg en su investigación.

El caso fue conocido como el “negocio del siglo” y en él estuvo implicado incluso Sebastián Piñera, quien primero reclamó por haber sido perjudicado por Yuraszeck y luego aprovechó, siendo senador, de mejorar las condiciones para sí mismo.

En la ocasión, declaró que “yo negocio con el que me ofrece mejores condiciones. Pero la gran diferencia es que lo hago como dueño y sin representar a nadie”.

La última joyita de Yuraszeck fue la amonestación que recibió por parte del Tribunal de Honor de la ANFP por un incidente en que trató de mentiroso a Jaime Estévez de la UC cuando quien faltó a la verdad sobre su encuentro a solas con un juez de línea, fue él.

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Julio Ponce Lerau: El ex yerno del fallecido dictador Augusto Pinochet, es todo un ejemplo de manejos turbios. Incluso durante el régimen su rápido enriquecimiento llamó la atención. Empezó en la empresa Celulosa Constitución Celco en 1978, posteriormente fue designado gerente de empresas de la Corfo y cuando el 83′ le dieron el cargo de gerente general de la entidad, Pinochet debió sacarlo del cargo.

“Entre el 73 y el 83, este señor que no tenía más que su título profesional, era un potentado. Al interior incluso de gente que apoyaba a la dictadura, se comenzó a cuestionar la presencia de este ex yerno”, detalló Monckeberg en su publicación.

Con una solidad posición económica, logró, tras pasar por su directorio, quedarse con Soquimich y la Sociedad de Inversiones Pampa Calichera. ¿Cómo lo hizo? Entre 1986 y 1988 Corfo le vendió el 93% de las acciones en 7.237.000 de UF, precio bastante menor a las 12.766.000 UF en que había sido estimado por los expertos. El “subsidio” benefició directamente a Ponce Lerou, quien se convirtió en el Patrón del Litio.

Empezó a tambalear con el llamado “Caso Cascadas”. Según estableció la Superintendencia de Valores y Seguros -que aplicó en el caso un multa de 164 millones de dólares- entre 2008 y 2011, Ponce Lerou estableció, junto a sus amigos Aldo Motta y Patricio Contesse, gerentes generales de las sociedades Cascada y Potasios, un esquema en que sociedades vinculadas realizaron operaciones financieras para dejar disponibles importantes paquetes de acciones para su remate en el mercado. Luego los recompraban a un precio mayor: la pérdida la asumían el resto de los accionistas; las ganancias, Ponce Lerou.

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Álvaro Saieh: Gran parte de la fortuna de “el acaparador sin límites”, como denominó Monckeberg a Saieh en su libro Los magnates de la prensa, se forjó en dictadura.

El dueño de Copesa estudió Ingeniería Comercial en la Universidad de Chile y posteriormente realizó una maestría y un doctorado en la Universidad de Chicago en Estados Unidos. Cuando retornó al país, fue empleado en el Banco Central y se hizo cargo del posgrado de Economía de la Universidad de Chile conocido como “Escolatina”. Había aquí, relata Monckeberg, un convenio especial para oficiales del Ejército por lo que fue clave en que las ideas privatizadoras saltaran de la esfera de los Chicago Boys a las Fuerzas Armadas. Allí también hizo nexos clave, como su alumno, el coronel Manuel Concha Martínez, quien llegó a ser ministro de Economía y presidente del Banco Central. Con él coincidió, por ejemplo, en el directorio de la Empresa Nacional de Explosivos, donde Saieh fue el único civil. Su cercanía con los Pinochet incluyó una asesoría financiera a Lucía, una de las hijas del dictador.

Sus buenos vínculos le sirvieron a la hora de hacer negocios.

“Ha tenido ojo para comprar y ha sabido vender, removiendo el tablero con más de un golpe calificado de magistral. Como aquella vez, en 1996, en que vendió el Banco Osorno al español Santander en casi quinientos millones de dólares, y una década antes le había costado apenas diez”, comentó Monckeberg en su libro.

Así también se hizo con Copesa a mediados de los ’80. La empresa, que estaba en manos de Gonzalo y Germán Picó Domínguez y adeudaba 1.137.742 UF. Para salvarla, el Banco del Estado se quedó con el 70% de las acciones de Malán Inversiones S.A., principal accionista de Copesa. Y luego se las vendió a Álvaro Saieh, Carlos Abumohor y Alberto Kassis, todos amigos del régimen, en sólo un tercio de la deuda original. Todos los movimientos para realizar este rescate, incluidas las polémicas ‘permutas’ de créditos que vinieron después, significaron una pérdida de 273.503 UF para el Banco del Estado.

Hoy Saieh enfrenta una de sus peores crisis financieras. Este año debió suspender el proyecto televisivo La 3 TV luego de la crisis del holding detonada por el caso SMU, donde hubo errores en los estados financieros, cuestionamientos por operaciones de financiamiento desde Corpbanca y un castigo en el mercado a sus bonos por la posibilidad de un default.

manuel cruzat

Los Cruzat-Larraín: Este grupo, conocido como la cantera de los “pirañas” como lo denominó Monckeberg en su libro, fue creado por Manuel Cruzat Infante y su primo Fernando Larraín en los años ’70 y 80, y con él llegaron a manejar 110 sociedades (700 empresas) y concentrar el 5% del PIB nacional. Cruzat y Larraín se enriquecieron a más no poder en dictadura y ya en esa misma época comenzaron a caer vertiginosamente.

Aprovechando la corriente neoliberal llegó a ser propietario de Consorcio Nacional de Seguros -con el que se quedó después Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín-, del Banco de Santiago, Cruz Blanca, Provida, Ladeco, Watt’s, CCU, Santa Carolina, Celulosa Arauco y Copec.

En el ’83, tras la crisis económica y un alza insostenible de sus deudas, fue intervenido por el Estado y se quedó con sólo un 8% de sus activos.

En el ’92, Cruzat se separó de Larraín y empezó otra vez a crecer a través del holding Cruz Blanca. Volvieron los problemas y debió vender su nueva joyita.

Se repuso, como siempre, con dos empresas que colapasaron el año pasado Curauma -3.000 hectáreas para desarrollos inmobiliarios en la V Región- y Capitales, de la que se desprenden CB Corredores de Bolsa y portales de internet como miscuentas.com. Falabella demandó a esta última por apropiación indebida de 40 millones de dólares.

Ivonne Toro Agurto