Guarello y la corrupción en el fútbol: “La FIFA Nostra”

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guarello-230x230Eugenio Figueiredo, ese dirigente uruguayo miembro del inventario de la Conmebol y la FIFA que vemos rondando por acá desde 1975 o antes, tiene legítimas razones para sentirse ofendido. La Interpol lo ha detenido por hacer lo que siempre hizo, pero nunca nadie le reprochó: ser un dirigente del fútbol profesional. Todas las acusaciones que caen sobre él y los once restantes imputados (organización mafiosa, fraude, blanqueo de dinero), son elementos cotidianos de la actividad, casi normales. Es decir, son parte esencial del balompié rentado. “Son” la FIFA.

A pocas horas de la segura reelección de Josep Blatter al mando del organismo, la orden de detención emanada por un tribunal de Nueva York viene a confirmar lo que todos saben, todos comentan, miles de veces ha sido publicado, se ha denunciado en cientos de foros y ha sido exhibido con descaro por los dirigentes del fútbol mundial: su ostentoso, delictivo, dictatorial y grosero manejo del fútbol mundial.

La FIFA o el “negocio que se llama fútbol” como lo bautizó Joao Havelange cuando se hizo del poder en 1974, ha sabido por años sortear los embates de la justicia, o incluso los cuestionamientos de la decencia más básica, por su descomunal tamaño y su hábil diseño: sólo los dirigentes del fútbol podían sancionar a los dirigentes del fútbol ¿Y qué provocaba esto? Un “todo vale” cuya única prohibición era salirse del margen y traicionar a la FIFA. Igual que la Camorra o la Cosa Nostra, el único pecado es la delación, abrir la boca, denunciar en la justicia. Por su lado robar, explotar menores, mentir, traficar influencias, arreglar apuestas, falsificar eran parte del todo, un detalle, casi una necesidad para que el circo siga sus funciones.

Cuando alguien como Figueiredo o el trinitario Jack Warner o el inconmovible venezolano Rafael Esquivel se agencian un lugar en la estructura, saben que es para siempre. Repito la figura retórica: igual que los iniciados de la Cosa Nostra, una vez adentro, sólo son removidos con un balazo en la cabeza. En la FIFA el balazo es una sanción chapucera como las que sufrieron hace tres años Joao Havelange y su ex yerno José Texeira. En el intertanto, pueden pasar cuatro décadas.

Este texto fue publicado originalmente en Chile.as.com.