La culpa siempre la tiene el Partido Comunista

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1974709952_46762ddbf2_b-723x364Hace semanas, y debido a los resultados del oficialismo en las municipales, la Democracia Cristiana congeló las relaciones con el gobierno. “Con la DC no se juega”, decía su presidenta, Carolina Goic, a diversos medios que dejaban entrever en sus editoriales un favoritismo hacia la decisión del partido.


Todo es culpa del partido de Gladys por levantar las ideas que tienen, pero sobre todo por llevar ese nombre que muchos les causa espanto y a otros cargo de conciencia por haber querido erradicarlo de la cultura nacional sin lograrlo.

Que los falangistas ya no estaban cómodos, que faltaba una coalición realmente de centro y que gobernara con grandes grados de moderación, eran algunos de los comentarios de distintos políticos y comentaristas de la plaza. En la elite no habían dos opiniones: los democratacristianos estaban siendo maltratados en la Nueva Mayoría.

La responsabilidad, como siempre, la tenían los comunistas. No se sabía muy bien por qué, pero en cada intervención en la que tenían posibilidad de hablar, integrantes de la cúpula DC, con su tono meloso y poco claro, apuntaban al sector de izquierda del conglomerado solamente por ser ellos. Por haber cometido el gran error: entrar a formar parte de un mismo terreno político con el partido de Frei Montalva.

Frente a esto los medios de comunicación sólo encendían el megáfono y reproducían lo que los extremistas de centro decían mientras se quejaban de no tener una gran relación con el gobierno y la Presidenta. Todo indicaba que la DC podría ser el gran aliado para la derecha debido a su inconformidad reaccionaria con todo lo que La Moneda pretendiera hacer escuchando a un PC que, seamos sinceros, no ha sido muy escuchado tampoco.

Pero el periodismo hegemónico y militante crea realidades y construye antagonismos y razones que los motivarían. Por ello es que no extraña que hoy el Partido Comunista– que tal vez es el más socialdemócrata de los de su especie a lo largo de la historia- sea señalado como el responsable de un “radicalismo” inexistente que existe sólo en las mentes de quienes no quieren cambiar nada, pero no lo dicen muy fuerte por miedo a revelar su conformidad con un relato.

Por estos días, lo que señalo se ha visto claramente graficado en las reacciones de cierto oficialismo mental frente a la negativa del PC frente al reajuste de los empleados públicos propuesto por la administración Bachelet. Es evidente cómo los mismos diarios y canales de televisión que veían en la intransigencia del partido de Goic, al no sentarse en el comité político, algo así como un valor y un heroísmo republicano, hoy, con la actitud de los comunistas, identifican un extremismo y el espíritu mismo de esa retroexcavadora que nunca encendió su motor realmente.

Todo es culpa del partido de Gladys por levantar las ideas que tienen, pero sobre todo por llevar ese nombre que muchos les causa espanto y a otros cargo de conciencia por haber querido erradicarlo de la cultura nacional sin lograrlo.

La derecha mental de este país aún no puede aceptar que el PC siempre haya sido más demócrata que ella y no haya cumplido con sus temores totalitarios que solamente existían en las cabezas del poder mientras este apoyaba a una dictadura militar criminal para así exterminar todo rastro de colectivismo.

El Partido Comunista resulta amenazante a quienes construyeron una democracia dejándolos de lado por veinte años. Es inaceptable para el partido de la flecha que en una coalición que se hace llamar de “centroizquierda”, la izquierda esté representada e intente hacer valer su opinión, porque el prejuicio que tienen acerca de esta es más fuerte-y conveniente- que la realidad.