La economía como arma política

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Las alarmas desde el establishment empresarial y político hace rato se encendieron en torno a las reformas anunciadas por el gobierno de Michelle Bachelet, señalando como gran culpable de la desaceleración económica a la Reforma Tributaria y los otros cambios contemplados en el programa de la Nueva Mayoría. El discurso que ha logrado instalarse, ya ha generado dividendos. Lo que en opinión de diversos economistas carece de fundamentos y se enmarca en una campaña que busca proteger el statu quo, frenando cambios de fondo, para mantener las altas tasas de ganancias que obtiene el mundo empresarial con las cosas tal como están.

fotoicare-230x230Apuntar a la Reforma Tributaria y a los cambios que el gobierno de Michelle Bachelet ha anunciado en temas educacionales y laborales, se ha convertido en la tesis preferida del mundo empresarial, de la oposición e, incluso, de actores de las propias filas de la Concertación, para culpar de la desaceleración económica que vive el país.

La idea, inaugurada a mediados de 2013, y en medio de la campaña presidencial, por el ex ministro de Hacienda Felipe Larraín, ha ido ganando vuelo en la voz de diversas figuras de la oposición política, que van desde el ex Presidente Sebastián Piñera, los presidentes de RN y la UDI o el ex senador gremialista Jovino Novoa, hasta empresarios como el economista y socio y director ejecutivo de Econsult, José Ramón Valente.

La prensa tampoco se ha quedado fuera. Los medios tradicionales, como El Mercurio o La Tercera –este último de Álvaro Saieh–, así como los canales de televisión, han hecho eco de las alarmas instaladas desde la elite frente a las reformas, dando una mínima cobertura a los actores que defendían la reforma original y, luego, tras el polémico protocolo de acuerdo entre la Alianza y el oficialismo, señalándolas como el factor principal de la desaceleración económica.

El ex senador UDI Jovino Novoa, el viernes señalaba en El Líbero –el nuevo medio digital del ex ministro de Sebastián Piñera, Gabriel Ruiz-Tagle, y el ex ministro de Pinochet, Hernán Büchi– que “nosotros no tenemos la capacidad comunicacional del gobierno y tenemos que atajar goles, y nos cuesta plantear nuestras ideas”. En su opinión, el país “está parado” gracias a la Reforma Tributaria.

Según Alberto Mayol, “lo único que se defiende aquí es la tasa de ganancia. Y los cambios estructurales a la que terminan de golpear es a la tasa de ganancia. Les pones más regulación a ciertos mercados como el agua y aumentas la tributación, le quitas el FUT que en la práctica da flexibilidad infinita para defraudar al sistema y la que cae es la tasa de ganancia. Ese es el corazón de lo que están defendiendo”.
Pero hay sectores que no comparten esta visión, entre los que se cuentan el director para el Hemisferio Occidental del Banco Mundial, Alejandro Werner, el director ejecutivo del banco norteamericano JP Morgan, Vladimir Werning, o la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bársena, que ven en factores externos y ligados a la minería la razón de los problemas que hoy enfrenta el país, así como varios países de América Latina. Otros apuntan a que sí ha influido, pero, como asegura el senador y economista Carlos Montes (PS), de una manera “marginal”.

Por su parte, la Presidenta Michelle Bachelet ha negado tajantemente que sus reformas hayan tenido arte o parte en el escenario que tiene al Banco Central, anunciando un recorte de proyección del Producto Interno Bruto (PIB) para este año de 1,75% – 2,25%. Lo que dejó muy claro en “El Informante”, de TVN, donde aseguró que en toda la región las tasas de crecimiento van a la baja, “lo que demuestra que no es un problema de Chile y los cambios que estamos proponiendo”.

Palabras que no calaron en el establishment empresarial, que tiene en la mira al ministro de Hacienda, Alberto Arenas –al que hace unas semanas el presidente de la CPC, Andrés Santa Cruz, propinó una señal de baipaseo político al anunciarle, luego de un encuentro en el Ministerio, que pedirían audiencia a la Presidenta Bachelet al final de la reunión.

La desconfianza y la lejanía con el secretario de Estado no menguaron tras las declaraciones de la mandataria. Dos días después el ex ministro de Transportes de Sebastián Piñera, Felipe Morandé, se sumó a los llamados del columnista Max Colodro –hijo del empresario laguista Marco Colodro– y del rector piñerista de la UAI, Andrés Benítez, en cuanto a sostener que es necesario cambiar de ministro de Hacienda para restituir las confianzas.

UNA HERRAMIENTA POLÍTICA
Para otros economistas y cientistas sociales la desaceleración, tal como lo señalan organismos internacionales, está fuertemente ligada a la minería. Sobre todo a la baja del precio del cobre.

Desde la Fundación Sol, Gonzalo Durán detalla que parte significativa de la actual desaceleración responde a “factores internacionales y que mantienen a la región completa en un escenario de inestabilidad y freno, debido a que los principales socios comerciales, entre ellos, China, comienzan un ciclo de desaceleración interna en 2012. Si en 2009, 2010 y 2011, China promedió 9,6%, en 2012 tuvo un crecimiento de 7,7% y en 2013 igual. Durante el año 2011, cuando Chile creció al 6%, el precio del cobre promedió 4 dólares por libra, en 2012 fue de 3,6 dólares por libra, en 2013 de 3,3 dólares y, en lo que va del año 2014, es de 3,1 dólares por libra , en línea con el enfriamiento de China. Tenemos un país commodity-dependiente, que es fruto de una estrategia de desarrollo fuertemente orientada a potenciar la matriz rentista de recursos naturales. Esto ha provocado crecimientos económicos endebles y regresivos en la fase de enfriamiento de la economía. Crecimientos que en definitiva no son crecimientos distributivos”.

En este contexto, las alarmas en torno a las reformas, en opinión de todos, apuntarían a usar los problemas económicos como una herramienta política. Lo que, según el sociólogo Alberto Mayol, ya ha cosechado logros. Hecho que se refleja, por ejemplo, en el acuerdo con la oposición que sacó el corazón de la Reforma Tributaria, el FUT, porque “el monto recaudado no puede ser el corazón. En Educación seguramente pasará lo mismo. Y ya se destruyó la opción de la Asamblea Constituyente (AC), aunque en realidad nunca estuvo”.

Además, asegura, “están deshaciendo las otras reformas: sobre el agua, laborales, están quedando en compás de espera”.

Todos coinciden en que los cambios que el gobierno planteó como hoja de ruta no tienen absolutamente nada que ver con los problemas que hoy enfrenta el país.

Según el vicepresidente del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA), Manuel Riesco, las alarmas desplegadas en este sentido son “politiquería. Porque intentan sacar ventajas estrechas atribuyendo al gobierno de la Presidenta Bachelet problemas que no se generan debido a su acción, sino que se derivan principalmente de las circunstancias económicas internacionales, de las cuales depende de manera irresponsable el modelo económico que precisamente la derecha ha impuesto en nuestro país”.

Riesco asegura que “lo que está claro es que produce efecto. Con la Reforma Tributaria ellos hicieron una pataleta de padre y señor mío y como controlan los medios principales generan un clima y afectan al flanco más débil de la Nueva Mayoría –o Concertación, porque en la práctica en el Senado hay Concertación–. De esta forma generan que el gobierno se debilite”.

En opinión del economista, crear climas en torno a temas que afectan a los intereses de la elite “siempre ha sido así. Chile es como Arabia Saudita, la elite empresarial aquí está compuesta por jeques sin turbantes”.

Para Alberto Mayol “la derecha chilena vive de la inexistencia de utopías. Ahora volvieron al juego de siempre. La DC en la práctica es la derecha y el empresariado tiene capacidad operacional. Le metieron 50 millones de dólares al CEP en una semana. Se hicieron una Teletón en un par de días con 10 personas. Eso releva la capacidad de decir ‘estamos perdiendo en agenda, hay que invertir’. Y les está funcionando porque el gobierno en la práctica no tiene interés en hacer cambios estructurales realmente, pero tampoco tiene la capacidad de hacer los cambios que prometió, aunque no sean tan estructurales”.

El autor de El derrumbe del modelo, rechaza tajantemente que los problemas con la economía tengan relación con las reformas.

Por su parte, el coordinador de contenido de la Fundación Chile 21, Gonzalo Martner, sostiene que “la relación entre la evolución macroeconómica del último año y las reformas del gobierno es exactamente igual a cero. Lo que hay es el aprovechamiento de una desaceleración económica importante para efectos políticos desde el lado de la derecha a la que adhieren muchos empresarios”.

En este sentido, afirma, “están aprovechando las malas cifras para reforzar la idea de que hay que frenar las reformas. Pero no hay evidencia de que el empresariado haya dejado de invertir o las personas hayan dejado de consumir por la reforma”.

Martner alude a cifras que define como claves. “En el 2013 la inversión extranjera directa en minería sumó 2.295 millones de dólares. En 2012 había sido de 13 mil millones de dólares. En esa caída no tiene nada que ver la reforma. Bachelet ni siquiera estaba gobernando. Una caída de esa magnitud evidentemente impacta el volumen de inversión”. A su vez, agrega que, por ejemplo, la inversión en maquinaria tuvo un incremento de 6,8% en el primer trimestre y de 1,3% en el segundo. La construcción y las Obras Públicas sí están cayendo, pero tiene que ver por una subejecución del gasto en obras públicas, responsabilidad de Piñera hasta marzo y de Bachelet de marzo en adelante”.

El economista asegura que “uno mira los indicadores y no indican que haya una huelga de inversiones por parte de los privados”.

PROTEGIENDO LA TASA DE GANANCIA
Gonzalo Durán explica que la reforma “sí ha influido en la desaceleración, pero parcialmente y principalmente mediante las llamadas profecías autocumplidas”.

Esto, explica, se refiere a que “en este caso los dueños del capital, convencidos de que los efectos de las reformas tendrán efectos negativos sobre la economía y sobre su propia tasa de ganancia, modifican el comportamiento, y transforman –gracias a ellos y a su conducta– algo incierto en una situación efectiva. Ello se obtiene mediante su posición de influencia sobre los medios y sobre los tomadores de decisiones. En materia de Reforma Tributaria, basta con que un grupo de grandes empresarios decidan suspender sus decisiones de inversión para que ello afecte a la economía como un todo. Esa medida tiene dos objetivos: esperar a que las nuevas reglas del juego estén claras –hoy existe incertidumbre–, pero también y muy importante, provocar un freno a la economía y mostrar que la reforma, así como se presenta, provoca efectos negativos –en parte, esa profecía se autocumplió–, con ello, lógicamente, se produce un efecto cascada sobre el resto de la economía”.

Según Alberto Mayol, “lo único que se defiende aquí es la tasa de ganancia. Y los cambios estructurales a la que terminan de golpear es a la tasa de ganancia. Les pones más regulación a ciertos mercados como el agua y aumentas la tributación, le quitas el FUT que en la práctica da flexibilidad infinita para defraudar al sistema y la que cae es la tasa de ganancia. Ese es el corazón de lo que están defendiendo”.

Percepción con la que concuerda el economista de la Fundación Sol, Marco Kremerman, quien asegura que culpar a las reformas de los problemas con la economía en el país está vinculado a “transmitir miedo e inseguridad a la sociedad y comunicar el mensaje de que no es el momento para realizar las reformas. Detrás de ello, más bien opera una señal que es de orden político: es no afectar la tasa de ganancia y con ello el patrón de acumulación a mediano y largo plazo que tiene el empresariado. En Chile el 1% más rico acumula el 31,5% de los ingresos, y eso, los grupos dominantes, no quieren transarlo. La desaceleración en curso, no afecta al gran empresariado: en el primer semestre 2014, la banca obtuvo ganancias un 48% superiores a igual período del año anterior, igual suerte tuvieron otros sectores regulados, como las Isapres y la mayoría de las AFP. Ante eso cabe preguntarse: ¿quién se desacelera cuando Chile se desacelera? La respuesta es clara: quienes viven de su trabajo, el 70% de los trabajadores en Chile que perciben menos de $400.000 con ingresos de su ocupación principal”.