La ideología del CEP

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CEPLos resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) no dejaron indiferente a nadie, todos quisieron darle una interpretación acorde a lo que piensan y postulan, ya sea a favor o en contra de la administración de Michelle Bachelet.

Personeros de la derecha hablaban del “sentimiento de la calle” frente a las reformas que está llevando- o por lo menos está intentando hacerlo- a cabo la Presidenta; según ellos a la gente no le está gustando mucho la forma en que La Moneda está planteando la educación, sobre todo porque lo encuentra drástico, o por lo menos eso es lo que se lee en los diarios.

Desde el oficialismo, en cambio, las preguntas del CEP fueron puestas en tela de juicio debido a que denotaba, según la Nueva Mayoría, una intencionalidad extra buscando así una respuesta de los encuestados que diera un resultado político favorable a la oposición. Muchos adscribieron a esta teoría, descubriendo así algo que estaba en el aire pero que recién hoy, con el clima que se ha formado en torno a las iniciativas del Ejecutivo, lo vemos como algo palpable y concreto: la ideología soterrada de las instituciones que nos parecieron serias en un pasado no muy lejano.

El CEP por años ha sido considerado el gran oráculo de nuestra democracia; sus encuestas, sus estudios y sus opiniones sobre temas de contingencia nacional siempre nos parecieron creíbles porque Arturo Fontaine, su casi sempiterno-hasta que lo echaron- director nos demostraba cierta credibilidad, jactándose así de formar parte de una derecha liberal y al borde de la adicción a la democracia y a lo “democrático”.

Fontaine se mantuvo al frente de esta institución privada hasta que comenzó a invitar a mucho dirigente estudiantil a hablar y debatir sobre el gran tema del 2011 que, como todos sabemos, fue la educación. Eso iba en contra de esa neutralidad hecha a la medida de los intereses de una elite, y sobre todo trataba de mermar una batalla cultural que ya se había ganado, que ya había declarado triunfadores a los llamados fácticos. A quienes habían construido de acuerdo a su dogma una manera de ver y percibir Chile que por mucho tiempo no tuvo discusión alguna.

Las preguntas hechas por el CEP, de la mano de un Harald Beyer mucho más evidente que Fontaine, nos demostraron que lo peor de un proceso de ideologización es cuando dice no serlo, y cuando reniega de la manera en que ha ido transformando los gustos y los intereses de los ciudadanos, negando haber tenido influencia alguna en su manera de pensar.

El hecho de que este lugar de debate y discusión política y económica haya sido uno de los grandes garantes de estabilidad durante la Transición, nos revela de manera clarísima cómo hemos pensado todos estos años sin darnos cuenta, y sin siquiera sospechar lo funcionales que hemos sido a un experimento que dice excluir a la radicalidad de derecha o de izquierda, siendo que el eje del relato ha sido tal vez uno de los más radicales de nuestra historia.

Pinochet y quienes vieron en el al gran capataz que podría ordenarles el fundo, lograron lo que se habían propuesto ya que más allá de las visiones económicas y políticas, lo que hicieron con mucho éxito fue cambiar nuestras cabezas, nuestros antojos y nuestras prioridades. Contra eso es muy difícil luchar, ya que ya son muchas generaciones las que han ido heredado las comodidades de plástico construidas por el neoliberalismo extremo en el que hemos estado sumidos. Esa comodidad que se paga en eternas cuotas y que ha ido de a poco formando parte de nuestros lamentos, nuestros dolores de cabeza y nuestras queridas quejas.

El CEP demostró que ellos son los que tienen el monopolio de lo real, o de lo que dicen que es real junto a lo que dicen que es el sentido común, y lo peor es que recién hoy lo vemos como algo peligroso, luego de todo el agua que ha pasado y de todas las heridas que ha dejado en nuestras tierras esta radicalidad no radical; esta ideología no ideologizada.

Francisco Mendez Bernales
De oficio periodístico. Enfocado en la opinión crítica y escribidor por necesidad (biológica)