La insoportable voracidad del lucro

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dinero-620x415Mientras más avanza la discusión por la Reforma Tributaria, los inefables agoreros no dejan de pronosticar dramas múltiples, por ejemplo, respecto de las alzas que estos cambios implicarán para el bolsillo del ciudadano de a pie. Quienes han tenido las oportunidades de incrementar de manera sistemática sus ingresos, suelen entrar en una suerte de vértigo, de pendiente cada vez más pronunciada, por tener más y más y más, hasta el infinito si es posible.

Y eso hace que nuestra sociedad esté tan enferma, que destruyamos la Plaza Italia, gane o pierda Chile. La inequidad es una enfermedad tan insoportable como la ceguera egoísta de quienes se esmeran en ver que la última línea de sus balances no sea sólo de color azul, sino que indefectiblemente sea mayor que la del balance anterior. Voracidad sin límites.

Por eso el tema del lucro descontrolado es tan dañino. Exacerba la diferencia entre los que tienen y los que no tienen. Anula la posibilidad de que el país sea de oportunidades similares para todos. ¿Por qué mayores impuestos tienen que, necesaria e inevitablemente, implicar aumentos de precios? Sólo porque los dueños no quieren disminuir sus tasas de crecimiento económico (aunque implique decrecimiento moral). ¿Por qué las AFPs suban o bajen los pronósticos de pensiones, mantienen tasas insolentes de rentabilidad para unos pocos? Porque olvidan la razón de ser de esas organizaciones. ¿Por qué las isapres declaran resultados finales en cifras que muchas calculadoras no alcanzan a registrar con todos sus dígitos? Porque sólo quieren exprimir al beneficiario; total, el Estado está disponible cuando el limón ya no da jugo. ¿Por qué se alega casi transversalmente contra el lucro en la educación? Porque educar no es opcional y, por lo mismo, todos queremos lo mejor para nuestros hijos, con la licencia de algunos privados de mercantilizar esta necesidad básica sin sentido ético alguno.

En resumen, simplemente porque en Chile, con ese cortoplacismo egoísta que nos caracteriza, siempre queremos tener más. Casi como si el ídolo máximo fuese tío Rico McPato. Ganar más, aunque no se sepa qué hacer con ese dinero, más allá de guardarlo en recónditos lugares.

El lucro no es malo, por supuesto que no. Por el contrario, es justo y necesario para el crecimiento de la economía, para generar nuevas fuentes laborales y para incrementar la calidad de vida, pero cuando se traduce en una pasión enfermiza y agobiante, en un abuso inmisericorde, como está ocurriendo en nuestro país, tenemos un problema, un grave problema. Mientras no se definan los límites, mientras el sentido común de los mega empresarios brille por su ausencia, estaremos parados sobre un polvorín de efervescencia social muy complejo.

Lo anterior es más insoportable cuando los paradigmas del lucro, en sus niveles ofensivos, tienen que ver con los ejes básicos de toda sociedad: educación, salud, previsión para la ancianidad. Cuando esto ocurre, nadie queda al margen, deja de ser un tema de pocos y pasa a ser asunto de todos. Mientras no se aborden en serio estos ejes, tenemos en nuestras manos una carga muy pesada, porque estaremos una y otra vez volviendo sobre lo mismo, recurrentemente y como decía Nietzsche, el eterno retorno es “la carga más pesada”.

Vuelvo al comienzo. La Reforma Tributaria no tiene por qué conllevar aumento de precios. Que pueden hacerlo, claro que pueden. El punto es qué tan voraces, qué tan depredadores se puede ser. Por lo demás, las tensiones sociales nos afectan a todos. Si cambiamos la actitud, si hacemos de nuestro país un espacio donde la mayor equidad es posible, que cuando todo fluya bien todos estemos mejor y cuando los ciclos económicos van a la baja, no sean sólo unos pocos los que miran las vicisitudes de la mayoría con un vaso de whisky en las manos, tal vez en ese momento podremos presumir que estamos en vías de desarrollo.