La neo burguesía fiscal, lanzas, desvergonzados y saqueadores

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carolina-toha-600-lun_25616Surgimiento de nuevo estamento social, inesperado e indeseado, permite aventurar que la actual crisis política que asfixia al país se encuentra próxima a estallar

Los últimos 10 o 12 meses han dejado constancia de una dura realidad que parece encaramarse burlescamente sobre la dignidad de un país que, por esos mismos efectos, constata la desvergüenza que caracteriza a sus más altos dirigentes,  habituados a la mentira y el engaño.

Lenta pero progresivamente la casta dirigencial chilena fue avanzando en los terrenos de la corrupción hasta hacer de ella una forma de vida… política. Es decir, una manera de conducir empresas y país que la casta política actual cree colindante con lo que es socialmente aceptado, cuestión que por cierto no corresponde al pensamiento íntimo de nuestros connacionales, los que bien sabemos eluden decir su verdadera opinión de manera pública, ya que se encuentran cooptados por las engañifas de una prensa canalla que representa intereses de vivarachos y ladronzuelos recubiertos por capas del almibarado prestigio que poseen algunos de los roles o cargos que temporalmente desempeñan.

El patronaje derechista supo amaestrar a la perfección a sus antiguos adversarios políticos, transformándolos primero en mayordomos del palacio y, luego, en socios efectivos en cuanto negociado atingente a la expoliación del país surgía por doquier. A poco andar, esa relación de patrón-empleado, o de maestro-alumno, varió sustancialmente y, sin temor a equivocarnos, podemos compararla con lo que acaeció entre Antonio Salieri y Wolfang Amadeus Mozart, maestro y discípulo respectivamente, allá en la vetusta Alemania de finales del siglo XVIII. Mozart (el discípulo) superó con largueza al maestro (Salieri), y este fue acusado -injustamente, es cierto- de apoderarse de algunas de las obras de su antiguo aprendiz.

En asuntos de política y economía, la derecha chilena y los vástagos del pinochetismo jugaron el mismo rol de Salieri. La vieja Concertación, cuyos principales dirigentes ya venían con suficiente aprendizaje capitalista desde el exilio en la Europa neoliberal, alcanzó el nivel de Magister junto al término de sus cursos de pregrado. Un logro nada despreciable. Los huevos del águila desaparecieron del nido y Robin superó a Batman… así de claro.

Para los ex izquierdistas (pero jamás ‘allendistas’, porque el hombre del bigote blanco era demasiado consecuente con  su ideología) nunca fue necesario hacerse de riquezas específicamente naturales, como el cobre, el agua, los mares y bosques o los servicios básicos (que formaban y forman parte del arcón de riquezas de los poderosos de siempre, ya que mediante el ‘despeluqueo’ del fisco supieron alcanzar alturas monetarias similares a las de sus antiguos mandantes, hoy socios. ¿La Banca, el retail, la Bolsa, la Industria? No, ¿para qué tanto esfuerzo si bastaba con los ministerios, las subsecretarías, las intendencias, las embajadas, las seremías y, luego, una vez que el sufragio de la ‘gallá’ les fuera desfavorable, pueden integrar directorios de AFP’s o similares, así como también participar en sociedades dueñas de establecimientos educacionales con copago, o de universidades privadas con clarísimos fines de lucro? Ahí estaba la nueva riqueza, en la fuerza de los noventa, parafraseando la canción de “Los Prisioneros” (que se referían a los ochenta).

Sin embargo, para los antiguos ‘rebeldes’ ese plan de engañifas varias requería de nutrientes. Por ello era imprescindible echar mano al discursillo demagógico para embaucar a los desinformados (vale decir, al 70% del electorado chileno). En tales avatares, algunos caudillos de la actual socialdemocracia de Pelotillehue son verdaderos maestros, como Ricardo Lagos Escobar, quien luego de haber discurseado y pontificado por toda la América latina defendiendo el sistema de privatización y de concesiones, tan propio del neoliberalismo salvaje (como lo hizo en Caracas junto a Felipe González y Fernando Henrique Cardoso), y de haber entregado a manos privadas empresas y recursos netamente fiscales, ahora procura regresar a la “casa donde tanto se sufre” a sabiendas que no cuenta con el apoyo electoral de antes y que se encuentra fuera del ranking de los “top ten” de acuerdo a las recientes encuestas de opinión.  A ello obedece entonces sus declaraciones bombásticas que echaron paladas de tierra sobre el gobierno de Bachelet, borrando con el codo lo que su mano escribió y firmó los últimos 16 años. Un doble estándar inaceptable, ya que pretende marear al elector atacando al gobierno en lo que el mismo elector critica, dando la extremaunción a una persona que él mismo, de puño y verso, convirtió en Presidenta de la República. pero, por otra parte, envía claros mensajes al mundillo empresarial diciéndole que si él está en La Moneda las cosas volverán a su lugar de antes.

Si leemos entre líneas, Lagos Escobar está certificando a moros y cristianos que “lo de antes” no es más que perseverar –con otros celos y cuidados- en lo que el duopolio ha venido realizando desde 1990 a la fecha. Ello significa que no se detendrá la arremetida de estos nuevos aristócratas que engordan en la sala cuna llamada Fisco, pues ya tomaron posesión de los servicios públicos y de ciertas ONG’s , clavando banderas en las mentadas “instituciones que funcionan”. Ni siquiera el Poder Judicial quedó libre de tales acciones efectuadas por estos “adelantados” mayordomiles, quienes disputaron palmo a palmo a los viejos tercios pinochetistas la cabecera de las Cortes y de organismos como la Contraloría, el Servicio de Impuestos Internos, la Tesorería, el SERVEL,y cuanta institución que permita contar con cierto grado de poder (o de dinero) existe en el país.

Fue así entonces que una nueva ‘aristocracia burocrática’ tomó las banderas del enriquecimiento inmoral, pero “licito”, según las leyes que ella misma despacha y aplica, ya que mediante el entramado de artículos, ‘otros sí’, legajos y códigos, los viejos discípulos se apoderaron  –para su peculio particular- del aparato estatal, el que fue convertido en una especie de mina de oro desde la cual fluye dinero fresco a raudales y sin interrupciones. A ellos poco importa que el país sea vendido por kilos y por kilómetros, pues lo que de verdad les interesa es continuar ordeñando ese animal llamado Fisco a objeto de embolsicarse el máximo de dinero posible, sin detenerse en cuestiones que en el mundo político de otrora eran consideradas inmorales.

Tampoco se les arruga el alma por asociarse con algunos de aquellos ‘patriotas’ que durante la dictadura (y formaban parte de ella) esquilmaron al país aduciendo que luchaban “contra el comunismo internacional”. Los ex izquierdistas se defienden asegurando que estos son otros tiempos, por lo cual creen no pecar ni venialmente cuando forman pandilla con individuos como Ponce Lerou.

No podría imaginar –es tal vez un mal ejemplo, pero no se me ocurre otro- que en su momento,  Simon Wiesenthal, el “cazador de nazis”, se hubiese asociado comercial y políticamente en Chile con  Jorge Prat, un ya fallecido ex candidato a la presidencia de la República de clara tendencia neonazi, que había fundado el partido de Acción Nacional el año 1963 y era apoyado por el Movimiento Revolucionario Nacional  Sindicalista. Imposible, verdad? Ni tanto, pues varios ex concertacionistas, incluyendo a Max Marambio, Osvaldo Puccio, Sergio Bitar, Guido Girardi, Carolina Tohá, los hijos del senador Jorge Pizarro, y la mismísima tienda partidista PPD -a través de una pantalla llamada “Corporación Chile Ambiente”- entre muchos otros, incluyendo por cierto a decenas de parlamentarios pertenecientes a la derechista coalición “Alianza por Chile”, estaban financiados directamente por la poderosa ex empresa fiscal SQM (Sociedad Química y Minera de Chile), donde el ex yerno del dictador Pinochet tenía las riendas principales de la administración.

El nivel de corrupción, aprovechamiento ilegal e informaciones privilegiadas para concretar negociados millonarios con dineros preferentemente fiscales, es una constante en el mundillo político actual. Ninguno de los inmorales mencionados en estas líneas merece un solo sufragio de nadie.

El caso de nuestra actual presidenta amerita párrafo aparte. Ella, en este segundo mandato, demostró inequívocamente no poseer ninguna de las cualidades esenciales, ninguna, que exige el cargo de primer mandatario de la nación. Débil de carácter, irresoluta, burocrática en extremo, sin fuerza ni carácter sólido para ejercer liderazgo,  entrampada en disquisiciones propias de un feminismo vacuo y extemporáneo que pretendió presentar en calidad de programa central, con conocimientos sociopolíticos livianitos.

Apoyada en un curriculum adornado por Lagos Escobar y sus secuaces de apellidos Brunner, Ottone y Correa, en esta segunda oportunidad doña Michelle afirmó su estatus político echando mano a su pasado cargo de Secretaria General Adjunta de la Agencia ONU Mujeres.  ¿Secretaria ONU de la Mujer? ¿Y quién dijo que ese cargo, para ocuparlo, exigía conocimientos sólidos en asuntos psicosociales, sociológicos, demográficos, legales, estadísticos y políticos? No mientan, por favor. Cualquier mujer con un par de años de educación post media puede desempeñar el cargo. Recordemos que todo un equipo de profesionales y expertos estaban –y están- a la orden de quien lo administra. Ese equipo es el que escribe los discursos, plantea los objetivos y planifica las tareas. Lo demás, es paisaje.

Nos han engañado desde el año 1988 a la fecha. Pero, hoy, las redes sociales (aún libres y democráticas), se encargan de desnudar veleidades, destapar ilícitos y señalar culpables. La cofradía de entelequias corruptas sienten que el piso sobre el cual están paradas comienza a vibrar, anunciando desplome., pues la neo burguesía fiscal, esa que ha engordado económicamente hasta el hartazgo  mediante la explotación de organismos pertenecientes al Estado de Chile, vale decir, ordeñando las “instituciones que funcionan”, señaladas por el inefable ‘faraón’ de la megaempresa transnacional, Ricardo Lagos Escobar, comienza a sospechar que su tiempo de pastaje tiene fecha de término.

Y si lo anterior  parece claro en ciudades como Santiago, Valparaíso, Concepción o Punta Arenas, resulta  más evidente en comunas del Chile profundo  –pequeñas y/o rurales- ya que en ellas es posible ver con claridad la seguidilla de abultados gastos y  abusos (como inútiles y carísimos viajes al extranjero), despilfarros de dinero en hechos y situaciones que no entregan nada a sus ciudadanos en materias tan sensibles e importantes cuales son Salud, Educación, infraestructura y trabajo; pero, permiten crímenes ecológicos (saqueo de arenas por ejemplo),y una delincuencia imparable y en aumento cada día,  restándole prioridad a materias atingentes a trabajo, viviendas y recreación, sin contar la falta alarmante de servicios básicos como agua potable, luz eléctrica, alcantarillado, asfalto de caminos, veredas, recintos deportivos, plazas, parques, etc.

Si tomamos como referente la honestidad, la honradez, el conocimiento y la entrega total en beneficio de la comunidad y el país, los chilenos –más allá de las bizantinas disquisiciones sobre el bien y el mal en política-  hoy exigen que los representantes elegidos por la sociedad para ocupar cargos en el Legislativo y en el Ejecutivo cumplan cabalmente con las promesas que explicitaron durante sus campañas, cuando procuraban  obtener el  apoyo electoral de  las mayorías.

La pipa se ha llenado con tabaco amargo. La gente, el pueblo, la sociedad civil, los estudiantes y los pobladores y los temporeros, el electorado en general, ,ha dejado de creer en la cáfila de políticos y autoridades  actuales.  Una olla a presión llamada Chile, avisa, (más que amenaza, avisa), que está pronta a la desobediencia civil.  De ahí al estallido social hay un  mero y único paso, pues los chilenos ya hicieron carne lo que 500 años antes del nacimiento de Cristo dijera el rey persa  Ciro, el Grande: «No es digno de mandar a otros hombres aquel que no es mejor que ellos». La neo burguesía fiscal está ya sobre aviso. El llanto posterior nada remediará.

ESCRITO POR ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ