Los niños del último campo de concentración de Corea del Sur

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Advertencia: esta historia puede herir la sensibilidad de algunos lectores

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Han Jong-sun todavía recuerda claramente el momento en que fue secuestrado junto su hermana.

Era un hermoso día de otoño de 1984 y Han, que entonces tenía ocho años, estaba disfrutando de un viaje largamente esperado a la ciudad junto a su padre, que era un hombre muy ocupado.

Pero el padre de Han todavía tenía que hacer algunos recados y decidió que lo más rápido y más seguro sería dejar a los niños con un agente en una estación policial durante unos minutos.

Ese policía destrozaría a la familia.

«Un autobús se detuvo frente a la estación policial y nos obligaron a subir», recuerda Han, más de 30 años después.

«Un oficial de policía le hizo unas señas que no entendimos a las personas que se bajaron del autobús. No teníamos ni idea de adónde nos llevaban. ‘¡Papá nos dijo que esperáramos aquí! ¡Papá viene!’ Lloramos y lloramos. Comenzaron a golpearnos, diciendo que éramos demasiado ruidosos».

El autobús los llevaba a Hyungje Bokjiwon, una instalación privada que oficialmente era un centro de asistencia social.

Pero en realidad, alegan los que lo sobrevivieron, fue un brutal centro de detención que mantuvo a miles de personas en contra de su voluntad, durante años.

Un «campo de concentración»

Según los testimonios y las pruebas reunidas, los detenidos fueron utilizados como mano de obra esclava en sitios de construcción, granjas y fábricas durante las décadas de 1970 y 1980.

También fueron presuntamente torturados y violados y cientos murieron en condiciones inhumanas.

La instalación en Hyungje Bokjiwon ha sido comparada con un campo de concentración, pero su historia no es ampliamente conocida, y nadie, hasta el día de hoy, ha sido responsabilizado de las atrocidades que supuestamente ocurrieron dentro de sus muros.

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Para Han y su hermana, su llegada fue el comienzo de una pesadilla que duraría tres años y medio y cambiaría para siempre el curso de sus vidas.

‘Proyectos de purificación social’

En la década de 1980, Corea del Sur pasaba por un auge económico: había logrado un crecimiento increíble, superando las cicatrices de la Guerra de Corea en la década de 1950, después de la cual la península se dividió en Norte y Sur.

Todo el país estaba entusiasmado por los Juegos Asiáticos de 1986 y los Olímpicos de Seúl de 1988, y el gobierno comenzó a impulsar los esfuerzos de cambio de marca de la nación.

Pero detrás del llamado «Milagro del río Han» había una realidad brutal y oscura.

A man yelling at children carrying bricks

En abril de 1981, llegó una carta a la oficina del entonces primer ministro Nam Duck-woo.

La carta, escrita a mano por el presidente Chun Doo-Hwan, un exgeneral que había tomado el poder mediante un golpe militar un año antes, ordenaba a las autoridades «tomar medidas enérgicas contra la mendicidad y los vagabundos».

Bajo la ordenanza que permitía la detención arbitraria de personas sin hogar, se establecieron centros de bienestar social y comenzaron a aparecer autobuses con letreros que decían «Vehículo de transporte de vagabundos» en grandes ciudades como Busan.

Estos centros de asistencia social, en su mayoría instalaciones privadas, recibieron subsidios del gobierno en función de la cantidad de personas que albergaban. Al mismo tiempo, se cuenta que la policía era recompensada por «purificar» las calles al enviar personas a estos centros.

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Supuestamente, los que dormían en las calles, las personas discapacitadas, algunos niños huérfanos e incluso ciudadanos comunes que simplemente no mostraban su identificación cuando se les preguntaba, eran llevados a los centros como parte de los «Proyectos de purificación social».

Hyungje Bokjiwon fue uno de ellos, no muy lejos de una zona residencial en la ciudad portuaria de Busan, en el sureste.

El propietario, Park In-guen, a menudo insistía en que su misión era alimentar, vestir y educar a los vagabundos.

En el papel, las personas que llegaban a estos centros solo debían estar encerradas durante un año, recibir capacitación y luego ser liberadas de nuevo en la sociedad.

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La realidad para muchos fue que la próxima vez que volvieron a ver a sus amigos y familiares fue en 1987, cuando los centros se vieron obligados a cerrar después de que más de 30 reclusos fugados denunciaran lo que realmente estaba sucediendo detrás de sus paredes.

«Vida en prisión«

Choi Seung-woo, otro sobreviviente de Hyungje Bokjiwon, tenía 13 años cuando lo montaron en un autobús cuando regresaba a casa de la escuela.

«Un oficial de policía me pidió que parara y comenzó a buscar en mi bolso», le dijo a la BBC. «Había media barra de pan, un resto de mi almuerzo que me dieron en la escuela».

«Me preguntó de dónde robé el pan. Me torturó, quemándome los genitales con un encendedor. No dejaba de golpearme, diciendo que no me dejaría ir a menos que confesara el ‘crimen'».

«Solo porque quería ir a casa, mentí. ‘Lo robé, lo robé. Por favor, déjame ir…'»

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Aproximadamente 10 minutos después de verse obligado a confesar un delito que no cometió, llegó un camión y fue forzado a entrar. Choi dice que ese fue el comienzo de su «vida en prisión».

Pasó casi cinco años en Hyungje Bokjiwon y durante ese tiempo dice que vio y experimentó violencia sexual y física brutal.

Para mantener el control de los internos, asegura, el centro estaba organizado como un ejército.

Choi fue asignado a un pelotón, bajo el mando de otro recluso que se había convertido en un líder de pelotón, lo que le daba autoridad para «educar a otros» y le permitía tácitamente usar la fuerza física.

«El líder del pelotón y algunos otros muchachos me quitaron toda la ropa y vertieron un balde de agua fría sobre mi cuerpo».

«Mientras intentaba dormir, tiritando desnudo, el líder del pelotón vino otra vez y me violó. Lo hizo durante tres noches consecutivas hasta que me transladaron a un pelotón diferente».

A man pours water on another man

Choi tardó solo una semana en darse cuenta de que «estaban matando gente allí».

«Vi a un tipo con una túnica blanca arrastrando a un preso por el piso», dice. «Parecía muerto. Estaba sangrando por todo el cuerpo. Sus ojos rodaban hacia atrás. Al tipo de túnica blanca no le importó en absoluto y seguía arrastrando al hombre a algún lado».

«Unos días más tarde, un tipo mostró cierta resistencia al hacerle preguntas prohibidas al líder del pelotón como ‘¿Por qué estamos atrapados aquí? ¿Por qué somos golpeados?’

«Cuatro personas vinieron y lo enrollaron en una manta. Lo patearon por todo el cuerpo hasta que se desmayó, echando espuma por la boca. Lo sacaron envuelto. Nunca regresó al centro. Sabía que lo habían matado».

Un «infierno»

Cuando llegó al centro con solo 8 años de edad, Han dice que era el más joven de su pelotón y que generalmente le daban trabajo manual, como doblar sobres o hacer palillos de dientes.

Recuerda el lugar como un «infierno».

«Lo único que me proporcionaron del centro fue un conjunto de trajes de entrenamiento azules, zapatos de goma y una pieza de ropa interior de nailon.

«Raramente tuve la oportunidad de ducharme. Tenía piojos por todo mi cuerpo. Comíamos pescado podrido y arroz apestoso todos los días, literalmente todos los días. Casi todos los internos estaban desnutridos».

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«Cuatro personas dormían en una cama pequeña. Las violaciones ocurrían todas las noches en la esquina del dormitorio».

Incertidumbre

Algunos padres intentaron recuperar a sus hijos. La familia de Choi buscó por todas partes a su amado vástago.

Choi dice que su familia intentó presentar denuncias de personas desaparecidas por él y su hermano, que también había sido llevado al centro, pero la policía simplemente los ignoró.

A mediados de la década de 1980, comenzaron a difundirse rumores en Busan sobre personas golpeadas hasta la muerte dentro del llamado centro de asistencia social.

Convencido de que sus hijos estaban allí, el padre de Choi llamó a la puerta de Hyungje Bokjiwon. Su protesta llevó a los gerentes del centro a liberar a los hermanos en 1986.

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Un año después, Park In-guen, que dirigía Hyungje Bokjiwon, fue arrestado. El centro se vio obligado a cerrar.

Sin embargo, la vida después de la liberación no fue fácil.

Choi dice que su vida fue como la de una «bestia». Su hermano se quitó la vida en 2009.

«Todavía era un vagabundo a los ojos de la sociedad. Solo podía vivir una vida de vagabundo, de una bestia. Nadie nos dio una mano. Fuimos marcados por el Estado. Siempre que contaba que había estado en Hyungje Bokjiwon, la gente me tenía miedo».

Esperando justicia

Un informe realizado por el entonces partido de la oposición y publicado en 1987 concluyó que más de 500 detenidos murieron bajo trato inhumano durante los 12 años que Hyungje Bokjiwon estuvo en funcionamiento.

Pero nadie ha sido responsabilizado por sus muertes, ni por los presuntos abusos contra los derechos humanos que tuvieron lugar allí.

Park, el dueño del centro, finalmente fue sentenciado a dos años y medio de prisión, pero solo por malversación de subsidios estatales. Murió de causas naturales en 2016.

Han Jong-sun and Choi Seung-wooDerechos de autor de la imagenCHOI SEUNG-WOO
Image captionHan y Choi han protestado para pedir justicia.

Dos años después, el fiscal que dirigió la investigación inicial sobre Hyungje Bokjiwon confesó que «había una presión externa del gobierno militar para detener la investigación… y exigir una sentencia reducida para Park».

Ese mismo año, el entonces fiscal general Moon Moo-il se disculpó formalmente por los fracasos iniciales y solicitó que la Corte Suprema revisara el fallo contra Park, admitiendo que «no se llevó a cabo una investigación adecuada».

Han nunca ha perdido la esperanza de una investigación adecuada: ha estado protestando frente a la Asamblea Nacional de Corea del Sur desde 2012, exigiendo una investigación estatal sobre Hyungje Bokjiwon.

Choi se unió a él en 2013 y a principios de este mes, organizó una protesta en la azotea y luego fue llevado a un hospital. Sigue asistiendo a sesiones de psicoterapia regularmente.

Renace la esperanza

Sin embargo, hay algo de esperanza: un nuevo informe del gobierno de la ciudad de Busan, al que tuvo acceso BBC Korea, muestra claramente que Hyungje Bokjiwon no era el centro de asistencia social que afirmaba ser.

Todos los 149 exreclusos, incluido un «líder de pelotón», que participaron en una encuesta dijeron que fueron detenidos por la fuerza. Un tercio de ellos tiene una discapacidad y más de la mitad no recibió una educación adecuada.

El equipo detrás del informe, dice el profesor Park, también cree que «había una sala de tortura escondida dentro de la oficina de Park In-guen».

El informe también muestra que el centro de Park se benefició de la política sistemática de segregación apoyada por la administración Chun durante la década de 1980.

Ahora hay indicios de que aquellos encerrados en Hyungje Bokjiwon finalmente podrán obtener la justicia que tanto esperaban: el 20 de mayo, la Asamblea Nacional de Corea del Sur aprobó un proyecto de ley ordenando que las acusaciones sean revisadas nuevamente.

Al día siguiente, el presidente Moon Jae-in, que participó en la investigación en 1987 como miembro de la Asociación de Abogados del Distrito de Busan, dijo que «siempre había lamentado no haber revelado adecuadamente la verdad en ese momento», y ordenó una nueva investigación.

Es una pizca de esperanza para Han, que le ha llevado a incluso suspender su protesta frente a la Asamblea Nacional.

«No creo que pueda perdonar al gobierno y a las personas relacionadas por permitir que sucediera lo que sucedió. Sin embargo, si logran revelar lo que realmente pasó en la instalación y ofrecer una disculpa oficial por las víctimas, trataré de perdonar. Lo haré«.

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Las ilustraciones utilizadas en esta historia están basadas en dibujos de uno de los sobrevivientes de las instalaciones, Han Jong-sun, y fueron editadas por Davies Surya.