Los postergados de siempre. Los profesores chilenos y su relación con la Reforma Educacional

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En medio de la discusión apasionada sobre los diversos alcances del actual proceso de Reforma Educacional existe un actor social que a pesar de su rol trascendental en educación, no es considerado en el momento de la elaboración, aprobación, ejecución y evaluación de las políticas públicas educacionales, ni en el pasado ni en el presente; a saber, los profesores y profesoras que se desempeñan en las aulas escolares de todos los niveles educacionales y en todos los sistemas educativos existentes.

En efecto, los profesores están ausentes de la discusión pública sobre la educación de calidad, gratuidad, dependencia, temas de amplio debate en los medios, pero donde solo tienen voz el gobierno, los políticos partidarios del mismo, los de oposición, la Iglesia Católica, los demás sostenedores privados, los municipios, la prensa y todo aquel que tenga la oportunidad de opinar sobre la pertinencia o no de los cambios educacionales.

¿Por qué el sector más interesado e involucrado en los posibles cambios educacionales no aparece con un planteamiento público claro, categórico ante los demás actores públicos?

En primer lugar, la organización gremial que los representa, el Colegio de Profesores, que desde la importante lucha por recuperar la democracia, a partir de los años noventa se fue desgastando, negociando la mayoría de las veces algunas mejoras salariales y laborales en 23 años. Sin embargo, dicha institución carece de la fuerza convocante suficiente como para posicionarse como una fuerza social que logre hacerse escuchar públicamente.

En segundo lugar, los profesores, carecen de unidad, si bien todos se quejan de las condiciones salariales, no poseen ni la capacidad, ni la posibilidad de unirse en las instancias decisivas, pues los profesores de los colegios particulares no tienen opción de movilizarse, la mayoría no tienen sindicatos porque son amedrentados por sus respectivos sostenedores, los profesores de los establecimientos municipales que están más organizados, tampoco representan por si mismos la fuerza suficiente como para presionar por sus reivindicaciones. Además, hay distancia entre los profesores de los distintos sistemas, lo que termina por debilitarlos al momento de ejercer su voz.

Los profesores no creen en la futura Reforma Educacional, pues todos, mayores y jóvenes, han vivido experiencias de Reformas, algunos los más antiguos sufrieron la municipalización y la creación de los colegios particulares subvencionados, a muchos les ha correspondido ser testigos de la Reforma de los años noventa y los sucesivos ajustes, y en todos estos casos, los profesores estuvieron ausentes de la discusión no solo técnica sino también pública de los cambios educativos. Por ende, ¿Por qué debería ser distinto en esta ocasión?.

Finalmente, la clase política ha demostrado un absoluto desinterés por escuchar la opinión de los profesores, no solo eso, sino que visualizan a los docentes como un obstáculo más a enfrentar en medio de la vorágine en que se ha transformado la reforma educacional.

¿Por qué no interesa la perspectiva de los futuros ejecutores de los cambios educativos?. Acaso tiene que ver con una mirada de la élite política, social y económica que percibe a los docentes como un sector que no está validado para opinar sobre la discusión pública de las reformas educativas.

Como sea, es un error estratégico no incorporar en la discusión sobre los cambios educativos a los profesores, como también lo es no generarles los espacios reales (la llamada consulta a los profesores realizada hace unos meses atrás sobre los cambios educativos quedó a discreción de los sostenedores su aplicación, además de ser realizada días previos a la presentación del proyecto ley respectivo del gobierno) para que aporten en la forma que se ejecutarán los cambios. Los profesores no tuvieron mayor participación en la elaboración de la política educativa, si siguen marginados en los pasos posteriores, no se les podrá exigir el compromiso con dicha política, manteniendo de esa forma a los profesores postergados como siempre.

Sergio Baeza Cabello
Profesor de Historia y Geografía
Licenciado en Historia
Diplomado en Gobierno y Gestión Pública
Egresado de Magíster en Historia y Ciencias Sociales
Como educador, ciudadano, humanista y demócrata, estoy comprometido con la construcción de una sociedad democrática, inclusiva, justa y libertaria.