Nacer engrillado

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9210954145_ac2a4ab4ab_o-723x364Estas últimas semanas nos hemos enterado de múltiples casos de violencia contra la mujer. Violencia en múltiples contextos, mujeres de diversas edades, historias que traspasan el dolor a cada uno de nosotros. Impotencia, de no haber podido ayudarlas.

Parir engrillada, rodeada de hombres que no pertenecen al entorno familiar de ella, es impedirle a esa mujer dar a luz a su bebé que no tiene culpa del delito por el cual se encuentra presa.

Y en este escenario, ayer nos enteramos de la denuncia que realizó un familiar de una mujer a la cual aparentemente parió engrillada y rodeada de gendarmes. ¿Cómo es posible que como humanidad hayamos llegado a este límite de violencia?

Su nombre es Lorenza Cayuhan, cumple condena por robo con intimidación y receptación. Entró a la cárcel estando embarazada y parió a su bebé en un hospital engrillada y con altas medidas de seguridad. #Niunamenos se ha transformado en la consigna en los últimos días, y ayer ¿qué nos pasó?

¿Qué ser humano es más vulnerable que un recién nacido? ¿quién es más susceptible de ser violentado que una mujer – mapuche – pariendo?

Nacer engrillado, nacer con miedo, nacer en un entorno violento. Formas de nacer lo más alejadas de las recomendaciones de expertos, organizaciones internacionales sanitarias y marcos legales sobre recursos humanos y atención de salud.

Sheila Kitzinger dice que “… el ambiente propicio para dar a luz es exactamente el mismo en el que uno hace el amor”. Qué ambiente le brindaron a ese bebé, siendo observado por varios hombres con armas, procurando cumplir con su trabajo en vez de garantizar los cuidados de este ser humano que no tiene nada que ver con sus procedimientos. Hombres que estaban ahí no para acompañar a esa mujer o apoyarla en el parto, sino para prevenir su eventual huida.

Hasta cuándo los procedimientos o reglamentos pasan sobre los derechos de las personas. No hay excusa que valga en esta situación. Ni un protocolo, ni una orden, nada. Desde hace años se ha luchado por humanizar las prácticas hospitalarias de atención al parto, entendiendo que es este período la clave para el bienestar de la mujer y el niño/a, para la instalación de la lactancia, para el desarrollo de apego, para la prevención de complicaciones intra y postparto. Ayer tanto Gendarmería como la Clínica de la Mujer del Sanatorio Alemán en cuestión faltaron gravemente a su responsabilidad. Proteger, no violentar.

Las experiencias adversas en la infancia, considerando la vida prenatal, marcan fuertemente la salud integral de ese ser humano. Mientras más estrés acumule en etapas críticas de su vida, mayor susceptibilidad tendrá de padecer trastornos o tomar decisiones que limiten sus potencialidades. Sabemos que ese niño/a estará en los primeros meses de vida extrauterina en la cárcel junto a su madre (si es que un tribunal no lo separa de su madre mediante una medida de protección), por qué no procurarle al menos una experiencia de nacimiento amorosa, protectora y justa.

Una mujer con alto niveles de estrés durante el trabajo de parto, va a requerir intervenciones avanzadas que suplan lo que naturalmente no se pudo dar. Mayor uso de oxitocina, mayor riesgo de cesárea, mayor riesgo de hemorragias, peor recuperación postparto, mayor necesidad de uso de anestesia, mayor riesgo de problemas para amamantar, etc. Parir engrillada, rodeada de hombres que no pertenecen al entorno familiar de ella, es impedirle a esa mujer dar a luz a su bebé que no tiene culpa del delito por el cual se encuentra presa. Es vulnerarla, ya que ponen en riesgo no sólo el bienestar de la mujer y el bebé, sino también su integridad física. Lorenza fue sometida a una cesárea, amarrada a una camilla, probablemente sin posibilidad de parir vía vaginal o sea intervenida innecesariamente. Esto se llama violencia obstétrica. 

Vivimos en una sociedad con altos niveles de violencia, gran preocupación mediática por los delitos, demasiados casos de maltrato contra y entre las personas, uno se cuestiona cómo hemos llegado a querer destruirnos a nosotros mismos y lo que nos rodea. Algunos postulan que los orígenes de la violencia está en la anestesia emocional que se desarrolla a medida de que crecemos; la falta de empatía con otros seres que tiene sustentos biológicos, explicados, entre otras causas, por la violencia con que está naciendo el ser humano. Lo que le hicieron a Lorenza y a su hijo/a no tiene explicación, y no podemos seguir permitiendo que tales situaciones ocurriendo en ninguno de nosotros, ni en mujeres, ni niños, ni hombres.

“Cuando el proceso de nacimiento se vea como un período de suma importancia en el desarrollo de la capacidad de amar, ocurrirá la revolución en nuestra visión de la violencia” Michel Odent