Neoliberalismo 3.0

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Todos sabemos que el 11 de Septiembre de 1973, no solamente fue derrocado el gobierno del presidente Salvador Allende y su intento fallido de un estado socialista chileno con sabor a empanada y vino tinto, sino también el cambio de rumbo de nuestra nación, más aún, el sometimiento a un experimento social y económico bautizado como “Neoliberalismo”, impuesto por los civiles que participaron del gobierno militar y después avalado por la Concertación.

Después de 44 años de estar inmersos en el laboratorio de la Escuela de Economí­a de Chicago, y de haber pasado a la etapa 2.0, la Globalización, ahora estamos en plena transición a la tercera y quizás la más dura de todas, la 3.0 que incluye igualarnos a la sociedad asiática en cuanto a su productividad y lo más significativo, “la cultura de la rentabilidad”.


El boom de la economía chilena ha dado paso a la precariedad de los empleos, al chantaje al que está siendo sometido el trabajador occidental versus el sometimiento del trabajador oriental, esta es la nueva etapa del capitalismo, la antesala al retorno de la esclavitud.

Hay que acostumbrarse a la palabra “rentabilidad”, nos va a seguir en todo orden de cosas, es nuestro padrón de medida para todo lo que hacemos y especialmente para los negocios, las inversiones y afecta directamente al empleo, especí­ficamente a los trabajadores. Esta en marcha un plan que incluyó en su primera etapa 2.0, hacernos más productivos, se nos dijo que los chilenos trabajábamos mucho y producíamos poco en comparación a los países desarrollados y ahora quieren hacer más rentable el negocio disminuyendo los salarios y beneficios de los trabajadores 3.0, se nos convenció que estábamos en tiempos de crisis y que debíamos aceptar la reducción de los sueldos y beneficios para seguir entregando a los dueños del negocio los mismos niveles de rentabilidad o sea, recuperar su inversión en los mismos plazos y condiciones pactados como si la crisis afectara solamente a los trabajadores y no a los inversionistas, esta polí­tica incluye a las autoridades económicas y a los gobernantes que, so pretexto de cuidar la inversión y la economía del país, aceptan esta realidad.

Para servir a esta cruzada empresarial, se han adoptado medidas, se han implementado acuerdos y se han coludido para cerrar proyectos, renegociar contratos, uniformar las condiciones y beneficios laborales y restar fuerza a los pocos sindicatos que aún subsisten. Ejemplo de esto son los despidos de trabajadores de compañí­as mineras, el intento de reemplazar a los trabajadores antiguos con contratos colectivos vigentes por trabajadores nuevos con remuneraciones y beneficios inferiores, se han reformulado las licitaciones de las empresas contratistas reemplazandolas por otras con costos inferiores, la empresa X que ofrecí­a un sueldo X, dio paso a la empresa Y que ofrece un sueldo hasta de un 50% menos a pesar de ser del mismo dueño pero con diferente nombre.

El boom de la economía chilena ha dado paso a la precariedad de los empleos, al chantaje al que está siendo sometido el trabajador occidental versus el sometimiento del trabajador oriental, esta es la nueva etapa del capitalismo, la antesala al retorno de la esclavitud.

Lo lamentable de todo esto es el futuro que le espera a las nuevas generaciones, a los jóvenes que están estudiando y que tienen el sueño de tener alguna participación de la riqueza acumulada por unos pocos y que a medida que crece el país y el mundo pareciera que aumentará la brecha entre los trabajadores y el dueño del capital.