Política sudamericana: tres honestos y un ladrón

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Revuelva el naipe, saque cuatro cartas: Illía, Mujica, Piñera, Allende… y ordénelas. No es difícil hacerlo. La Historia le ayudará; la Historia, la indesmentible.

El mismo martes once de septiembre de mil novecientos setenta y tres, a las 23:00 horas, desde la Junta Militar emanó una orden que viajó urbi et orbi dentro de los estamentos de las fuerzas armadas, los tribunales de justicia y los departamentos de investigaciones de amabas policías, la uniformada y la civil.

Había que “rastrear” hasta el último centavo la “fortuna económica de Allende” para demostrarle al país y al mundo cuán ladrón, corrupto y anti patriota había sido el fallecido presidente sociaalista, aunque a decir verdad, la intención principal apuntaba a dotar a la novel Junta Militar de argumentos que validaran ante los ojos de la sociedad chilena el grave atentado a la democracia y a la Historia que había cometido en esa jornada.

Decenas de profesionales de las fuerzas armadas y de las policías, así como de los Tribunales de Justicia, de la Contraloría General de la República y del Servicio de Impuestos Internos  –abogados, contadores, auditores, ingenieros comerciales, etc.- trabajaron durante más de un año hurgando en la vida y bienes del asesinado mandatario sin encontrar nada que lo incriminara.

La Junta Militar, entonces, decidió guardar silencio respecto del tema y este quedó sepultado bajo el polvo de los calendarios. Salvador Allende no le había robado ni birlado un solo centavo al estado de Chile. Muchos años más tarde –décadas después, en realidad- el ex coronel Oscar Coddou Vivanco (compadre de Pinochet y primer Secretario de Guerra de la Junta Militar) reconoció en una cena de cierre de negociación colectiva con la directiva del sindicato de profesionales de INACAP  -instituto que él dirigía por mandato de su “compadre”- que “al presidente socialista no le encontramos un maldito dólar mal habido” (restaurante “El Parrón”, Providencia, Santiago; octubre 1983).

Este caso me lleva al pasado, a una época en la que mayoritariamente los grandes líderes eran honestos, honrados, coherentes y consecuentes, virtudes hoy escasas en los almanaques existenciales de aquellos politicastros que tratan de fungir como estadistas.

Recuerdo, por ejemplo, al doctor Arturo Illía, el ex presidente argentino que falleció el año 1983, pobre como un cuasi indigente, pues al morir sólo tenía como exigua propiedad… un par de zapatos. En mejores tiempos, Illía fue médico, “el apóstol de los pobres” se le llamó en Córdoba, pero al llegar a la presidencia de la república en Argentina sus problemas se apilaron en una pirámide imposible de solucionar. Fue derrocado el año 1966 –para variar- por el ejército trasandino encabezado por el inefable general Juan Carlos Onganía.

Antes de abandonar la Casa Rosada (rodeado por  bayonetas y cascos) debió someterse al escrutinio e interrogatorio del Escribano Mayor de la Casa de Gobierno, designado por los militares, a quien confesó que en ese momento sus haberes lo constituían su casa y su consultorio; tres trajes grises; un traje negro; dos sacos sport; tres camperas; cuatro pulloveres; ocho camisas de vestir; cuatro camisas de manga corta; diez pares de medias; tres pares de zapatos negros; un par de chinelas; un deshabillé; una salida de baño; ocho juegos de ropa interior; diez corbatas; tres pijamas; un par de anteojos negros y un portafolio. No tenía auto, ya que lo había tenido que vender durante su presidencia.

El ex mandatario –quien además había renunciado a su jubilación- terminó sus días trabajando en la panadería de un amigo, sin más haberes que aquel par de zapatos ya mencionado.

Algo similar puede decirse también de José ‘Pepe’ Mujica, el ex mandatario de la República Oriental del Uruguay. Hombre austero, de vida sencilla y prosapia pedagógica que molesta a las cofradías políticas actuales (pues la transforma en hechos), terminó su mandato mecido por los vaivenes de los elogios y aplausos de casi todo el planeta.

Tuvo suerte Pepe, eso ni dudarlo. Si hubiese gobernado tal como lo hizo, pero durante los años de las décadas “bravas” manejadas por Washington a través de la política de “seguridad nacional” que originó y apoyó dictaduras como las de Stroessner, Onganía, Castelo Branco, Bordaberry, Pinochet, etc., de seguro nuestro respetado José Mujica habría terminado en una prisión… o en el fondo del mar. Afortunadamente, gobernó después de producido el descrédito mundial respecto de los nefastos y sanguinarios gobiernos militares latinoamericanos.

En fin, ahí tenemos, pues, a tres líderes políticos respetables. Allende, Illia, Mujica. Tres estadistas consecuentes con lo que predicaban y honestos a carta cabal.

Usted seguramente se preguntará: “Ya, perfecto, muy bien… ¿pero, a título de qué escribió este tipo las líneas anteriores?” Le respondo de inmediato, aunque soy consciente que toda comparación es siempre odiosa, más aún en un año de elecciones. Mi respuesta está condensada en las siguientes líneas.

Leo la página web de CNN Chile y (no) me sorprendo: <Diario mexicano arremetió contra Piñera tildándolo de “candidato impresentable”, y en su bajada de título el periódico agrega: “Por primera vez en Chile un candidato presidencial se encuentra imputado por la justicia”>.

La verdad es que no se trata de un diario propiamente tal, sino de una prestigiosa revista, “Proceso”, la cual fue fundada por Julio Scherer Garcia,  considerado como el mejor periodista de México. La revista goza de un gran prestigio debido a sus altos estándares periodísticos a lo largo de sus 41 años de existencia. Ha sufrido varios intentos de censura. Cabe mencionar que algunos periodistas y colaboradores han sido amenazados y asesinados en años recientes. La revista hace periodismo de investigación y expone los actos de corrupción y las malas gestiones de los gobiernos de turno, sin importar de qué ideología ellos sean. Ni a qué país pertenecen.

Según ‘Proceso’ la acusación más grave que afecta seriamente a Piñera tiene que ver con la adquisición, en agosto del 2012, del 9.1% de las acciones de la empresa Pesquera Exalmar S. A., la más grande de Perú, mientras se realizaba el diferendo limítrofe por una zona marítima entre Chile y ese país en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. El negocio y el juicio por el mar limítrofe tuvieron lugar cuando Piñera era presidente y en momentos en que él, supuestamente, tenía activado un “fideicomiso ciego” que –como prometió en su anterior campaña– lo alejaría de toda determinación que pudiera favorecer sus intereses comerciales.

En el largo reportaje de este medio web mexicano hay clara referencia a que el fideicomiso ciego no tenía ninguna validez, a que el gerente general de Bancard visitó al entonces presidente Piñera seis veces en La Moneda, a empresas Zombis que Piñera habría comprado para ahorrar millones en impuestos, a que excluyó de su declaración de patrimonio e intereses las acciones de Exalmar, su participación dominante en LAN, Clínica Las Condes, Chilevisión y en el popular club de fútbol Colo-Colo, entre otras compañías. Lo mismo hizo con sus inversiones en el extranjero, muchas de las cuales siguen el mismo patrón.

Convengamos, además, que la prestigiosa revista mexicana no tocó no con  el pétalo de una rosa ciertos graves ilícitos como la quiebra del Banco de Talca y la colusión de las farmacias, entre otros hechos donde Piñera, o sus representantes, han estado involucrados hasta el tuétano.   Puede parecer exagerado, pero en el estricto sentido de lo concreto, no lo es. Todos los negocios llevados a cabo por Sebastián Piñera están empañados por la turbiedad y tienen aroma a corrupción, a vivarachada. Todos. Desde lo del Banco de Talca y la traición a “la mano que le daba de comer” (Ricardo Claro), hasta el delicado y antipatriota asunto de Exalmar, Perú y La Haya.

No está equivocada la revista mexicana “Proceso” al publicar que “por primera vez (en la historia chilena) un candidato presidencial se encuentra imputado por la justicia”. Y me permito agregar a ello que nunca, en la Historia de Chile, nuestro país tuvo como primer mandatario a un individuo que fue procurado por la justicia y que logró escapar de ella pó maliciosamente gracias a su hermano ministro en la dictadura, y a su tío, un obispo católico en la ciudad de La Serena.

Si la derecha chilena insiste en que un individuo que posee esos antecedentes es su “mejor oferta” para competir por el sillón de O’Higgins, entonces cabe asegurar que el resto del “container” donde reposa ChileVamos y sus adláteres está más contaminado aún. Definitivamente, la política chilena está en un presente oscuro, y su futuro se adivina todavía más negro si los dirigentes de la UDI y RN lograsen imponer a su jefe de pandilla como primer mandatario.