SILENCIO,POR FAVOR… por Fernando Villegas

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por Fernando Villegas

El benéfico uso que el señor Dávalos hizo de su segundo apellido para celebrar un negocio inmobiliario que le forró los bolsillos, a él y señora, con tan sólo convencer al dueño de un banco no de la solidez de sus talentos, sino de la solidez de sus contactos -para lo cual le bastaba mostrar el certificado de nacimiento-, no ha sido para el gobierno ejemplo digno de un libro de texto del “tráfico de influencias”, sino sólo una “polémica”. Así ha motejado la situación quienquiera de La Moneda que haya dado la cara, normalmente el señor Peñailillo. “Polémica”, esto es, suerte de acalorada pero inofensiva discusión académica. Y aún esa despampanante mixtificación le resulta molesta al gobierno, porque revela las entretelas con que está hecho el escenario de su espléndido triunfalismo veraniego; por eso quiere ponerle fin lo antes posible “a la polémica”.
Para lograrlo cuenta con grandes ventajas: la extraordinaria mala memoria de la nación y la negligencia y complicidad de muchos medios de prensa, los que rara vez le dan más de una semana de vida a ningún tema, por relevante que sea. Se pretende además, a la pasada, rotar en 180 grados el significado de los acontecimientos. Ahora, por poco no se nos dice que el hecho de saberse lo de Dávalos y consorte y sus correrías financieras pasa a ser un ejemplo de “transparencia del gobierno”. Y la asimétrica actitud del banco con el hijo de la Presidenta no tendría que ver con un uso consciente de dicha asimetría y la vista gorda de los muchos enterados a priori y a posteriori, sino que sería una saludable lección de sociología que el gobierno nos brinda acerca de cuán poco pareja es la cancha. Es lo que ya hemos llamado la “doctrina Micco”. Como guinda de la torta giratoria, el PS, la tienda a la que pertenece Dávalos, tildó de “digno y valiente” el hecho de que, obligado por las circunstancias, este alarmantemente entrado en carnes y mantequilloso personaje apareciera en cámara balbuceando una larga lista de sus presuntos logros en La Moneda -¡qué gran funcionario del Estado hemos perdido!- y dedicando sólo un minuto para pedir perdón por su poco elegante negocio, excusas pedidas, dicho sea de paso, no al país, sino al gobierno y su coalición.

Evaluaciones

La “dignidad y valentía” de Dávalos, quien dio “un paso al lado” luego de haber dado muchos hacia la oficina de Luksic, es cosa que la ciudadanía, la cual interrumpió su descanso para ser testigo de la ejecución de Dávalos, disfrazada de mea culpa, tendrá que resolver por sí misma, si acaso no lo ha hecho ya. Tendrá también que evaluar al señor Andrade, CEO del PS, quien pese a morder cada día los micrófonos para ladrar acusaciones contra el lucro de fulano o mengano, guardó, en esta ocasión, largo, profundo y respetuoso silencio, suponemos que a la espera de la digna y valiente declaración de su militante. Y tendrá que evaluarse el silencio del señor Teillier, quien suele hacer algo no muy distinto -aunque en tono menos vociferante- a lo que destila diariamente Andrade. Al parecer, los pecados de los ciudadanos son más o menos culposos de acuerdo a la tienda política a la que pertenezcan. Si se pertenece a una colectividad que ha estado recientemente vinculada a un caso muy ambiguo, el de la Arcis, el cual se barrió bajo la alfombra con los más vergonzosos pretextos, incluyendo una “golpiza” a un heroico militante, entonces las “desviaciones” son mucho más perdonables. Son personalismos pequeño-burgueses muy reprochables y que algún día -en la consumación de los siglos, amén- serán sancionados, pero no ahora, compañeros, ¿no ve que estamos luchando contra el imperialismo, la globalización, el lucro, los abusos, el modelo y la inequidad?
A esos silencios cómplices y manga ancha se suman muchos y se restan pocos. La NM casi en completo, tal vez avergonzada no tanto de que se la pille en malos pasos sino de que se sepa, mantuvo la boca cerrada a piedra y lodo.
Pero el silencio más estruendoso de todos fue el de la Presidenta.

Doña Michelle

Las retiradas de la Presidenta, su reflejo condicionado a emprender las de Villadiego, preferentemente fuera del país, cada vez que aparece algo turbio o desagradable, su negativa a hacer acto de presencia allí donde debiera hacerlo, como en la Región de La Araucanía, a lo que se suman sus silencios precisamente cuando tiene que hablar, todo eso es ya sencillamente impresentable. Hoy no basta su sonrisa de medio lado. Y por lo que sabemos no sufre de afonía crónica. La vemos casi todas las mañanas, en la televisión, rodeada de su corte progresista de mediana estatura anunciando medidas y proyectos, y recibiendo, en el bueno y viejo estilo de las asambleas del PCUS, aplausos de la concurrencia constituida por ellos mismos. Dicho sea de paso, este es el primer gobierno de la historia nacional que no busca aplausos, sino que se aplaude solo. De qué significa esa autorreferencia sistemática, lo dejamos a la consideración de los señores psiquiatras.
Lo cierto es que no escuchamos a la madre del reprochado Dávalos decir ni pío. Y, sin embargo, ¿no fue ella quien lo puso a hacer tantas y tan magníficas obras en La Moneda, partiendo por la obra de caridad de darle pega a una docena de sus viejos amigos de universidad y noches de viernes, gente a la que no la conoce nadie pero que ahí estaban, asesorando contra honorarios al genio de los negocios inmobiliarios, al “Tatán”, como por algo lo apodaron en el colegio?

Si Piñera pecó de hablantín y de exponerse en demasía a la malevolencia implacable de sus enemigos, la Presidenta peca de reservada y silente, pero no para proteger profundos y significativos secretos de Estado, sino quizás para proteger el secreto de su carencia de discurso, ideas, planes y protocolos de gestión sobre ningún asunto de Estado, al menos de ninguno que requiera algo más que soltar frases cariñosas acerca de la “inclusión”, el “acoger” y otras blandas y políticamente correctas expresiones por el estilo. Eso tal vez es plausible hacerlo en una amorosa charla dada en un centro de madres, aunque, dicho sea de paso, quizás no tanto en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde perpetró dicho discurso en medio de un respetuoso pero atónito silencio. Esa retórica con cierta fragancia a leche materna tampoco sirve para resolver los acuciantes problemas del país.

Para ser justos, el vacío en lo tocante a ideas inteligentes y eficaces no es monopolio de la presidencia. Aun un tipo notoria y reconocidamente astuto, Nicolás Eyzaguirre, patina por la misma superficial y quebradiza capa de hielo. No es cuestión de personas, sino de constelaciones ideológicas fallidas. Por eso la izquierda, ya sea en su actual encarnación como NM o en cualquier otra del pasado o del futuro, siempre ha manifestado una sobreabundancia de léxico falsamente científico, auténticamente resentido y groseramente populista, junto a una paralela y franciscana pobreza de ideas capaces de promover el crecimiento, la disciplina social y la estabilidad institucional. Aun hoy, habiendo innumerables pruebas históricas acerca de qué funciona y qué no, la izquierda insiste en sus clichés decimonónicos; de ahí su habilidad para demoler y su incapacidad para construir. Cuando eso -una vez más- se revela, entonces se alcanza la etapa de descomposición moral que trae consigo el fracaso y se termina en una profusión de conductas indebidas como las del Primer Hijo de la Nación.
Profusión, Dios mediante, aún no la hay. Son todavía lo que las autoridades de todo gobierno se complacen en llamar “casos puntuales”, pero vale la pena recordar que los casos puntuales muestran siempre una alarmante propensión a crecer exponencialmente. Este cronista no ha olvidado a una autoridad de gobierno que 20 años atrás, en “Domicilio Conocido”, le aseguró que el tema de la droga, las organizaciones que la trafican y todo lo demás era “un caso puntual que sólo abarca algunas localidades del Norte del país”. Bingo