Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño: sometimiento sistémico.

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educa-500x364Al comienzo de la semana pasada se dieron a conocer los resultados del Sistema Nacional de Evaluación del Desempeño (SNED). Lo cual no tiene nada de especial -en relación con lo sucedido en años anteriores-, siendo este estímulo económico otra de las acciones destinadas a cumplir con lo planificado por quienes desde la década de los 80 se han propuesto desmantelar la educación pública y con ello fortalecer la educación particular subvencionada.  Nada de lo que sucede es azaroso, nada escapa de lo ya trazado por Milton Friedman cuando postulaba que era necesario instalar en el sentido común de la población que la educación pública es siempre ineficiente, pues, como diría el economista, “Intenten vender ustedes un producto que alguien anda regalando”. Para crear el mercado educativo era y es necesario destruir la educación pública.


Sistemas escolares que demuestran empíricamente que, no solo no mejora la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, sino que también, desprofesionaliza el accionar de los docentes, obligándolos a actuar en función de metas de mercado y no necesariamente educativas.

Sin embargo, muchos dirán que esto no tiene nada de nuevo, no obstante consideramos necesario insistir en la labor que todo/a docente crítico/a debe ejercer, como es, el desnaturalizar lo que hoy aparece a primera vista como tan obvio: que se premie económicamente a los/as profesores y trabajadores/as de las escuelas con mejores indicadores en las pruebas estandarizadas. Cuestión que se instala como un elemento de validación/premiación de las instituciones educativas por parte de la prensa, de las autoridades de gobierno, y en general, por todos/as quienes defienden a ultranza los dispositivos de control neoliberales. Mecanismos, que por cierto, son cuestionados por gran parte de la academia y por las investigaciones que impugnan la efectividad de los exámenes estandarizados como elemento de mejora de los sistemas educativos.

Por lo anterior, es fundamental poner atención a los académicos e intelectuales que han estudiado y criticado la implementación de políticas educativas centradas en mecanismos estandarizados de evaluación, por ser instrumentos funcionales al mercado educativo, como son los casos de Inglaterra y Estados Unidos (Stephen Ball, Michael Apple, Andy Hargreaves, entre otros). Sistemas escolares que demuestran empíricamente que, no solo no mejora la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, sino que también, desprofesionaliza el accionar de los docentes, obligándolos a actuar en función de metas de mercado y no necesariamente educativas. Lógica similar es la que sustenta la recién estrenada y tan resistida carrera docente.

El SNED, al considerar que la variable central para medir la calidad de los procesos educativos es un evento evaluativo anual (65% del reconocimiento del SNED se basa en SIMCE),  lleva a reducir de sobremanera el sentido profundo del acto de educar. En primer lugar, porque jerarquiza los saberes conforme a los intereses económicos vigentes, despreciando otros. En segundo lugar, con este sistema de medición se ha despreciado la diversidad y los intereses de los/as estudiantes, el conocimiento situado, los aprendizajes significativos y todo aquello que pedagógicamente debemos plantear si queremos en serio asumir la mejora de los aprendizajes y que por supuesto no están presentes en estos sistemas de medición.

En cambio, desde el MINEDUC se insiste con las evaluaciones estandarizas y lo que es más dramático, utilizándolas, con un descaro absoluto, como indicador de mercado y/o como estímulo perverso al rol desempeñado por los/as docentes, haciendo caso omiso de lo que la literatura educativa recomienda y de lo perjudicial que es el hecho de centrarse exclusivamente en las habilidades matemáticas y de lenguaje y, por sobre todo, el invertir millonarios recursos en pruebas para medir su desempeño. Esto es anacrónico con lo que está sucediendo en las escuelas y termina por reprimir una de las capacidades fundamentales de la cual surgen los aprendizajes más profundos, esto es, la creatividad. Llevando a la escuela a transformarse en un campo de adiestramiento para contestar las pruebas estandarizadas, homogenizando y con ello empobreciendo las experiencias de aprendizajes.

Para algunos, por lo general los críticos más convencidos, lo anteriormente expuesto no tendría mucha novedad, por ejemplo nada que el movimiento Alto al SIMCE no haya hecho presente y que al parecer en algunos liceos movilizados caló profundamente. Sin embargo, la novedad en esta  ocasión es que el disciplinamiento del accionar de las escuelas ha estado acompañada de una arremetida comunicacional, tanto de los medios periodísticos impresos como de los noticieros centrales de propiedad de los grandes grupos económicos (especialmente Canal 13) quienes no dudaron en salir a destacar que la pérdida del SNED venía a corroborar la baja de la calidad educativa de los establecimientos públicos emblemáticos. Agravando está falacia argumentativa, al asociar las movilizaciones de estudiantes y de docentes con un inevitable impacto negativo en la “calidad” de las escuelas/liceos, cuestión que, como mínimo debe debatirse, pues al menos los/as estudiantes de los establecimientos más politizados hace años actúan con absoluto desprecio e incluso boicotean cualquier mecanismo de evaluación estandarizada. Cuestión aparte, y como una discusión de largo plazo, sería poner sobre la mesa del debate educativo la concepción de calidad en que está sustentada la educación de mercado que hoy defienden, no solo la clase económica, sino también la clase política duopólica que administra, y se ha alternado, el control del Estado en las últimas décadas.

No tenemos que ser expertos en análisis sociales o de discurso para darnos cuenta de las asociaciones punitivas que se están realizando, las cuales se desprenden de las palabras de la propia ministra, en que se concluye que la movilización, politización y resistencia crítica en las escuelas tiene su costo monetario.  Premios y castigos que es muy fiel al paradigma sociopolítico que sustentan y que se traduce en pesos más, pesos menos, y que para los/as trabajadores/as precarizados/as que se desempeñan en las escuelas y liceos adquieren un sentido y consecuencias muy concretas. Así, lo que espera el MINEDUC (correa de transmisión de la clase política y empresarial neoliberal) es que las comunidades educativas se arrepientan de sus luchas, pidan la  revisión de sus casos y besen sumisamente el anillo del sumo pontífice/pagador para acceder a los beneficios/bonos. Con lo cual no solo venderíamos nuestras convicciones como educadores, sino que también, asumiríamos nuestra derrota y un disciplinamiento profesional en base a premiar los comportamientos sistémicos, bajo criterios supuestamente técnicos y objetivos, y de castigos a quienes pretendan cuestionar los poderes establecidos.  Los bonos han sido y son,  solo que ahora lo explicitan, formas de disciplinamiento social y laboral  que nos intentan moldear para los nuevos ajustes del modelo de mercado educacional neoliberal y por ello debemos evidenciarlos y cuestionarlos.

Centro de Estudios Eduardo de la Barra

Consejo Gremial Liceo Eduardo de la Barra.

Agosto, 2016. Valparaíso.