UNIVERSIDADES COTA MIL, PARTE 2: LA ELITE DEL (SUB)DESARROLLO

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04_FotoGrupalEn el 2009, Bello Público realizó una expedición a la cota mil. El resultado fueron tres crónicas sobre la vida universitaria de quienes tienen de patio la cordillera. Hoy rescatamos nuestro archivo y las publicamos para ti.

En el capítulo anterior visitamos las inmediaciones de la Adolfo Ibáñez, a 900 metros sobre el nivel del mar. Esta vez quisimos escalar un poco más alto y nos internamos en el corazón mismo de las elites del país. La Universidad del Desarrollo fue el destino escogido para la segunda parte de la crónica sobre las universidades cota mil, absolutamente en vivo desde el exclusivo barrio de San Carlos de Apoquindo.

Por Sebastián Flores, Catalina Araya y Daniela Escárate

En algún momento del viaje el paisaje comenzó a cambiar. Quizás fue al momento de enrolar por la bifurcación que desde Apoquindo da vida a Avenida Las Condes. O quizás fue incluso antes, cuando el barrio El Golf aparece en el horizonte y la limítrofe Providencia -esa que, tácitamente, es la última frontera entre los de arriba y los de abajo- comienza a quedar atrás. De un momento a otro todo se vuelve limpio, eficiente, competitivo y elegante. Los rasgos mestizos en los rostros desaparecen de a poco, así como la basura en las calles, las fachadas sucias y todo lo que dé la idea de un paisaje urbano del tercer mundo. Ahí es cuando lo que relataba el padre Felipe Berríos cobraba total sentido: éramos unos extranjeros en nuestro propio país.

El destino de la furgoneta de Bello Público era claro: Av. Las Condes N° 12.438, la antigua sede de la desparecida Universidad de Las Condes, que hoy alberga las carreras de Medicina y Teatro de la Universidad del Desarrollo. A medida que el vehículo subía hasta donde casi se acaba Santiago, daba la impresión de estar en un país que ya superó el sub-desarrollo. De pronto, sin darnos cuenta, estábamos llegando a la casona de la UDD. Sin embargo, al bajarnos, nos percatamos que la verdadera esencia de esta universidad no estaba ahí, sino en la sede de San Carlos de Apoquindo. Así que naufragamos por Francisco de Asís y nos perdimos, le preguntamos a la poca gente que había en las veredas y aparecimos en Camino Las Flores. Finalmente, llegamos a la dirección donde se encontraba nuestro objetivo: Avenida Lo Plaza N° 700.

DEL SUB-DESARROLLO A LA DEL DESARROLLO

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Al mismo tiempo que la recién recuperada democracia, la Universidad del Desarrollo remonta sus orígenes a 1990, en la ciudad de Concepción. Fundada por Joaquín Lavín, Hernán Büchi y otros insignes nombres de la derecha, la UDD abriría sedes en el barrio alto de Santiago en 1999 y en el 2001. Hoy el rector es Ernesto Silva Baffulay, militante UDI, amigo de Piñera y padrino de la hija menor de Lavín. Éste último además es el vicepresidente del consejo directivo, el cual es presidido por Büchi. El pro rector es Federico Valdés Lafontaine, también presidente de Azul Azul S.A., la empresa que administra al equipo de fútbol de la Universidad de Chile.

A tan sólo una cuadra del estadio de la Católica, se encuentran las imponentes instalaciones de más de 15.000 metros cuadrados. Filas y filas de autos estacionados pertenecientes a los alumnos repletan las calles de los alrededores (los estacionamientos de la universidad están copados). Es la hora de almuerzo y la fauna estudiantil sale y entra por el acceso principal. Tras cruzar la imponente recepción aparece el café “Al Toque” -donde los alumnos pueden tomar un capucccino en un local que no tiene nada que envidiarle a un Starbucks- y luego un vasto y verde patio interior en medio de las edificaciones.

De la imponente infraestructura destaca, además, una bonita capilla. Allí las misas están a cargo del padre Luis Miguel Herrera, asesor espiritual del Colegio Cumbres, panelista de “Pan en tu camino”, y miembro de los Legionarios de Cristo. En nuestro periplo, subimos hasta el último piso, a las fotocopias, y lo que vimos era algo nuevo para nosotros: un ordenado Centro de Fotocopiado que cuenta con pantallas plasmas en las que se despliega la información de los ramos y todos los textos que se han subido. Desde allí se hace un click con el mouse al pedido, que será recibido por alguno de los funcionarios que manejan las fotocopiadoras. Para pagar, no te debes olvidar de tu tarjeta de prepago UDD.

Al lado del Centro de Fotocopiado, nos encontramos con la “UDD Book Store” y una sala con varios sillones, un par de mesas y un gran televisor. Adentro, los amplios ventanales amparan a estudiantes adormecidos que ven TV cable. Mientras, unos duermen en sillones de cuero, otros ponen atención al programa de turno. El silencio reina aquí donde se viene a descansar. Si esto no es desarrollo y lujos del primer mundo, ¿qué es entonces?

OTROS COLORES / FALTAN ESTACIONAMIENTOSFoto-Universidad-del-Desarrollo-3

Desde el piso de más arriba la vista es increíble. La pre-cordillera se ve radiante: las casitas del barrio alto con techos y antejardín, los cerros que rodean el sector y el Estadio San Carlos de Apoquindo colindando el lugar crean una postal bellísima. A lo lejos, muy a lo lejos, una nube de humo y algunos edificios: es el valle de Santiago. Aprovechando que aún faltaban para las clases de la tarde, quisimos conocer algo más de sus alumnos. Así nos encontramos con Eduardo e Ismael, estudiantes de Ingeniería Civil Industrial.

“¿Y por qué no impartir esta realidad para otros lados?”, se pregunta Eduardo. Sabe que acá los estudiantes poseen una posición privilegiada y por ello, más que empaparse de la realidad del resto del país, apuesta por exportarla hacia aquel otro Chile que desde allí se divisa como un conjunto de edificios sucios, opacados por la contaminación. Y no por ser de la UDD, van a carecer de conciencia social, aclaran. La Dirección de Asuntos Estudiantiles se encarga continuamente de realizar actividades sociales, repiten todos los entrevistados como si se supieran el discurso de memoria. Así, de vez en cuando, los estudiantes descienden hasta los suburbios y ayudan al más necesitado: asistencialismo desde arriba hacia abajo.

A pesar de que hoy este par de amigos se deleitan con la esplendorosa vista de la cota mil, conocen lo que es desplazarse por calles que no parezcan sacadas de una película gringa. Ismael vive en Peñalolén y a veces se demora entre una y dos horas en llegar hasta la universidad. Por su lado, Eduardo alcanzó a estudiar un año en la Universidad Diego Portales y es tajante en señalar las grandes diferencias que el entorno de la UDD tiene con su anterior casa de estudios. “Son otros colores”, reflexiona.

Colegios-de-Santiago-en-la-UDDPero en la del Desarrollo dicen que no son tan excluyentes e incluso tienen un programa de becas para los que no pueden pagar los millones y millones que cuesta el arancel. Dentro de ese grupo está María José, que vive en Providencia, estudia Derecho y reclama que la falta de estacionamientos sea una de las principales demandas del estudiantado. “Alegaban que habían muy pocos estacionamientos y después, cuando construyeron nuevos, alegaron porque estaban muy lejos”. Lo que la motivó a estudiar en la UDD fueron los profesores, ya que varios de éstos hacen clases también en la Chile y en la PUC. A pesar de que en ese sentido le gusta su universidad, no teme decir que “lo social” no es tema y que la mayoría de sus compañeros son “hijitos de papá”.

Pablo, compañero de María José no está del todo de acuerdo con la falta de interés por el área social. Además, le parecieron inconsecuentes las palabras del padre Berríos en El Mercurio con respecto a las burbujas de la universidades cota mil. “Su familia vive por este sector y los matrimonios que realiza, también se sitúan por estos lugares”, afirma indignado. Para él, la UDD no es menos diversa y en contacto con la realidad que otras universidades. “Si hasta viene gente de Providencia y de más abajo”, aclara.

Precisamente hacia ese “más abajo” debemos volver. Entonces nos retiramos en el móvil de Bello Público y nos disponemos a retornar a esa ciudad de otros colores. El camino de regreso es más fácil, bajo la premisa de seguir siempre cualquier camino descendente. De a poco, las calles se vuelven más desordenadas, el pasto más escaso y los peatones se multiplican. Ya nos encontramos a 500 metros sobre el nivel del mar. La misma altura que separa al verde pre-cordillerano del verde Transantiago. Acá abajo, en la cota quinientos.