Universo 25: cómo el paraíso se convierte en un infierno

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En los años 1960, el etólogo estadounidense John Calhoun realizó un experimento social que demostró la conducta de los ratones en condiciones ideales para la vida. Los resultados han sido inesperados y escalofriantes.

Universo 25, así se llama el experimento que tenía como objetivo analizar cómo la alta densidad de población afecta al comportamiento de los ratones.

Se creó un ambiente verdaderamente paradisíaco para los roedores. En un cubo de unos metros cuadrados se mantuvo una temperatura ideal, había un acceso ilimitado a la comida y agua, así como al material para la construcción de nidos. Cada semana se limpiaba el lugar y se tomaban todas las medidas de seguridad necesarias para que los roedores se sientan bien. Según las estimaciones, 9.500 ratones podrían comer al mismo tiempo sin ninguna molestia, y 6.144 ratones podrían consumir agua sin ningún problema.

En este paraíso se colocaron cuatro pares de ratones que tardaron muy poco tiempo en entender las condiciones en las que se habían metido y comenzaron a reproducirse. A este período de desarrollo, Calhoun lo llamó la fase A.

Al nacer las primeros crías, comenzó la segunda fase B. Esta era una etapa de crecimiento exponencial de la población en un cubo en condiciones ideales. El número de ratones se duplicó cada 55 días.

A partir de los 315 días del experimento, la tasa de crecimiento de la población se redujo significativamente, ahora el número se duplicaba cada 145 días, lo que marcó la entrada en la tercera fase C. En ese momento vivían unos 600 ratones en el tanque, se formaba una jerarquía y cierta vida social. El crecimiento empezó a ralentizarse y no por la falta de recursos. Lo que empezaba a faltar era el espacio: más de 300 machos competían ahora por conquistar y mantener territorios, sin los cuales no podían reproducirse.

Apareció la categoría de parias, que fueron expulsados al centro del cubo. A menudo, se convertían en víctimas de agresiones. En primer lugar, estos marginados eran los jóvenes que no habían encontrado un papel social en la jerarquía de la sociedad ratonil. En las condiciones ideales, los ratones vivían demasiado tiempo y los viejos no cedieron el paso a los jóvenes.

Por lo tanto, la agresión se dirigía a menudo a las nuevas generaciones nacidas en el cubo. Después de la expulsión, los hombres se quebraron psicológicamente, mostraron menos agresión, no estaban dispuestos a proteger a sus hembras embarazadas ni a desempeñar ningún papel social.

Las hembras se ponían cada vez más nerviosas, ya que el aumento de la pasividad de los hombres las hacía más vulnerables a los ataques. Como resultado, las hembras se volvieron agresivas para proteger a su descendencia. Sin embargo, la agresión paradójicamente se dirigió no solo hacia los demás, sino hacia sus crías. La tasa de natalidad disminuyó considerablemente y la tasa de mortalidad de los animales jóvenes alcanzó niveles importantes.

Pronto comenzó la etapa final del paraíso de los ratones, la fase D o fase de la muerte, como la llamó John Calhoun. El símbolo de esta etapa fue el surgimiento de una nueva categoría de ratones llamados los guapos. A diferencia de la mayoría de los demás habitantes, no había rastros de batallas brutales, cicatrices ni lana arrancada en sus cuerpos. Fueron los machos quienes demostraron un comportamiento inusual para la especie. Se negaron a pelear y a luchar por las hembras y el territorio, no mostraron deseo de aparearse, llevaron una vida pasiva.

Los guapos solo comían, bebían, dormían y limpiaban su piel, evitando conflictos y cualquier función social.

El científico llevó a cabo otro experimento colateral. Colocó varias hembras y estos machos guapos en otro cubo con las condiciones ideales en las que las cuatro primeras parejas de ratones del cubo se multiplicaron exponencialmente. Sin embargo, los roedores no cambiaron su comportamiento, se negaron a aparearse, a reproducirse y a realizar funciones sociales relacionadas con la reproducción. Como resultado, no hubo nuevos embarazos y los ratones murieron de viejos en condiciones ideales.

Mientras tanto en la colonia original, la tasa de mortalidad de los ratones jóvenes era del 100%, el número de embarazos era insignificante y pronto llegó a 0. Los ratones moribundos practicaban la homosexualidad, un comportamiento desviado e inexplicablemente agresivo en condiciones de exceso de recursos vitales.

El canibalismo floreció con una simultánea abundancia de comida, mientras que las hembras se negaron a criar a los cachorros y los mataron. Los ratones murieron rápidamente, en el día 1.780 después del comienzo del experimento murió el último habitante del ‘paraíso de los ratones’.

Calhoun llevó a cabo 25 experimentos y todos tuvieron el mismo resultado.

A base de este experimento, Calhoun desarrolló una teoría de dos muertes.

La primera muerte es la muerte del espíritu. Según el científico, se trata de abandono de patrones complejos de comportamiento, tales como el proceso de cuidado de la hembra, la reproducción y el cuidado de la descendencia, la protección del territorio y los cachorros. En un mundo perfecto, seguro, con mucha comida y agua, sin depredadores, la mayoría de los individuos solo comían, bebían, dormían, se cuidaban a sí mismos. Por otro lado, la falta de los roles sociales y el lugar en la jerarquía social del paraíso ratonil, llevó a un enfrentamiento abierto entre los roedores adultos y los jóvenes, aumentó el nivel de agresión desmotivada. Según Calhoun, el crecimiento de la población y el aumento del contacto físico, llevaron a la aparición de individuos capaces solo de un simple comportamiento.

Después de la primera muerte, la muerte física o la segunda muerte es inevitable y es cuestión de poco tiempo.