Violenta oposición derechista al debate ciudadano y a las Reformas

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Por Mario López M.

foto_pinera-2016——-Frente a cada una de las reformas que el país demandó y el gobierno intentó aplicar –con mayor o menor pulcritud-, se utilizó el miedo como respuesta: si reformaban los tributos, la inversión cesaría; si se ponía fin al lucro, los colegios cerrarían, todas consignas sin ideas.

“La derecha carece de relato” reclaman desde la intelectualidad de ese sector. Pero es claro que no carece de discurso, sobre todo cuando está dirigido a inquietar a la gente como una respuesta a los cambios que no puede enfrentar con argumentos sólidos.

Ante la Constitución ocurre algo similar. Hablar de cambios, de debates lo más amplios posible, de participación ciudadana con aporte de iniciativas innovadoras, representa la sospecha de revolución, caos, desorden y “bolivarización” del proceso y del país.

El abogado y Premio Nacional de Humanidades Agustín Squella señala que la derecha está fingiendo un temor que no siente con tal de bloquear los cambios a como dé lugar. Expresiones como “(…) la gente sencilla del país está con miedo (…) esas mayorías silenciosas (…) están cansadas de escuchar lo negativo (…) hay mucha gente que está con susto, están temerosos(…)”, y que pertenecen al ex ministro Pablo Longueira, o cualquier otra que anuncie el cataclismo frente a cualquier reforma son pruebas palmarias del miedo al debate y la ausencia de argumentos.

 Se acaba el mundo

Es “una derecha económica que, actuando no siempre a plena luz sino muchas veces en la oscuridad y de manera salvaje, no quiere absolutamente ningún cambio”, señala Squella. Pero no solo las voces apocalípticas provienen de la derecha económica, también desde la vertiente política del sector. Baste recordar las recientes palabras del presidenciable Sebastián Piñera, quien afirmó que “desde alguna trinchera voy a estar siempre comprometido con que Chile salga de este pantano en que estamos hoy día de estancamiento económico, de pérdida de capacidad de crear empleos, de falta de seguridad ciudadana, falta de optimismo y fe en el futuro”.

El discurso es simple: desde lo político se intenta crear temor a los cambios en la gente, a la “pérdida de lo avanzado”,  a la contaminación con el “barrio” latinoamericano, todos estados de miedo que apuntan a mantener las cosas tal cual están, pues cualquier cambio “podría ser peor aún que el estado de desigualdad” actual. Como señala el alcalde de Recoleta Daniel Jadue (PC), la derecha también busca “el rediseño constante de un enemigo interno, este último aparentemente encarnado por delincuentes, mapuches y encapuchados en protestas sociales”.

Son los “blancos y negros”, los polos de buenos y malos que en su etapa más brutal la derecha lo usó en la dictadura para exterminar a un sector de la sociedad, como lo señalara a Cambio21 la abogada Carmen Hertz.

 Se quedó en el pasado

El exdiputado Gonzalo Arenas (UDI) en su libro “Virar derecha: historia y desafíos de la centroderecha en Chile”, analiza las distintas almas de su sector desde la “fronda aristocrática y conservadora”, pasando por la derecha “nacionalista” hasta la autodenominada “centroderecha” acuñada en tiempos de dictadura y creada al amparo de Jaime Guzmán, a quien llama “el padre de la derecha liberal” (sic).

Aquella y esta derecha -concluye el autor-, “carece de política y de relato (…) no hace un adecuado uso de los conceptos, no ha leído adecuadamente la interpretación de la historia y se encuentra falta de imaginación de futuro”.

Es más, critica al gobierno de Piñera justamente por haber caído en una falta de relato y proyección, “siendo incapaz de generar emociones o de motivar a un electorado que es sensible y busca identificarse con algo más que números (…) con carencia de política y de relato, con un gobierno ‘de gerentes’, pero sin capacidad de empatizar con la población, de entender el momento histórico que se vivía y de enfrentar las crisis”, asegura el texto.

Por ello la crítica autoflagelante de Arenas apunta a la incapacidad de debate incluso dentro del mismo sector. Según el autor, “parece bastante difícil lograr ese objetivo: ni el análisis histórico ni la actualidad política son parte de los intereses mayoritarios entre gente definida como ‘de derecha’”, asegura. ¿Entonces qué se le puede pedir respecto del debate país, hoy simbolizado por las reformas y en particular la constitucional? No mucho, en realidad, de acuerdo con los análisis de los intelectuales del mismo sector.

La ausencia de ideas y la correspondiente contrapartida de eslogans carentes de contenido y coherencia han sido la tónica en las reformas. Frente al término del binominal se opuso el caos con la proliferación de partidos que atentaría en contra de la estabilidad del sistema amparado por el duopolio impuesto por la dictadura. Desgraciadamente la realidad (sin mediar aún elecciones que indiquen un índice de cómo se comportará el electorado), ha demostrado que la renovación no se ha dado, al menos de manera suficiente, en el espectro político nacional.

Sin argumentos, solo consignas

Idéntica agorera advertencia sucedió con el aborto en sus tres causales (riesgo de la vida de la madre, violación e inviolabilidad del feto). De manera paradojal la derecha se apropió de un discurso de “defensa de la vida”, la misma que no defendió durante el gobierno cívico-militar. Tal incoherencia en realidad esconde un profundo miedo a la libertad de elegir, que terminó imponiéndose de manera mayoritaria en la sociedad, que reconoció ese derecho a la mujer, que no solo “presta el cuerpo” para tal efecto, como asegurara la senadora UDI Ena von Baer.

El mismo expresidente Sebastián Piñera en su twitter señaló, apenas anunciado el proyecto que terminaría en el Congreso, que “parece que hay más cuidado y preocupación por el bienestar de las mascotas que por la vida y dignidad de los niños que están por nacer”, dejando en evidencia que la derecha teme a debatir por la falta de argumentos para seguir privando a las mujeres del derecho de decidir por lo que sucede en sus cuerpos y sobre todo en las tres causales.

Qué decir de la propuesta de reformar la educación, terminar con el lucro, copago y selección que desató pasionales declaraciones que anunciaban el fin de los colegios privados, la pérdida de la calidad en la formación de los educandos y el cierre masivo de establecimientos. Nada de ello ocurrió, pero en su momento muchos padres creyeron ver el fantasma de la inseguridad reflejado en la iniciativa gubernamental.

 Histeria máxima

Tampoco escapó a ello la reforma tributaria, que hizo afirmar a empresarios representantes de los grupos económicos que terminarían la inversión extranjera y la privada y que Chile entraría en un claro oscurantismo económico que repercutiría en los trabajadores y las familias chilenas. Incluso se ampararon para ello en cifras comparativamente menores que gobiernos anteriores.

Lo que no decían es que el precio del cobre cayó un tercio en relación con el gobierno anterior y que como consecuencia de alcanzar el más bajo punto de equilibrio, ello redunda en que se afectan las sumas que van al Estado para obras sociales y el gasto público.

La guinda de la torta se ha puesto en el “debate”  sobre el cambio de la ley de todas las leyes, la Constitución Política de la República, heredada durante el régimen de facto de Pinochet y remendada cosméticamente en democracia. Los ataques han provenido desde los empresarios, la UDI e incluso de pequeños grupos al interior de RN. El discurso es el mismo: los debates ciudadanos nada aportarán, aseguran, haciendo la derecha dura ingentes llamados a no asistir a ellos.

Claro que en este tema sí han debido pagar un “costo”, pues se les ha “desgranado el choclo” e importantes sectores de RN, Amplitud y otras fuerzas menores del sector han desoído el llamado del propio Sebastián Piñera dirigido a deslegitimar el proceso y se han integrado a él, con más o menos ganas. Incluso los “iluminados” de la UDI, encabezados por el diputado Jaime Bellolio (defenestrado elegantemente por “chascón” de la presidencia del partido), han señalado que -por más diferencias de  fondo que existan sobre el tema-, su partido no debiera restarse de antemano de la discusión.

 “Entrenados para defender”

Para el diputado Jaime Bellolio (UDI), la derecha se ha dedicado más a “defender que a proponer” y asegura que es necesario abrirse a algunos cambios constitucionales, lanzando una peculiar advertencia: “Pareciera que hay algunos que se sienten incómodos con el Chile de hoy, y ese no es mi caso. Como centroderecha, nosotros hemos estado demasiado entrenados para defender lo que fue y muy poco preocupados de ofrecer al país lo que queremos que sea, y una parte de eso, obviamente, tiene que ver con la Constitución”, reconoce.

Palabras que, sin pretenderlo, caen de cajón a Hernán Büchi, quien en un mediático acto reclamó que la “incertidumbre jurídica” lo llevará a dejar el país. “Hay un grupo de personas, entre ellas la Presidenta de la República, que creen que esta sociedad necesita un cambio radical y no les importa que eso tenga el costo de perder la oportunidad de seguir desarrollándonos como país. Se han usado frases como la retroexcavadora, y ese intento de reinvención genera una incertidumbre gigante”, aseguró. Extraño, por decir lo menos, que no haya experimentado dicha incertidumbre como ministro de la dictadura de Pinochet.

“Creo que la derecha no está asustada. Ni la derecha política ni la económica. Finge estar asustada para asustar a la mayoría del país, y ha tenido éxito en eso. ¿Quién del gobierno ha hablado de refundar la República? Yo se lo escucho sólo a la oposición. ¿Quién ha hablado de revolución? Lo que más se ha dicho es ‘retroexcavadora’, una imagen muy poco feliz, pero ¿quiénes la repiten incansablemente? ¿El senador Quintana? No: la derecha y los sectores conservadores de la Nueva Mayoría (NM). No porque crean en ella, ¡qué retroexcavadora, si ya no vino ni va a venir! La siguen usando para asustar, para minimizar los cambios o demorarlos lo más posible”, afirma el galardonado Squella.

“Temor más fingido que real, y eficientemente transmitido a través del discurso público de sus líderes políticos y de los medios de comunicación, que en una alta proporción tienen un pensamiento de derecha muy sensible a darle eco a esas ideas”, dice categórico el premio nacional.

 “Defendiendo la esclavitud”

“La derecha está atrapada en una suerte de histerismo porque la palabra de la Presidenta Bachelet se está cumpliendo y el proceso constituyente ya empezó. Si queremos contar con una buena reforma constitucional son necesarios todos los pasos que estamos dando, como la creación de un Consejo de Observadores, capacitar a los facilitadores del proceso e implementar una campaña comunicacional que permita informar a los ciudadanos, para que no sean presa fácil de las falacias de la derecha que les dice que una nueva Constitución no afecta sus vidas cotidianas”, afirmó el diputado PPD Ramón Farías.

Para el columnista de La Segunda Sergio Melnick, el bienestar social mediante la recaudación de impuestos, es expropiatorio, pues “expropian a las personas que tienen que pagar impuestos para que otros puedan acceder a la educación, a la salud, a la previsión”. La respuesta de Agustín Squella es categórica: “Bueno, me imagino que las personas que hoy piensan eso lo mismo habrían pensado cuando se suprimió la esclavitud: que aquello era expropiar a los que poseían esclavos. O que eso iba a ser fatal para la economía, ¡cómo iba a funcionar la economía sin esclavos! Es la misma mentalidad conservadora que no aprende de sus propios errores”.

El exministro de Piñera Luciano Cruz-Coke grafica el problema de la derecha: “Llegamos tarde a casi todos los debates que se instalan en la opinión pública, (hay que) perder el miedo a participar en las instancias públicas y a salir a la calle”, dice, mientras se declara partidario de participar del proceso constituyente: “Tenemos que aprender en una nueva coalición a vivir con la tolerancia, con la diversidad de opiniones. En la derecha no siempre tenemos que tener posiciones únicas, taxativas, acerca de los temas. Hay distintas opiniones, reconocemos que las hay y estamos todos a favor de que exista una gran fiscalización del proceso. Restarnos de las instancias de participación es tremendamente nocivo”.

Lo que no ha dejado de llamar la atención es la férrea (y frustrada) negativa de Piñera a que su sector participe del proceso constitucional. Según muchos, no es sino el temor del ex mandatario de que en el supuesto de que él gane la próxima elección presidencial tenga que lidiar con él y la fuerte presión social por los cambios. “No me atrevo a tirar los balazos tan lejos. Este proceso está partiendo y evidentemente no lo va a terminar este gobierno. Y por eso no se puede ser mezquino y no se puede decir que el texto responde a una u otra administración”, concluye el exministro de Cultura./cambio21